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¿Insulto o polémica?


Hace poco le comentaba a mi buen amigo Jaime Quintero, mi deseo de zambullirme, si tuviera tiempo, en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional. El propósito, rescatar y dar a conocer a los panameños de ahora las polémicas más interesantes de nuestra historia republicana. El arte de polemizar; porque disentir, diferir de otro conlleva estilo, firmeza y elegancia, por lo que es un arte, ejercido en diversas ocasiones en Panamá. Recuerdo que entre las cualidades que se atribuían a un escritor, figuraba la buena polemista.
Hace muchos años se suscitó por vía de la prensa, un interesante debate en torno a Victoriano Lorenzo, cuyos protagonistas fueron Ernesto J. Castillero y Diógenes de la Rosa. Los conceptos, las citas históricas, los autores citados por ambos, hacían que el público lector esperase con ansiedad los escritos de cada una de los espadas de este duelo dialéctico. Otros grandes polemistas fueron Nicolás Victoria Jaén, Jeptha B. Duncan, Guillermo Andreve, Octavio Méndez Pereira y Roque Javier Laurenza. No eran precisamente rosas lo que se lanzaban entre sí, sino dardos las más de las veces, pero nunca lodo.
El 16 de marzo leí con interés el interesante artículo titulado "¿Una sociedad en decadencia?" del empresario Samuel Lewis Galindo. En el mismo, el autor cuestiona algunas tendencias en la conducta de los jóvenes panameños que están reñidas, a su juicio, con la ética, la educación cívica, la moral y las buenas costumbres. Lewis se refiere, entre otras cosas, al irrespeto, al caos del tránsito, al cierre de calles y avenidas que impiden el ejercicio de esa garantía constitucional que es la libertad de deambulación (esta vez vehicular) Critica Samuel Lewis la introducción del reggae y el rock en sustitución de nuestra música y el hecho de que los gays hagan alarde de su condición.
Señala que son el hogar y la escuela los forjadores eminentes de la personalidad de los niños y los jóvenes y formula algunas observaciones y sugerencias.
Tres días más tarde, en el diario La Prensa del domingo 19 de marzo, Ricardo López Arias, a quien traté como alumno en la Facultad de Derecho, así como en nuestra firma forense en la que su abuelo, Don Germán López, fue maestro y amigo, escribe un artículo con igual título al de Samuel Lewis Galindo. Pensé que este podría ser el inicio de una polémica enriquecedora para los lectores.
Mi decepción fue enorme. López Arias es inteligente y evidencia su cultura y capacidad intelectual. Pudo haber aprovechado su condición de hombre aún joven, sobre todo respecto a Samuel Lewis, para exponer las diferencias de pensamiento y de concepción del mundo que, lógicamente, existen entre personas maduras y la juventud. Los años, de 24 a 32 que yo les llevo a mis tres hijos, me han permitido apreciar la velocidad con que cambian las costumbres y los tiempos. Cuando estoy por acostarme ellos salen a divertirse y cuando estoy por levantarme, ellos llegan a la casa. Es probable que alguna vez Sammy Lewis llegase a considerar que su padre Don Samuel Lewis Arango era un poco retrógrado porque maldecía del charleston y de las mujeres que en ese entonces comenzaban a fumar. Entre una generación y otra siempre hubo y habrá modos de entender y ponderar distintos.
Lo malo de la réplica de López Arias fue que el desaprovechar una hermosa oportunidad de plantear similitudes y diferencias por otra parte naturales y en su lugar sacar de su carcaj una buena cantidad de flechas envenenadas con insultos y adjetivos calificativos injustos e indignos, sin darse cuenta de que el que obra así es como quien grita, porque carece de razón.
Es una lástima que esto haya ocurrido. Sin ánimo de iniciar a mi vez una polémica con López Arias - porque pocas ganas tengo de que me insulten -, deseo sólo indicarle, que si Monseñor José Dimas Cedeño es provinciano, muchos Papas de nuestras Iglesia también lo fueron, ya que para ser Papa no es necesario proceder de una familia aristocrática de Roma. Juan Pablo II es provinciano y de humilde origen, como lo fue Roncalli, luego Papa con el nombre de Juan XXIII. Casualidad o no, un Papa que provenía de una familia de abogados de la iglesia y que nació en Roma y fue Nuncio en Alemania y Secretario de Estado, Pío XII, ha sido uno de los más controvertidos durante el pasado siglo, aunque la historia se ha encargado de limpiar su nombre. Me alegro de que Monseñor Cedeño sea provinciano, porque en la historia de la humanidad han sido de las provincias de donde han surgido los grandes dirigentes.
Concuerdo con López Arias en que a la juventud le gusta el rock y el reggae, aunque también la cumbia - y si no que lo digan los que durante horas bailan con Sammy y Sandra Sandoval. Afirmar que Lewis Galindo es errático, porque dijo que la Iglesia Católica es la rectora espiritual de la mayoría de los panameños, constituye una falta impactante de veracidad. En Panamá, la mayoría del pueblo es católico y así lo reconoce la propia Constitución Política. Al referirse Sammy a la veneración que debe tenerse a los forjadores de la nacionalidad, no está pensando, indudablemente, en aquellos políticos que actuaron incorrectamente, sino en los que nos dieron una Patria y nos legaron como modelo de conducta cívica, sus limpias ejecutorias. Incluso respecto a éstos, los errores que hubieran podido cometer no borran la ejemplaridad de sus conductas.
Qué para que lo que hubiese podido ser una interesante polémica, López Arias la frustrara con acusaciones indirectas de machismo, con apelativos tales como: mediocre, profano, amorfo, capaz de sentir, pero no de pensar. Lo que no pensó López Arias fue que el irrespeto, el insulto, la falta de caballerosidad y la ausencia de espíritu dialogante son, precisamente, parte de los males que suscitaron la interrogante de Samuel Lewis Galindo acerca de la decadencia de la sociedad. En verdad, hay personas que en su madurez son progresistas y los hay que en plena juventud son decadentes.

101 años de Panamá América

 
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