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Intento inútil


En el caso de los docentes que compraron diplomas falsos que expedían y vendían otros educadores, algunos de los compradores, tras descubrirse el ilícito, acudieron a una fiscalía anticorrupción a interponer denuncias por supuestas estafas de que habían sido objeto por parte de los vendedores. Pero tales denuncias no tienen lógica. Estafa hubiera sido pagar bajo la promesa de recibir un legítimo entrenamiento especial al que seguiría la entrega de un diploma, y que eso no se les hubiera cumplido.

En consecuencia, la única explicación que le hallamos a esos denunciantes compradores de diplomas falsos, y a sabiendas, es la de haber ellos pretendido que al presentarse como víctimas de los vendedores podrían esquivar que se les considerara como parte de los ilícitos cometidos. En este caso, obviamente, no hubo estafa alguna. Lo que hubo fue la comisión de un delito en forma asociada, puesto que los vendedores ofrecían diplomas falsos y los compradores pagaban por ellos a sabiendas de que lo eran. El delito de estafa se caracteriza por lucrar mediante engaño, cosa que no ocurrió en este caso en la relación entre vendedores y compradores.

Dicho sea, además, que al hombre honrado ningún estafador, por muy hábil que sea, podrá jamás atraparlo tratando de inducirlo a creer que puede lograr un beneficio fruto de la comisión de un ilícito, puesto que, de plano, precisamente por ser honrado, no se presta a delinquir.

101 años de Panamá América

 
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