Integración, libre mercado y el ALCA (III)
ALCA y tratados de Libre Comercio. Nuevas perspectivas para Centroamérica después del triunfo de Lula da Silva en Brasil. El ALCA es una visión continental de un tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (EU). Centroamérica tiene que tener una visión panamericana sobre este tema, ya que no sólo debe integrarse con un mercado de demanda probada como es el de EU y Canadá, sino que, paralelamente, debe hacerlo con una multiplicidad de países con asimetrías de todo tipo que son difíciles de equilibrar, como lo señaláramos en las dos entregas anteriores.
El ALCA representa un mercado integrado de más de 800 millones de personas, con un producto interno bruto (PIB) que bordea los 12,400 de millones de dólares por año, donde los miembros del NAFTA (EU, Canadá y México) generan el 90% de este PIB y donde las asimetrías en materia de ingresos nos llevan de un ingreso per cápita de 1,500 dólares de la comunidad andina a $28,000 en el NAFTA. Esto hace realidad lo difícil que se percibe integrar estructuras económicas y sociales tan diversas, que crean la sensación de que los que ganan en esta integración son los miembros del NAFTA, en función de su fortaleza en materia de capitales, educación y tecnología, que se proyectan en las posiciones ideológicas y políticas de los que se oponen a este modelo.
Esta percepción no corresponde a una visión de futuro tendiente a sacar del subdesarrollo a Latinoamérica, ya que la condicionante del crecimiento económico en el mundo globalizado está en el concepto de “Economía de escala”, que permita un nivel de productividad que, a su vez, haga competitiva la producción exportable.
Desde comienzos de los ‘90 cuando se planteó “La iniciativa para las Américas” (que ya trataba de un área de libre comercio para toda América), y que se instrumentalizó con el consenso de Washington, uno de los diez puntos que contenía este acuerdo (que incluía las privatizaciones, los presupuestos consolidados, etc.), era el de la apertura de las economías al comercio externo. Desde allí hasta acá, el cronograma de la implementación del ALCA se ha ido cumpliendo, y aunque no todo se ve claro, se pretende que a fines del 2005 entre en vigencia la zona de libre de comercio panamericana, que sólo excluirá a Cuba por razones de índole política. Diferente a otras áreas económicas, los países que integran el ALCA mantienen un intercambio entre ellos de bienes cinco veces inferior a los países de la región asiática. Esto está ligado a la idiosincrasia latinoamericana, agudizada por la desequilibrada relación norte-sur responsable de una falta de fe en los procesos integradores, de la falta de unidad política de Latinoamérica frente a terceros, que promovió como en el caso de Chile, el implementar sus propias políticas de apertura frente a la inercia de la región en acelerar la integración. El resultado es que Chile se anticipó una década, por lo menos, a las políticas de apertura comercial del área, y en la práctica, con el tratado con EU cerró un ciclo mundial de integración bilateral, donde incluso está Centroamérica y donde sólo le queda profundizarlo en su propio patio el MERCOSUR. Chile es un buen ejemplo de la falta de integración política en Latinoamérica para impulsar la integración económica regional que obliga a los países a asumir sus propias iniciativas.
Latinoamérica ha demostrado no tener una política clara como bloque respecto a la integración con real fundamento; hasta la fecha, en mi criterio, ha primado el quehacer político interno de cada país por encima de las soluciones integradas del área, que podría representar el ALCA. El MERCOSUR es un buen ejemplo de lo que señalo y se demostró en la crisis que han vivido sus miembros plenos por la incapacidad de por lo menos coordinar sus políticas macroeconómicas y monetarias. Un ejemplo reciente y vívido de esta realidad se reflejó, cuando Brasil devaluó su moneda, poniéndole con esto fin a la viabilidad en el mediano plazo de la paridad 1 a 1 (seudo-dolarización), que impulsaba Argentina como eje de su política monetaria.
La medida tomada por Brasil, le quitó competitividad a las exportaciones argentinas que sustentaban dicha paridad, que sumada a sus desequilibrios fiscales, (sobre todo en los gobiernos federales), llevó a dicho país al agudo proceso de recesión y desequilibrio que actualmente enfrenta. Lo anterior, hace visible lo importante de que la integración económica tenga un espacio a nivel político que la haga sustentable. Europa demostró que sin integración política, la integración económica no hubiera sido viable y profundizó estos procesos a través del Consejo Económico y Social de consulta obligatoria que le da mayor participación ciudadana a las decisiones políticas, lo que mediatiza las decisiones que violente el sentido de integración que los une.
Los grandes acuerdos sociales se basan en decisiones políticas, la integración económica es un acuerdo social y debe tener sentido en el desarrollo humano sostenible de los países que la acojan, y en esto, las asimetrías entre países son condicionantes del éxito o fracaso de estas iniciativas, por lo tanto, uno de los temas que la integración económica latinoamericana debe enfrentar, para darle sustentación y contenido social a esta iniciativa, es el cómo y el cuándo se inicia la integración política del área, donde la OEA, como organismo, representa el fracaso de la integración política a que hago referencia, y que en el caso Centroamericano se proyecta en el PARLACEM.
Este 2003 es un año en que se comenzará a definir gran parte del liderazgo político del área, y ligado a éste está el destino del ALCA. La primera definición ya vivida es la asunción al poder en Brasil del presidente Lula da Silva, con un apoyo arriba del 60% del electorado, pareciera, por el historial político del líder, que su liderazgo representa un cambio sustancial en la orientación de las políticas de integración de Brasil. Lo anterior es olvidar cómo pensaba el presidente Cardozo y cuál era su discurso político; el gobernar prioriza los intereses reales frente a las posiciones ideológicas. Por lo tanto, estimo que habrá continuidad en las posiciones geopolíticas y de integración de Brasil. Me inclino por pensar que ha avanzado demasiado la globalización para que alguien sensato crea que si se quiere desarrollar económicamente se puede excluir de ella, por lo tanto creo que el liderazgo de Brasil en materia de integración vía ALCA, será pragmático y no dogmático. Puede que se adecue la estrategia de las negociaciones, pero se seguirá caminando hasta hacer realidad el ALCA. Con un México y un Chile ya integrados comercialmente con EU, con Centroamérica lista para iniciar negociaciones, y en condiciones muy favorables con base en la mayoría parlamentaria en ambas Cámaras de EU que tiene el Gobierno de Bush y con el fast-track ya en plena operación y, por otro lado, si tenemos presente la debilidad del MERCOSUR (por la situación de Argentina y Uruguay), y al Mercado Andino, debilitado por conflictos políticos, ejemplarizados en Venezuela y Colombia, la estrategia integradora de EU vía ALCA se fortalece.
La “tenaza” que crea la integración de México y Chile con EU impulsará al resto de los países del área a sacar adelante el ALCA, de lo contrario, el desnivel dentro de Latinoamérica en materia de desarrollo económico se profundizaría.
Ante esta realidad, debemos crear conciencia en cuanto a los problemas sociales que genera una integración entre países asimétricos, y tenemos la obligación de impulsar medidas que eviten en lo posible el costo social de un proceso de este tipo; la base de nuestra integración, aunque suene utópico, debe ser la solidaridad. Por esto y volviendo a la región, se debe profundizar la búsqueda, la conformación o el fortalecimiento de organismos políticos y de gestión en la integración que tengan la representatividad y el nivel para que esta integración política tenga continuidad, enfrente oportunamente los problemas de la integración y le dé soluciones priorizándolas sobre los efectos internos en cada país de esas decisiones. La esencia de lograr esta integración política es con sustancial a una real integración económica, que está ligada al hecho de ceder “autonomía” en función del bien común de los integrados, está en la definición de esta integración, que a no dudarlo debe ser la solidaridad y la equidad entre los países y sobre todo entre los habitantes de los países, que deben entender que las circunstancias históricas de un mundo globalizado e impenitente, que fomenta el lucro y la individualidad, los obliga a unirse en solidaridad frente a esta realidad y a buscar en conjunto el desarrollo humano sostenible para todos.
Sin esta unidad política integradora esencialmente democrática, los hechos económicos que querámoslo o no viviremos en la próxima década, nos avasallarán y no seremos sujeto de ellos sino objeto.
El ALCA representa un mercado integrado de más de 800 millones de personas, con un producto interno bruto (PIB) que bordea los 12,400 de millones de dólares por año, donde los miembros del NAFTA (EU, Canadá y México) generan el 90% de este PIB y donde las asimetrías en materia de ingresos nos llevan de un ingreso per cápita de 1,500 dólares de la comunidad andina a $28,000 en el NAFTA. Esto hace realidad lo difícil que se percibe integrar estructuras económicas y sociales tan diversas, que crean la sensación de que los que ganan en esta integración son los miembros del NAFTA, en función de su fortaleza en materia de capitales, educación y tecnología, que se proyectan en las posiciones ideológicas y políticas de los que se oponen a este modelo.
Esta percepción no corresponde a una visión de futuro tendiente a sacar del subdesarrollo a Latinoamérica, ya que la condicionante del crecimiento económico en el mundo globalizado está en el concepto de “Economía de escala”, que permita un nivel de productividad que, a su vez, haga competitiva la producción exportable.
Desde comienzos de los ‘90 cuando se planteó “La iniciativa para las Américas” (que ya trataba de un área de libre comercio para toda América), y que se instrumentalizó con el consenso de Washington, uno de los diez puntos que contenía este acuerdo (que incluía las privatizaciones, los presupuestos consolidados, etc.), era el de la apertura de las economías al comercio externo. Desde allí hasta acá, el cronograma de la implementación del ALCA se ha ido cumpliendo, y aunque no todo se ve claro, se pretende que a fines del 2005 entre en vigencia la zona de libre de comercio panamericana, que sólo excluirá a Cuba por razones de índole política. Diferente a otras áreas económicas, los países que integran el ALCA mantienen un intercambio entre ellos de bienes cinco veces inferior a los países de la región asiática. Esto está ligado a la idiosincrasia latinoamericana, agudizada por la desequilibrada relación norte-sur responsable de una falta de fe en los procesos integradores, de la falta de unidad política de Latinoamérica frente a terceros, que promovió como en el caso de Chile, el implementar sus propias políticas de apertura frente a la inercia de la región en acelerar la integración. El resultado es que Chile se anticipó una década, por lo menos, a las políticas de apertura comercial del área, y en la práctica, con el tratado con EU cerró un ciclo mundial de integración bilateral, donde incluso está Centroamérica y donde sólo le queda profundizarlo en su propio patio el MERCOSUR. Chile es un buen ejemplo de la falta de integración política en Latinoamérica para impulsar la integración económica regional que obliga a los países a asumir sus propias iniciativas.
Latinoamérica ha demostrado no tener una política clara como bloque respecto a la integración con real fundamento; hasta la fecha, en mi criterio, ha primado el quehacer político interno de cada país por encima de las soluciones integradas del área, que podría representar el ALCA. El MERCOSUR es un buen ejemplo de lo que señalo y se demostró en la crisis que han vivido sus miembros plenos por la incapacidad de por lo menos coordinar sus políticas macroeconómicas y monetarias. Un ejemplo reciente y vívido de esta realidad se reflejó, cuando Brasil devaluó su moneda, poniéndole con esto fin a la viabilidad en el mediano plazo de la paridad 1 a 1 (seudo-dolarización), que impulsaba Argentina como eje de su política monetaria.
La medida tomada por Brasil, le quitó competitividad a las exportaciones argentinas que sustentaban dicha paridad, que sumada a sus desequilibrios fiscales, (sobre todo en los gobiernos federales), llevó a dicho país al agudo proceso de recesión y desequilibrio que actualmente enfrenta. Lo anterior, hace visible lo importante de que la integración económica tenga un espacio a nivel político que la haga sustentable. Europa demostró que sin integración política, la integración económica no hubiera sido viable y profundizó estos procesos a través del Consejo Económico y Social de consulta obligatoria que le da mayor participación ciudadana a las decisiones políticas, lo que mediatiza las decisiones que violente el sentido de integración que los une.
Los grandes acuerdos sociales se basan en decisiones políticas, la integración económica es un acuerdo social y debe tener sentido en el desarrollo humano sostenible de los países que la acojan, y en esto, las asimetrías entre países son condicionantes del éxito o fracaso de estas iniciativas, por lo tanto, uno de los temas que la integración económica latinoamericana debe enfrentar, para darle sustentación y contenido social a esta iniciativa, es el cómo y el cuándo se inicia la integración política del área, donde la OEA, como organismo, representa el fracaso de la integración política a que hago referencia, y que en el caso Centroamericano se proyecta en el PARLACEM.
Este 2003 es un año en que se comenzará a definir gran parte del liderazgo político del área, y ligado a éste está el destino del ALCA. La primera definición ya vivida es la asunción al poder en Brasil del presidente Lula da Silva, con un apoyo arriba del 60% del electorado, pareciera, por el historial político del líder, que su liderazgo representa un cambio sustancial en la orientación de las políticas de integración de Brasil. Lo anterior es olvidar cómo pensaba el presidente Cardozo y cuál era su discurso político; el gobernar prioriza los intereses reales frente a las posiciones ideológicas. Por lo tanto, estimo que habrá continuidad en las posiciones geopolíticas y de integración de Brasil. Me inclino por pensar que ha avanzado demasiado la globalización para que alguien sensato crea que si se quiere desarrollar económicamente se puede excluir de ella, por lo tanto creo que el liderazgo de Brasil en materia de integración vía ALCA, será pragmático y no dogmático. Puede que se adecue la estrategia de las negociaciones, pero se seguirá caminando hasta hacer realidad el ALCA. Con un México y un Chile ya integrados comercialmente con EU, con Centroamérica lista para iniciar negociaciones, y en condiciones muy favorables con base en la mayoría parlamentaria en ambas Cámaras de EU que tiene el Gobierno de Bush y con el fast-track ya en plena operación y, por otro lado, si tenemos presente la debilidad del MERCOSUR (por la situación de Argentina y Uruguay), y al Mercado Andino, debilitado por conflictos políticos, ejemplarizados en Venezuela y Colombia, la estrategia integradora de EU vía ALCA se fortalece.
La “tenaza” que crea la integración de México y Chile con EU impulsará al resto de los países del área a sacar adelante el ALCA, de lo contrario, el desnivel dentro de Latinoamérica en materia de desarrollo económico se profundizaría.
Ante esta realidad, debemos crear conciencia en cuanto a los problemas sociales que genera una integración entre países asimétricos, y tenemos la obligación de impulsar medidas que eviten en lo posible el costo social de un proceso de este tipo; la base de nuestra integración, aunque suene utópico, debe ser la solidaridad. Por esto y volviendo a la región, se debe profundizar la búsqueda, la conformación o el fortalecimiento de organismos políticos y de gestión en la integración que tengan la representatividad y el nivel para que esta integración política tenga continuidad, enfrente oportunamente los problemas de la integración y le dé soluciones priorizándolas sobre los efectos internos en cada país de esas decisiones. La esencia de lograr esta integración política es con sustancial a una real integración económica, que está ligada al hecho de ceder “autonomía” en función del bien común de los integrados, está en la definición de esta integración, que a no dudarlo debe ser la solidaridad y la equidad entre los países y sobre todo entre los habitantes de los países, que deben entender que las circunstancias históricas de un mundo globalizado e impenitente, que fomenta el lucro y la individualidad, los obliga a unirse en solidaridad frente a esta realidad y a buscar en conjunto el desarrollo humano sostenible para todos.
Sin esta unidad política integradora esencialmente democrática, los hechos económicos que querámoslo o no viviremos en la próxima década, nos avasallarán y no seremos sujeto de ellos sino objeto.