Institucionalidad y golpes de Estado
El tema del momento no debiera ser si con seguridad los comisionados olímpicos panameños tienen la cara más dura del Mundo, sino si las nuevas normas de seguridad nos llevarán a otra dictadura que desprecie olímpicamente la tendencia del Mundo. Pero la preocupación por una hipotética dictadura no debe quedarse en el cómo será estructurado el aparato de seguridad del Estado, sino en cómo evitar que se produzcan las condiciones objetivas y subjetivas que le dieron pie. Entre el final de la década del 60 y mediados de la década del 80, casi todos los países latinoamericanos cayeron bajo la égida dictatorial, con el beneplácito de los Estados Unidos. Hubo algunas excepciones notables como Costa Rica y Colombia -nuestros dos vecinos- y no mencionamos a México, porque si bien no tenía una dictadura militar, el régimen priísta no era un sistema democrático. Señalamos esto ya que, dadas las condiciones objetivas internacionales como era la Guerra Fría y la exportación de la Revolución Cubana, en Costa Rica y Colombia no hubo golpe de Estado Militar ni sus gobiernos cayeron en manos de dictaduras comunistas. La diferencia la podemos atribuir para Costa Rica en que no tenía ejército, y para Colombia en que acababa de salir de la dictadura de Rojas Pinilla y había logrado un acuerdo nacional entre los partidos Liberal y Conservador. Las dos excepciones además obedecieron a la institucionalidad de esos países, incluyendo la fortaleza de su sistema de administración de justicia y la organización de sus partidos políticos. Sólo con una justicia independiente, profesional y eficiente, que cristalice aquello de “dar a cada cual lo que se merece” y con partidos políticos organizados, se puede espantar el fantasma de un nuevo golpe militar.