Interrogantes del segundo período de Bush
UNO DE los aspectos más inquietantes del discurso del presidente George Bush hijo, que no ha pasado por alto a los ojos de algunos observadores agudos, concierne a su manifiesto propósito de esparcir el régimen de libertad y democracia por el mundo, porque según dijo, el planeta sería así más seguro, que si convive con regímenes totalitarios.
Los primeros comentarios apuntaron a los gobiernos de Corea del Norte e Irán. Nosotros añadimos a Cuba y a Venezuela bajo Chávez. El compromiso de Bush, para su segunda presidencia, es emplear todo el poder a su alcance para llevar la democracia a donde no la haya. Pocos dudan que tiene todo el poder para hacerlo. ¿Lo tiene?
Con más de 200 mil tropas ocupadas en los campos de batalla de Irak y Afganistán, sin contar a decenas de miles más de "soldados de fortuna" o mercenarios, los expertos estiman que Estados Unidos está cerca de copar su capacidad máxima de movilización voluntaria. Pocos dudan que, de abrirse un nuevo gran frente, como el de Irán, por no mencionar a Corea del Norte, que son palabras mayores, el mandatario estadounidense tendría que acudir al reclutamiento obligatorio, como en tiempos de Vietnam, con la consiguiente multiplicación de bajas; lo cual arrojaría dudas sobre el nivel de tolerancia que en ese aspecto tendría el pueblo norteamericano, no estando claro que su país esté siendo agredido por uno de esos tiranos bajo la mira, salvo por el enemigo difuso del terrorismo tipo 11 de septiembre.
Fuera de eso, hay otras interrogantes como la que plantea la relación de Estados Unidos con sus aliados y las Naciones Unidas, caracterizada en su primer mandato por el unilateralismo y la ausencia de consenso. Choca pensar que el actual líder del planeta y adalid de los valores de la democracia occidental, vaya a pasarse cuatro años invadiendo naciones, por el sólo hecho de estimar que su régimen le es intolerable, en desconocimiento de conceptos de independencia y soberanía que han cimentado por más de un siglo las relaciones internacionales y por cuya defensa murieron centenares de miles de sus tropas.
Los primeros comentarios apuntaron a los gobiernos de Corea del Norte e Irán. Nosotros añadimos a Cuba y a Venezuela bajo Chávez. El compromiso de Bush, para su segunda presidencia, es emplear todo el poder a su alcance para llevar la democracia a donde no la haya. Pocos dudan que tiene todo el poder para hacerlo. ¿Lo tiene?
Con más de 200 mil tropas ocupadas en los campos de batalla de Irak y Afganistán, sin contar a decenas de miles más de "soldados de fortuna" o mercenarios, los expertos estiman que Estados Unidos está cerca de copar su capacidad máxima de movilización voluntaria. Pocos dudan que, de abrirse un nuevo gran frente, como el de Irán, por no mencionar a Corea del Norte, que son palabras mayores, el mandatario estadounidense tendría que acudir al reclutamiento obligatorio, como en tiempos de Vietnam, con la consiguiente multiplicación de bajas; lo cual arrojaría dudas sobre el nivel de tolerancia que en ese aspecto tendría el pueblo norteamericano, no estando claro que su país esté siendo agredido por uno de esos tiranos bajo la mira, salvo por el enemigo difuso del terrorismo tipo 11 de septiembre.
Fuera de eso, hay otras interrogantes como la que plantea la relación de Estados Unidos con sus aliados y las Naciones Unidas, caracterizada en su primer mandato por el unilateralismo y la ausencia de consenso. Choca pensar que el actual líder del planeta y adalid de los valores de la democracia occidental, vaya a pasarse cuatro años invadiendo naciones, por el sólo hecho de estimar que su régimen le es intolerable, en desconocimiento de conceptos de independencia y soberanía que han cimentado por más de un siglo las relaciones internacionales y por cuya defensa murieron centenares de miles de sus tropas.