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Inundaciones y derrumbes


Algo ha cambiado en Panamá cuando cada vez que llueve fuerte y prolongado ocurren inundaciones, derrumbes, daños, muertes y damnificados. Ese tipo de fenómeno meteorológico es típico de la zona intertropical en la que vivimos desde siempre. Pero, a diferencia de ahora, en otras décadas no se daba la magnitud de las desgracias de hoy. ¿Qué cambio? Nada y todo. Lo primero, porque aquí ha llovido siempre y los aguaceros no son ahora más fuertes que antes. Los registros de precipitaciones del Canal pueden corroborar este aserto. Y todo ha cambiado, por la abusiva acción del ser humano.
Cada año que sobrevienen estas tragedias ligadas a las lluvias, las autoridades se cansan de repetir y advertir que debe cesar la práctica de botar basura y, en especial, grandes objetos en las alcantarillas, desagües, ríos y quebradas. Hay una total falta de conciencia sobre el daño que eso puede ocasionar, sobre todo en los estratos más pobres. Y paralelamente, ha habido mucha deficiencia en la divulgación y educación de la población por parte de las autoridades.
¿Cuántos muertos y heridos causa el paso de un huracán en Cuba? Para la magnitud de los fenómenos, cien veces más fuertes que aquí, pocos. Casi siempre menos de cinco vidas perdidas y una veintena de heridos, aunque sí mucho daño material. En Panamá, en cambio, bastan tres horas de lluvia con viento y una marea alta, para que mueran nueve personas y desaparezcan trece, con tres mil damnificados, como acaba de ocurrir. La diferencia es que, en Cuba, hay previsión y educación civil para enfrentar desastres. Aquí, en cambio, nadie atiende los consejos y advertencias, hasta que ocurre la tragedia. Si Panamá estuviera en medio del Mar Caribe, hace tiempo se habría hundido merced nuestra propia indolencia frente al peligro.
Lo lamentamos, pero estamos cosechando lo que sembramos. Hemos permitido la construcción de viviendas y edificios en las laderas y al pie de colinas inestables, hemos cubierto de cemento y casas las orillas de ríos y quebradas, hemos destruido los manglares, arrebatado terreno al mar, tapiado de basura los desagües y destruido los bosques y la vegetación que filtran las aguas hacia el subsuelo. ¿Tiene remedio? Sí, empezando con educar, prevenir y colaborar para no seguir desafiando a la Naturaleza, a la que, a la a la corta o a la larga, nunca podremos ganar.
A los demócratas-revolucionarios y torrijitas sólo les queda un camino: Convocar a las fuerzas auténticamente democráticas y humanistas de la sociedad civil para construir una alianza estratégica o alternativa popular de nueva nación, capaz de derrotar el proyecto salvaje y excluyente de la oligarquía neoliberal criolla, responsable directa del desmejoramiento -en los últimos 10 años- de la calidad de vida de la mayoría de los panameños. Disyuntiva cuyo modelo, visión o paradigma, en esta etapa de imperialismo global y planetario: es la lucha por una democracia participativa.
(*) Coordinador del Movimiento Democrático Torrijista (MDT).

101 años de Panamá América

 
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