¿Invasión o liberación?
“¿Cómo es posible que el Arzobispo haya hablado de Liberación?” Decían mis compañeros de filosofía que eran miembros del Partido del Pueblo. Los murales de Humanidades estaban repletos de fotos de la Invasión. “Endara se tomó fotos con los invasores”. La Universidad de Panamá era un caldero en donde se podía discutir lo que había pasado. Recuerdo que el martes 19, terminábamos nuestra clase de filosofía antigua y planeábamos ir al nacimiento en vivo en el Gimnasio Nuevo Panamá. Creo que eran las doce de la medianoche. En La Locería, se empezaron a escuchar las detonaciones. Teníamos en el Parque Metropolitano la Unidad Canina de las Fuerzas de Defensa. Empezaba la Operación Causa Justa.
Regresamos a la Universidad en marzo del 90. El profesor Celestino Araúz nos decía: “a ustedes les tocará escribir la historia de la Invasión o analizarla”. Ya habíamos empezado nuestra filosofía de la historia, interpretación, hermenéutica. Aquella madrugada del 20, sintonizábamos Canal 8 para ver qué decían los invasores. Mi vecina, una maestra jubilada, me daba su interpretación en el momento: “Me duele esto. Tanto que luchamos para sacar a los gringos para que por Noriega vuelvan” (A su memoria venían las jornadas del Filós-Hines, las Siembras de Bandera, el 9 de enero…).
Unos meses antes, había visitado a mis familiares del Chorrillo. Me llamó la atención que mi tío, un pequeño empresario –tenía su pequeña fonda tienda en la esquina del Cementerio Amador con los juzgados Nocturnos- me dijera: “Este Noriega con su falso nacionalismo ya nos tiene cansados.” Otro que interpretaba.
Aquel 9 de enero fue de manera inusitado. El Dorado se fue llenando desde las 7:30. La Eucaristía había sido programada para las 9. Debíamos ir. Yo no recuerdo si el Arzobispo dijo liberación. Algunos lo acusaron de pro-yanqui. Bueno eso venía desde que asumió el cargo. Sus padres eran estadounidenses. Aunque había nacido en Panamá, había estudiado en el Norte. ¿Por qué el Arzobispo habló de liberación? Sin duda que era el sentir de la mayoría de la población. Casi un setenta por ciento de la población le había dicho a Noriega en las elecciones del 7 de mayo del 89 que no lo querían.
Los afectos al régimen se sentían ofendidos. La mayoría de los panameños creyeron que la única salida fue la que efectivamente se dio, y que el Dictador, con sus bravuconadas causó. Ninguna muerte es justificada, la violencia que usaron los gringos menos. Total ellos mismos habían creado a Noriega en las Escuela de Las Américas y en cuanto curso de oficialidad le ofrecieron desde la época de los sesenta cuando empezó a ser emplanillado de los Estados Unidos. Ellos lo crearon, lo alimentaron, ellos se lo llevaron; pero en el camino permitieron que Panamá fuese humillada, El Chorrillo destruido, los comercios saqueados. Lo mismo ocurrió en Irak y ahora en Afganistán.
“En todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman”. Dios no se alegra de la muerte, pero la ha vencido. El dolor y el sufrimiento también le duelen a Él, pero lo permite para sacar bien de él, pues en el camino, por nuestra libertad, podemos ganar méritos a través de nuestra cooperación en la redención del mal. La “invasión” permitió que saliera nuestra yo saqueador, qué vergüenza. Pero también permitió que la solidaridad de unos y otros saliera a la luz. ¿De qué tendría Dios que liberarnos hoy?