Intransigencia y violencia
Es una verdadera lástima ver a nuestra gente reclamar sus derechos en forma equivocada. Estos métodos echan hacia atrás la ubicación del país en el contexto del subdesarrollo. Pareciera que el patrón cultural de nuestra gente no cambia y se continúa igual que en la época de la dictadura.
En aquellos tiempos surgió la moda de las protestas en la calle. Pero, hace 11 años que estamos en democracia y seguimos con iguales métodos de protesta. Se protesta por la pobreza, por la riqueza, porque no hay leche y porque sí hay leche. Pero es necesario culpar también a las autoridades por no comportarse a la altura del modernismo y de la realidad que se vive.
Leo en los periódicos las veces que los padres de familia y educadores piden cita a la Ministra de Educación y dicen que no responde a la solicitud. Si la gente busca un diálogo para conversar honestamente, no hay respuesta. Por otro lado, si las autoridades quieren intervenir, la gente afectada se vuelve intransigente y prefieren las manifestaciones violentas.
Un ejemplo lo tenemos en las conversaciones sobre el salario mínimo, durante siete meses, sin que se llegara a un acuerdo. Me parece que faltó madurez de ambas partes para encontrar un acuerdo; además, el Ministro de Trabajo, en vez de colocarse en posición neutra, de mediador, al principio intervino en las conversaciones. Cuando uno se coloca en el centro, puede ver con claridad los extremos que nos son buenos; pero, puede uno llegar a eliminarlos y alcanzar el equilibrio necesario. Además de madurez, se nota que ninguna de las partes aprendió sobre la negociación. Negociar necesita conocimiento de sus bases y sus caminos para alcanzar un fin beneficioso, necesita deponer posiciones radicales para aceptar puntos equidistantes.
Cuando se lleva dentro el concepto de violencia, el diálogo y el entendimiento no cuentan en los planes de esas personas. Psicológicamente pareciera que nos gusta la violencia. Podríamos tomarla como parte de todo un complejo que se da en el mundo entero y que hace que las personas vayan llenas de resentimientos, de amarguras, de frustraciones y que reaccionen violentamente ante lo que los contradice.
No comprendo cómo un grupo de estudiantes necesita cerrar la interamericana, porque la escuela se está cayendo, las autoridades del Ministerio lo saben y no resuelven el problema. Cómo es posible que un puente se cae, es la única vía de comunicación de esa comunidad con el mundo y las autoridades no la arreglan sino es bajo presión. Y así podríamos dar miles de ejemplos.
Hace unos días escuché en la radio a un Representante, creo que de Santa Ana, decir que unos damnificados de un fuego que se dio hace un año, todavía están viviendo a donde los metieron y que viven en condiciones infrahumanas. Ahora están saliendo y allí meterán las últimas 23 familias del último incendio. Señores, ¿cómo pueden ser los pensamientos de esas personas y las acciones que toman? Pues, de violencia. Para ellos no hay diálogo, no hay actitudes evolucionadas ni métodos modernos de conversación. Sólo existe la forma precaria de vida a que los someten.
Caemos, así, en un círculo vicioso y no podemos culparlos del rechazo hacia esa sociedad que los olvida o los ignora y que cada uno sigue viviendo su vida sin importarle cómo la viven los demás.
Pero, existen otros intransigentes que sólo encuentran el método violento para resolver sus problemas y no les interesa si molestan o no a los demás. Tan sólo quieren molestar y buscar protagonismo de esas situaciones en beneficio propio. Las manifestaciones callejeras no llevan a nada positivo. Hay que acabar con ellas y buscar arreglos actualizados, civilizados y verán cómo volvemos a ocupar nuestro lugar en el mundo subdesarrollado.
En aquellos tiempos surgió la moda de las protestas en la calle. Pero, hace 11 años que estamos en democracia y seguimos con iguales métodos de protesta. Se protesta por la pobreza, por la riqueza, porque no hay leche y porque sí hay leche. Pero es necesario culpar también a las autoridades por no comportarse a la altura del modernismo y de la realidad que se vive.
Leo en los periódicos las veces que los padres de familia y educadores piden cita a la Ministra de Educación y dicen que no responde a la solicitud. Si la gente busca un diálogo para conversar honestamente, no hay respuesta. Por otro lado, si las autoridades quieren intervenir, la gente afectada se vuelve intransigente y prefieren las manifestaciones violentas.
Un ejemplo lo tenemos en las conversaciones sobre el salario mínimo, durante siete meses, sin que se llegara a un acuerdo. Me parece que faltó madurez de ambas partes para encontrar un acuerdo; además, el Ministro de Trabajo, en vez de colocarse en posición neutra, de mediador, al principio intervino en las conversaciones. Cuando uno se coloca en el centro, puede ver con claridad los extremos que nos son buenos; pero, puede uno llegar a eliminarlos y alcanzar el equilibrio necesario. Además de madurez, se nota que ninguna de las partes aprendió sobre la negociación. Negociar necesita conocimiento de sus bases y sus caminos para alcanzar un fin beneficioso, necesita deponer posiciones radicales para aceptar puntos equidistantes.
Cuando se lleva dentro el concepto de violencia, el diálogo y el entendimiento no cuentan en los planes de esas personas. Psicológicamente pareciera que nos gusta la violencia. Podríamos tomarla como parte de todo un complejo que se da en el mundo entero y que hace que las personas vayan llenas de resentimientos, de amarguras, de frustraciones y que reaccionen violentamente ante lo que los contradice.
No comprendo cómo un grupo de estudiantes necesita cerrar la interamericana, porque la escuela se está cayendo, las autoridades del Ministerio lo saben y no resuelven el problema. Cómo es posible que un puente se cae, es la única vía de comunicación de esa comunidad con el mundo y las autoridades no la arreglan sino es bajo presión. Y así podríamos dar miles de ejemplos.
Hace unos días escuché en la radio a un Representante, creo que de Santa Ana, decir que unos damnificados de un fuego que se dio hace un año, todavía están viviendo a donde los metieron y que viven en condiciones infrahumanas. Ahora están saliendo y allí meterán las últimas 23 familias del último incendio. Señores, ¿cómo pueden ser los pensamientos de esas personas y las acciones que toman? Pues, de violencia. Para ellos no hay diálogo, no hay actitudes evolucionadas ni métodos modernos de conversación. Sólo existe la forma precaria de vida a que los someten.
Caemos, así, en un círculo vicioso y no podemos culparlos del rechazo hacia esa sociedad que los olvida o los ignora y que cada uno sigue viviendo su vida sin importarle cómo la viven los demás.
Pero, existen otros intransigentes que sólo encuentran el método violento para resolver sus problemas y no les interesa si molestan o no a los demás. Tan sólo quieren molestar y buscar protagonismo de esas situaciones en beneficio propio. Las manifestaciones callejeras no llevan a nada positivo. Hay que acabar con ellas y buscar arreglos actualizados, civilizados y verán cómo volvemos a ocupar nuestro lugar en el mundo subdesarrollado.