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Intereses políticos perjudican la salud mundial: Beijing, Taiwán y la OMS


El 19 de mayo, la Organización Mundial de Salud (OMS) iniciará su reunión anual en Ginebra. La OMS es el organismo especializado de salud de las Naciones Unidas y, según su estatuto, tiene como propósito “que todos los pueblos puedan gozar del grado máximo de salud que se puede lograr”. Cuenta con 192 países miembros, más observadores y miembros asociados. Se anticipa que, como de costumbre, varios países miembros de la OMS van a solicitar la integración de la República de China Taiwán a la organización en capacidad de observador. Taiwán, una isla con gobierno democráticamente electo y con una población de 25 millones de habitantes, es considerada económicamente como uno de los tigres de Asia (cuenta con reservas en exceso de US$106 mil millones); pero no tiene representación en la OMS por un juego político que lleva a cabo la República Popular de China.
Beijing ejerce su influencia para prevenir que a Taiwán le sea otorgado el status de observador. El veto se debe a que la posición de China Popular es de que solamente hay una China, y que Taiwán debe ser considerada una provincia, y que, por lo tanto, la China Popular representa los intereses del pueblo taiwanés. Más de 20 países, entre ellos varios países latinoamericanos y Estados Unidos, son de la opinión que Taiwán debe participar en la OMS en capacidad de observador como mínimo.
El caso de la nueva enfermedad designada Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS, por sus siglas en inglés) por la OMS es un ejemplo más de porqué esta política de aislar a Taiwán es una seria equivocación que pone en peligro la salud mundial. Según la OMS “si el virus SARS mantiene su grado patogénico (capacidad de enfermar) y su capacidad de transmitirse, podría convertirse en la primera enfermedad nueva de este siglo con potencial epidémico mundial”. Esta nueva enfermedad amenaza convertirse en una epidemia global, demostrando que la globalización no sólo es un tema que es limitado a discusiones teóricas de índole económico y de competitividad, sino que es una realidad que afecta a la vida cotidiana de todos.
El SARS originó en la provincia de Guangdong, en la República Popular de China, en noviembre de 2002. Todo parece indicar que las autoridades chinas tomaron la decisión de reservarse la información en vez de contactar a la OMS, como es costumbre cuando se detecta una enfermedad nueva y contagiosa, y adoptaron una política de mutismo en su propio país y con la OMS poniendo en peligro la salud mundial. La decisión fue tomada por una combinación de intereses políticos y económicos. No fue hasta mucho después que el Dr. Carlo Urbani, especialista en enfermedades comunicables de la OMS, detectó y reportó la nueva enfermedad por medio de una víctima que había viajado a China. En cosa de meses, y hasta el día de hoy, se han reportado más de 3,400 casos de infección, con más de 150 muertes, una de ellas la del Dr. Urbani. Aún más alarmante es que casi cinco meses después de que el primer caso fue detectado por las autoridades chinas, siguen existiendo indicaciones de que sus autoridades no están cooperando plenamente con la OMS.
Recientemente, un alto médico militar chino, el Dr. Jiang dijo- en una declaración contraria a la posición oficial del gobierno central- que el número de casos sigue siendo subestimado internacionalmente. La OMS ha confirmado las acusaciones del médico en una conferencia de prensa en Beijing el 16 de abril.
El SARS es altamente contagioso, sus características son difíciles de detectar en su fase inicial. Eso, combinado con la irresponsabilidad del gobierno de Beijing, y unido al volumen de tráfico aéreo de pasajeros entre regiones, ha resultado en que el SARS ha saltado de país a país y de continente a continente. Actualmente hay casos reportados de 22 naciones, incluyendo a Estados Unidos y Canadá. Afortunadamente, según la Organización Panamericana de Salud, hasta el momento, no se ha confirmado ningún caso en América Latina o el Caribe, aunque Brasil y Costa Rica están investigando algunos posibles casos. Aparte del costo humano y su efecto en el bienestar de la población mundial, el SARS está impactando el comercio internacional y debilitando un cuadro económico mundial que, según el Banco Mundial, está en estado delicado. Se estima que el costo del SARS hoy en día es de aproximadamente 30 mil millones de dólares y que los costos se pueden elevar si no se controla la epidemia.
En vista de la amenaza mundial que presenta el SARS, el alto costo en términos humanos y económicos, y la falta de prudencia y honestidad por parte de las autoridades chinas al mantener a Taiwán aislada de participar como miembro o, por lo menos, como observador en la OMS, no solamente es una violación de los derechos humanos de los taiwaneses, también es una grave falla en el sistema mundial de salud, causado por intereses políticos de la República Popular de China. El Ministerio de Salud en Taiwán ha reportado 20 casos confirmados del SARS y 25 más posibles casos. Utilizando medidas preventivas y de acuerdo con las normas internacionales, Taiwán ha puesto más de 1,130 personas bajo cuarentena. Contrario a China Popular, Taiwán ha demostrado ser un modelo ejemplar de cómo se debe contener la epidemia.
Las preguntas que se deben de hacer los países miembros de la OMS son: ¿Qué nos dice el comportamiento de la República China Popular con el SARS? ¿Está la China Popular realmente en condiciones de representar los intereses del pueblo de Taiwán? ¿Es correcto negarle a Taiwán, con una población de más de 25 millones de habitantes, la participación en la OMS por un capricho político de la República Popular de China? Y, finalmente, ¿se puede dar el lujo la OMS de correr el peligro de privar a un país de participar en el Sistema Mundial de Salud en esta época de la globalización de las enfermedades?

(* Miembro de la Junta Directiva del Greater America Business Coalition y del Central America Trade Council.)

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