Invasión de Irak: fruto del terror
George W. Bush suscitó mi atención desde que asumió el poder mediante elecciones dudosas y una Corte Suprema dominada por magistrados nombrados por su padre. Desde entonces, he dedicado el tiempo y la atención que anteriormente di al escenario político de Panamá, al estudio del gobierno de Bush.
Cuando se habla de terrorismo, lo primero que viene en mente es el alevoso ataque contra las torres gemelas y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001. Este fue el trauma original que sembró el pánico entre el pueblo americano. Sin embargo, en los meses y años siguientes, el terror fue alimentado deliberadamente por los gobiernos de Bush y el primer ministro del Reino Unido, Tony Blair, para infundir el terror entre sus conciudadanos de manera de obtener apoyo para el objetivo de invadir a Irak.
Por una parte, Bush y sus funcionarios más allegados sometieron al pueblo norteamericano a incesantes pronunciamientos entre los cuales señalaron al dictador Sadam Hussein como cómplice del ataque del 9 de septiembre de 2001, aseverando que constituía una amenaza peor que Osama bin Laden, ya que poseía armas de destrucción masiva. El gobierno de Blair se hizo eco de las contundentes acusaciones inclusive recurriendo al plagio del trabajo de un académico para este propósito.
En retrospectiva, he detectado los dos acontecimientos que a mi juicio fueron los más efectivos para convencer a una gran parte de los pueblos de Estados Unidos y del Reino Unido de que el sanguinario dictador de Irak consistía un peligro real para su sobrevivencia.
En Estados Unidos fue una entrevista en "60 Minutes", un programa de televisión muy popular de la cadena CBS en el cual se rumora que la CIA logra colocar a quien le conviene. El 23 de febrero de 2003, apareció en dicho programa un científico nuclear iraquí exiliado luego de haber pasado 11 años en la cárcel por haber rehusado a cumplir las órdenes de Sadam Hussein de que construyera armas nucleares. El Dr. Hussein Shahristani habló con lujo de detalles de una extensa red de túneles bajo la capital de Bagdad en donde el dictador había almacenado armas químicas y biológicas mortales tales como Sarin, ántrax y VX, una sustancia grasosa pegajosa la cual, atacando al sistema nervioso, es capaz de causar la muerte en segundos.
Por venir de quien venían, nadie dudó de la veracidad de las declaraciones de Shahristani. Causaron una impresión enorme, siendo comentadas profusamente en otros medios de comunicación. Así se terminó de convencer a la población de Estados Unidos de que Sadam Hussein era un diablo al cual había que exterminar antes de que procediera a usar tales armas contra su mayor enemigo en el exterior.
En Inglaterra, la amenaza que constituía Hussein al pueblo inglés se transmitió en un informe emitido por el gobierno de Tony Blair en septiembre del 2002. El mismo aseguraba que el dictador tenía a su disposición armas químicas o biológicas para la destrucción masiva que podía desplazar en solo 45 minutos. Aunque los autores del informe sabían que tal información provenía de una fuente sin confirmar, la presentaron como un hecho, dando además la impresión de que tales sustancias serían desplazadas por medio de misiles poniendo en peligro así a los habitantes del Reino Unido.
Hoy es obvio que tanto lo dicho por Sharistani como por el informe del gobierno inglés fue mentira. Brillan por su ausencia los túneles y las armas químicas y bacteriológicas de las cuales habló el famoso doctor, quien tampoco aparece. En Londres, el Dr. David Kelly desenmascaró la mentira del alegato de los 45 minutos pagando por ello con su vida.
Igualmente, personajes que fueron parte del gobierno de Bus -el ex secretario del tesoro, Paul O"Neill y el ex funcionario a cargo del anti-terrorismo en la Casa Blanca, Richard Clarke- han revelado en meses pasados que la invasión de Irak estaba entre los planes de gobierno de Bus desde que asumió el poder en enero del 2001, o sea ocho meses antes del ataque contra las torres gemelas y el Pentágono.
Queda claro que tras la invasión de Irak está no sólo el terrorismo de Al Qaeda, sino dos gobiernos que deliberadamente inspiraron el terror para cumplir su objetivo y que esa invasión, lejos de proteger al mundo, lo que ha hecho es fomentar nuevos focos de terrorismo. Siendo así, uno se pregunta si Bush y Blair no serán terroristas también.
Cuando se habla de terrorismo, lo primero que viene en mente es el alevoso ataque contra las torres gemelas y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001. Este fue el trauma original que sembró el pánico entre el pueblo americano. Sin embargo, en los meses y años siguientes, el terror fue alimentado deliberadamente por los gobiernos de Bush y el primer ministro del Reino Unido, Tony Blair, para infundir el terror entre sus conciudadanos de manera de obtener apoyo para el objetivo de invadir a Irak.
Por una parte, Bush y sus funcionarios más allegados sometieron al pueblo norteamericano a incesantes pronunciamientos entre los cuales señalaron al dictador Sadam Hussein como cómplice del ataque del 9 de septiembre de 2001, aseverando que constituía una amenaza peor que Osama bin Laden, ya que poseía armas de destrucción masiva. El gobierno de Blair se hizo eco de las contundentes acusaciones inclusive recurriendo al plagio del trabajo de un académico para este propósito.
En retrospectiva, he detectado los dos acontecimientos que a mi juicio fueron los más efectivos para convencer a una gran parte de los pueblos de Estados Unidos y del Reino Unido de que el sanguinario dictador de Irak consistía un peligro real para su sobrevivencia.
En Estados Unidos fue una entrevista en "60 Minutes", un programa de televisión muy popular de la cadena CBS en el cual se rumora que la CIA logra colocar a quien le conviene. El 23 de febrero de 2003, apareció en dicho programa un científico nuclear iraquí exiliado luego de haber pasado 11 años en la cárcel por haber rehusado a cumplir las órdenes de Sadam Hussein de que construyera armas nucleares. El Dr. Hussein Shahristani habló con lujo de detalles de una extensa red de túneles bajo la capital de Bagdad en donde el dictador había almacenado armas químicas y biológicas mortales tales como Sarin, ántrax y VX, una sustancia grasosa pegajosa la cual, atacando al sistema nervioso, es capaz de causar la muerte en segundos.
Por venir de quien venían, nadie dudó de la veracidad de las declaraciones de Shahristani. Causaron una impresión enorme, siendo comentadas profusamente en otros medios de comunicación. Así se terminó de convencer a la población de Estados Unidos de que Sadam Hussein era un diablo al cual había que exterminar antes de que procediera a usar tales armas contra su mayor enemigo en el exterior.
En Inglaterra, la amenaza que constituía Hussein al pueblo inglés se transmitió en un informe emitido por el gobierno de Tony Blair en septiembre del 2002. El mismo aseguraba que el dictador tenía a su disposición armas químicas o biológicas para la destrucción masiva que podía desplazar en solo 45 minutos. Aunque los autores del informe sabían que tal información provenía de una fuente sin confirmar, la presentaron como un hecho, dando además la impresión de que tales sustancias serían desplazadas por medio de misiles poniendo en peligro así a los habitantes del Reino Unido.
Hoy es obvio que tanto lo dicho por Sharistani como por el informe del gobierno inglés fue mentira. Brillan por su ausencia los túneles y las armas químicas y bacteriológicas de las cuales habló el famoso doctor, quien tampoco aparece. En Londres, el Dr. David Kelly desenmascaró la mentira del alegato de los 45 minutos pagando por ello con su vida.
Igualmente, personajes que fueron parte del gobierno de Bus -el ex secretario del tesoro, Paul O"Neill y el ex funcionario a cargo del anti-terrorismo en la Casa Blanca, Richard Clarke- han revelado en meses pasados que la invasión de Irak estaba entre los planes de gobierno de Bus desde que asumió el poder en enero del 2001, o sea ocho meses antes del ataque contra las torres gemelas y el Pentágono.
Queda claro que tras la invasión de Irak está no sólo el terrorismo de Al Qaeda, sino dos gobiernos que deliberadamente inspiraron el terror para cumplir su objetivo y que esa invasión, lejos de proteger al mundo, lo que ha hecho es fomentar nuevos focos de terrorismo. Siendo así, uno se pregunta si Bush y Blair no serán terroristas también.