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Insulza, una reelección merecida


No se puede decir que ha vivido en un mar de leche, de quien pasó casi veinte años en el exilio y a diferencia del tango, que dice que no son nada, vaya si son muchos y a Insulza se le notan en sus anchas espaldas. A pesar de la forzosa ausencia del lar patrio, carece de la más mínima capacidad para el rencor. Con la vuelta a la democracia en Chile, ocupó exitosamente durante algo más de un decenio, las importantes carteras de Interior y Relaciones Exteriores.

Su elección como Secretario General de la OEA en el año 2005, no fue asunto de coser y cantar ya que las votaciones se mantuvieron empatadas 17 a 17 hasta que el canciller mexicano Luis Ernesto Derbez declinó sus aspiraciones.

La reelección, que suele ser rutinaria, usual y sin contratiempos, tampoco se le presenta fácil. Se han formulado críticas en el sentido de que no luchó tesoneramente para restañar las heridas que han producido algunos zarpazos contra las democracias. Insulza sí que ha exteriorizado sus preocupaciones por el respeto a los derechos humanos, por violaciones a la Carta Orgánica de la OEA y por incumplimientos de importantes convenciones interamericanas. En diversas ocasiones, Jefes de Estado han proferido expresiones contra estas manifestaciones del Secretario General. Lo que parecen ignorar algunos medios de comunicación es que el S.G. no es juez que decide ni es enmendador de entuertos. Su función es la de representar al conjunto de los Estados que suelen manifestar sus voluntades en el Consejo Permanente y en la Asamblea General que reúne a los cancilleres. El SG no puede ni debe contrariar las declaraciones o decisiones de los órganos políticos superiores de la entidad a la que sirve.

Se ha señalado también que Insulza fue autor o propulsor de la resolución de junio de 2009 que dejó sin efecto la suspensión de Cuba del sistema interamericano en 1962. Participé en esa Asamblea General de San Pedro Sula como embajador de Panamá ante la OEA. Me consta que la idea de esa resolución surgió de un buen número de países, las discusiones fueron colectivas y presididas por el representante permanente de Canadá como Presidente del Consejo Permanente. Insulza desplegó ingentes esfuerzos, hasta altas horas de la madrugada, para que varios Jefes de Estado aceptasen la inclusión de un párrafo que condicionase un eventual reingreso de Cuba al acatamiento y observancia de los textos fundamentales de la OEA. Al término de la reunión, la decisión se adoptó por consenso, unánimemente, Estados Unidos incluido.

En el caso de la defenestración del Presidente Zelaya, sí es cierto que aparte de la condena del Golpe de Estado, justa, necesaria y obligante, la OEA no dejó ni un resquicio para el diálogo con el gobierno de Micheletti , a pesar de que esta entidad siempre ha estado dispuesta a la amigable composición, a la mediación y a procurar el entendimiento entre partes contrarias mediante la paz y la palabra. Insulza no hizo otra cosa, en su función de SG, que acatar el mandato del Consejo Permanente que además recogía el sentir de los Estados Miembros. El SG no fue a Honduras a dialogar con el Sr. Micheletti sencillamente porque carecía del mandato que lo autorizase.

Mal podemos entonces formularle críticas a un SG que no ha transgredido las decisiones de los Órganos competentes de la OEA, pues Insulza ha sido un fiel representante del contenido de las resoluciones adoptadas en el caso de Honduras.

Por otra parte, creo que José Miguel Insulza reúne todas las condiciones para ser reelegido. En primer lugar, ya cuenta con la experiencia que le han dado sus cinco años como SG. No se cambia de jinete en mitad de una carrera ni de un Panzer en mitad de una batalla. Además, reúne las capacidades requeridas para la administración y el ejercicio de las políticas de la organización. Es chileno, desde luego, pero como SG es americano, es hemisférico. Con excelente talante y bonhomía, ha sabido atender a todos sin diferenciar por el tamaño o la riqueza de los países y sin privilegiar a ninguno. Es un trabajador infatigable que vive con el pie en el estribo de un avión y pocas treguas se ha concedido en su intenso quehacer. Es un “Zoon Politikon”, un gran diplomático y hombre de carácter. Una vez, al querer regalarle un sombrero le pregunté qué número utilizaba. EL más grande, me respondió. En efecto, tiene la cabeza grande con una poderosa inteligencia en su interior, así como grande es su corazón en el que ha dado generosa cabida nada menos que a todas las naciones americanas.

101 años de Panamá América

 
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