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Interpretando encuestas


Profesor de la Universidad de San Francisco, California
En los programas de doctorado en economía de las universidades de los Estados Unidos, una de las materias más temidas es la econometría. Tiene conceptos matemáticos complicados: modelos de regresión múltiple, y correlación de variables. La econometría es una rama de un campo matemático que se llama "estadística". Trata de establecer la validez de hipótesis económicas y predecir el crecimiento, en base a indicadores como la inflación y el abastecimiento de dinero (lo cual no es un problema en Panamá ya que la política monetaria panameña se formula en Washington).
A veces, en países del tercer mundo, los políticos pretenden impresionar al público hablando de econometría sin saber lo que están diciendo. Por ejemplo, el año pasado, en frente de las cámaras de televisión, el señor Pérez Balladares y el señor Guillermo Chapman (el mismo que quiebra industrias) comenzaron a hablar de "econometría". Yo no sé de lo que estaban hablando, pero aquello decididamente no era econometría. Cada vez que leía las declaraciones de esos dos individuos, yo sonreía. Bueno, ya alguien me había dicho que Pérez Balladares había tomado clases de actor.
En la Universidad de California en Berkeley yo tomé dos cursos en econometría. El primero no me gustó, ya que el profesor era uno de esos teóricos dogmáticos, que creía ciegamente en los modelos macroeconómicos de computadora. Eso es lo que yo llamo un economista sin sentido común. Si las fórmulas matemáticas sugieren que para que la economía crezca hay que dejar que media población aguante hambre por seis meses, esos economistas sin sentido común son muy capaces de imponer a la fuerza tal política. El hecho de que un montón de gente perezca de hambre, y muchos niños queden lisiados de por vida, los tiene sin cuidado. (O, mejor dicho, simplemente no piensan en las consecuencias trágicas de sus políticas.) Lo irónico del asunto es que después alguien descubre un error en el modelo matemático, pero para entonces ya el daño está hecho.
El otro curso en econometría que tome en Berkeley sí me gustó. La razón fue que el profesor era un economista matemático con sentido común. El nos decía que esos modelos matemáticos había que tratarlos con mucho cuidado.
Mal interpretados podrían hacer gran daño. Desde entonces yo me di cuenta de que hay una gran diferencia entre un modelo matemático que trata de predecir la economía y los modelos matemáticos que usabamos en la Boeing para predecir la estabilidad aerodinámica de un avión de pasajeros.
Dentro de la estadística existe un pariente pobre (por ser bastante más simple) de la econometría que se llama teoría de los sondeos de opinión, también conocida como teoría de las encuestas. Esas "encuestas" son notoriamente imprecisas. Dependen de una gran cantidad de variables sobre las cuales no existe ningún control.
Según famosas empresas comerciales que hacen encuestas en los Estados Unidos como la Gallup, sus predicciones tienen un margen de error variable de seis por ciento (tres por ciento positivo y otro tanto negativo). Lo que no dicen es que ese margen es cierto únicamente si todo les sale perfecto.
Pero aún en los Estados Unidos, con una población sofisticada, raramente todo sale perfecto.
Las encuestas se usan mucho en la política y la mercadotecnia. La poderosa empresa Coca-Cola gastó una millonada en sondeos de opinión que indicaban (esto ocurrió en los años 80) que su nuevo producto "New Coke" era preferido sobre la anticuada Coca-Cola clásica que, según las encuestas, "nada más le gustaba a los viejos". Así que Coca-Cola introdujo al mercado la "New Coke" confiada de un triunfo total como lo predecían las encuestas.
Al año tuvo que retirarla del mercado y reintroducir la "anticuada" Coca-Cola clásica. La "New Coke", a pesar de lo que decían las encuestas, resultó ser un fracaso. Y aquí estamos hablando de los Estados Unidos, no de un país del tercer mundo.
En Panamá, se ha formado la costumbre de atribuirle a las encuestas de preferencia política una precisión que simplemente no tienen. Durante el referendo sobre la reelección una empresa local, bastante prestigiosa, predecía la victoria del "No" por estrecho margen. A los cuatro días el "No" ganaba por un margen abrumador de dos a uno. O sea, que el error de la encuesta de esa empresa fue de casi un cuarenta por ciento. Es sorprendente que tan solo en dos días se dé un cambio tan marcado.
Hace dos meses, La Prensa (Nov. 16) publicó un sondeo de la misma empresa que ponía al inmaduro Martín Torrijos cómodamente al frente de los candidatos presidenciales. Martín, creyéndose ya presidente, durante las fiestas patrias se largó a pasear al exterior (visitó Disney World) y comenzó a sonar con su avión privado comprado con la plata del pueblo.
En días recientes nuevas encuestas han demostrado un bajón para el candidato presidencial del PRD. A mi eso no me sorprende en lo más mínimo.
Es más, yo creo que el bajón de ese candidato es mucho más marcado de lo que muestran las encuestas. Y la razón es que en los países del tercer mundo gobernados por corruptas dictaduras civiles, las encuestas, debido al miedo y la sicofanta, a menudo favorecen al candidato oficialista.

101 años de Panamá América

 
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