Inundaciones y organización social
Hace unos días presencié un acto que me produjo gran satisfacción: un auto de la policía se detuvo al lado de un taxi que estaba estacionado; un agente se apeó y le pidió a un señor que estaba orinando al borde de la calle que lo acompañara, ¡y se lo llevó preso! Yo, que observaba a cierta distancia, felicité al agente público. El taxi se había detenido para que el pasajero hiciera sus necesidades fisiológicas en la calle, exactamente frente a un supermercado, como si fuera la cosa más normal del mundo, en vez de pedir prestado un baño. El agente no maltrató de hecho ni de palabra al infractor, y el taxista puso pies en polvorosa.
Claro que también el transportista debió ser conducido por haber colaborado en el delito. ¡Hemos visto a tantos conductores hacer lo mismo en todas partes! En callejones, calles y avenidas, igual de noche que de día Y, como dicen quienes han perdido toda fe en las leyes, "¡aquí no pasa nada!". Pero ya es hora de que sí pase algo. Las autoridades deben proceder con firmeza con las personas que hacen sus necesidades en las vías públicas, pero deben perseguir con no menos rigor a quienes lanzan toda clase de desperdicios y desechos en cualquier parte.
Las personas que no fueron educadas en el comportamiento urbano en sus hogares o escuelas deben, aunque tardíamente, aprender a no ensuciar el ambiente de todos, como tampoco realizar actos que riñan con la moral, las buenas costumbres o la salud pública. Pero ello no se corregirá totalmente si las autoridades no instalan mingitorios y servicios públicos para hombres y para mujeres, así como tinacos y recipientes para la basura en número suficiente, pues no siempre los locales comerciales prestan sus instalaciones a un público que no es cliente.
En junio estuve en Gothenburgo, Suecia, y constaté - como en otras ciudades europeas - que habían baños públicos disponibles y al alcance de todos, incluso para personas con discapacidad. En algunos casos hay baños hasta para los perros.
Recuerdo que, cuando muy niño, mi padre me decía: "No comas ni escupas en la calle. No arrojes basura en las vías públicas. No dañes la propiedad ajena". Y eso jamás se me ha olvidado, y mis hijos copiaron el ejemplo, pues la educación comienza en el vientre materno y no termina sino con la muerte.
En uno de mis viajes a Pyongyang, capital de Corea del Norte, me percaté que era ya la ciudad más limpia y aseada que había visitado. No sólo no encontré una brizna de basura, un platillo de soda o un colilla de cigarrillos: tampoco había perros, mendigos, prostitutas, cantinas ni bares. Pero es que allá no existen los libertinajes que aquí llamamos libertad.
Si no tuviéramos la mala costumbre de ensuciar las calles y veredas; si, peor aún, no arrojáramos neveras, estufas, autos a quebradas y ríos, no se suscitarían los problemas que hemos confrontado con los recientes torrenciales, evitables si los desagües no se hubiesen tapado con tanta basura. También es cierto que el departamento de Aseo carece de camiones que periódicamente recojan la chatarra y que la gente prefiere echarla a las quebradas antes de pagar un transporte que las lleve a Patacón. De igual modo, Obras Públicas y el IDAAN deben mantener programas permanentes de limpieza de cunetas, quebradas, ríos y desaguaderos, y actuar sin contemplaciones con los infractores porque la seguridad pública es responsabilidad de todos.
No ha sido ésta la peor inundación que hemos sufrido. Recuerdo las inundaciones y deslaves de Pacora y Chepo de 1965 que mató a cientos, quizás miles de personas, que fueron sorprendidas de madrugada por colosales cabezas de agua y no tuvieron la menor posibilidad de percatarse o escapar sino cuando ya era tarde. Miles de seres humanos y animales fueron arrastrados al mar o sepultados bajo el lodo. Recuerdo haber descrito en detalle la tragedia en El Panamá-América, en "Una inundación de 145 Años", en el que analizaba prolijamente las causas de los desbordamientos, diferentes a las actuales, porque éstas se remitían más bien a la práctica de desmontar de nuestros campesinos.
Habrá que mejorar nuestros comportamientos urbanos y adquirir una conducta de respeto a la Naturaleza; diseñar una mejor organización social y estatal; aprender a lidiar mejor con el ambiente, pues como dijo Marx hace casi dos siglos, "la Naturaleza es parte objetiva del ser humano: todo lo que el ser humano le haga a la Naturaleza, se lo hace a sí mismo".
Claro que también el transportista debió ser conducido por haber colaborado en el delito. ¡Hemos visto a tantos conductores hacer lo mismo en todas partes! En callejones, calles y avenidas, igual de noche que de día Y, como dicen quienes han perdido toda fe en las leyes, "¡aquí no pasa nada!". Pero ya es hora de que sí pase algo. Las autoridades deben proceder con firmeza con las personas que hacen sus necesidades en las vías públicas, pero deben perseguir con no menos rigor a quienes lanzan toda clase de desperdicios y desechos en cualquier parte.
Las personas que no fueron educadas en el comportamiento urbano en sus hogares o escuelas deben, aunque tardíamente, aprender a no ensuciar el ambiente de todos, como tampoco realizar actos que riñan con la moral, las buenas costumbres o la salud pública. Pero ello no se corregirá totalmente si las autoridades no instalan mingitorios y servicios públicos para hombres y para mujeres, así como tinacos y recipientes para la basura en número suficiente, pues no siempre los locales comerciales prestan sus instalaciones a un público que no es cliente.
En junio estuve en Gothenburgo, Suecia, y constaté - como en otras ciudades europeas - que habían baños públicos disponibles y al alcance de todos, incluso para personas con discapacidad. En algunos casos hay baños hasta para los perros.
Recuerdo que, cuando muy niño, mi padre me decía: "No comas ni escupas en la calle. No arrojes basura en las vías públicas. No dañes la propiedad ajena". Y eso jamás se me ha olvidado, y mis hijos copiaron el ejemplo, pues la educación comienza en el vientre materno y no termina sino con la muerte.
En uno de mis viajes a Pyongyang, capital de Corea del Norte, me percaté que era ya la ciudad más limpia y aseada que había visitado. No sólo no encontré una brizna de basura, un platillo de soda o un colilla de cigarrillos: tampoco había perros, mendigos, prostitutas, cantinas ni bares. Pero es que allá no existen los libertinajes que aquí llamamos libertad.
Si no tuviéramos la mala costumbre de ensuciar las calles y veredas; si, peor aún, no arrojáramos neveras, estufas, autos a quebradas y ríos, no se suscitarían los problemas que hemos confrontado con los recientes torrenciales, evitables si los desagües no se hubiesen tapado con tanta basura. También es cierto que el departamento de Aseo carece de camiones que periódicamente recojan la chatarra y que la gente prefiere echarla a las quebradas antes de pagar un transporte que las lleve a Patacón. De igual modo, Obras Públicas y el IDAAN deben mantener programas permanentes de limpieza de cunetas, quebradas, ríos y desaguaderos, y actuar sin contemplaciones con los infractores porque la seguridad pública es responsabilidad de todos.
No ha sido ésta la peor inundación que hemos sufrido. Recuerdo las inundaciones y deslaves de Pacora y Chepo de 1965 que mató a cientos, quizás miles de personas, que fueron sorprendidas de madrugada por colosales cabezas de agua y no tuvieron la menor posibilidad de percatarse o escapar sino cuando ya era tarde. Miles de seres humanos y animales fueron arrastrados al mar o sepultados bajo el lodo. Recuerdo haber descrito en detalle la tragedia en El Panamá-América, en "Una inundación de 145 Años", en el que analizaba prolijamente las causas de los desbordamientos, diferentes a las actuales, porque éstas se remitían más bien a la práctica de desmontar de nuestros campesinos.
Habrá que mejorar nuestros comportamientos urbanos y adquirir una conducta de respeto a la Naturaleza; diseñar una mejor organización social y estatal; aprender a lidiar mejor con el ambiente, pues como dijo Marx hace casi dos siglos, "la Naturaleza es parte objetiva del ser humano: todo lo que el ser humano le haga a la Naturaleza, se lo hace a sí mismo".