Inventario post electoral
Poco o nada parecen haber aprendido de las recién realizadas elecciones las cúpulas de los partidos políticos y los más encumbrados expositores de los factores reales de poder. Ello es inquietante, puesto que la ausencia de un verdadero estado democrático de derecho, agravará la situación por la que atraviesa la población panameña.
El extenso rosario del gobierno saliente de promesas incumplidas, de ilusiones destruidas, de esperanzas frustradas, de restricción de las libertades, de desmejoramiento de la calidad de vida, de aumento de la criminalidad y un considerable crecimiento de los privilegios para algunos y de la corrupción política que marcha de la mano de la impunidad bajo la sombra del nepotismo, acompañado de una muy larga cadena de aumento del desempleo, de los suicidios, de la cada vez mayor población penitenciaria, de aumentos de precios de todo y por todo, no solamente de la mal llamada "canasta básica familiar", de la telefonía, de la electricidad, de los servicios municipales, de la gasolina, del transporte, de los seguros, de las medicinas y, sobre todo, de los impuestos.
Todo lo anterior, aunque se nieguen a admitirlo, se reflejó en forma masiva en las urnas y ha dejado una estela de "depresión maniaca represiva" en muchos altos funcionarios que se pavoneaban de sus cargos y no miraban lo antipopular de sus políticas gubernamentales.
El inventario post electoral a que nos llevan los resultados electorales, no puede quedarse en el simple resultado para el que ganó o la que perdió. Este incluye también tener presente, el escándalo de los "Afudólares", lo bochornoso del CEMIS y la imposición de los magistrados en la Corte Suprema de Justicia.
Nos colocan -los resultados electorales- ante el "archivado archivo" del expediente del -nunca antes visto- helicóptero HP-1430 y de los "frigodólares" de la allegada funcionaria que "no confía en los bancos".
Los resultados de las urnas, nos muestran las "partidas discrecionales" y la desarticulación de la Ley de Transparencia, al igual que la negativa gubernamental de respetar el derecho a la información y a la libertad de expresión.
También, las múltiples licitaciones amañadas o las contrataciones de a dedo, algunas de las cuales (¡muy jugosas, por cierto!), se multiplicaron a escasos meses de las elecciones; el milagroso fondo fiduciario; el "financiamiento" del Banco Nacional a los "dirigentes" transportistas; la remolinera de los PARVIS, la utilización del Seguro Social como caja menuda del gobierno central; los trastocamientos de la política agraria, las adendas a favor de Cables & Wireless y de Unión Fenosa; las posturas obedientes del ALCA y del Fondo Monetario Internacional (FMI), no dejan de estar presentes en los resultados del 2 de mayo.
Y, ¿qué decir de la diversidad de contrabandos no investigados? Drogas, cigarrillos, carros robados, fuegos artificiales y armas.
También en el inventario post-electoral, reflejado en las urnas, quedaron los votos de quienes rechazamos los pinchazos telefónicos con "fax que escanea" y "planes de desestabilización", las cédulas falsas de un Tribunal Electoral desesperado en su "sí se puede" y rociado de reformas electorales de las cúpulas partidistas, junto a las que facilitaron las torturas tributarias, que dieron el toque mágico a lo que se avecina en los meses venideros.
Pero hay para más, pues los más de cincuenta meses no bastan para los que han enajenado la cosa pública con su corrupción y la impunidad.
El cierre previo al de las urnas no podía ser menos espectacular: el cinismo y la hipocresía con los cuales se burlaron de las más de cien mil firmas colectadas por el Comité Ecuménico que peticionaban por una Constituyente.
Pasadas las elecciones, le toca nuevamente al pueblo panameño levantar las banderas de restauración moral y política de nuestra sociedad a través de una Asamblea Constituyente, sin dejar de rechazar permanentemente el abuso de las autoridades y la corrupción que practican y promueven.
El extenso rosario del gobierno saliente de promesas incumplidas, de ilusiones destruidas, de esperanzas frustradas, de restricción de las libertades, de desmejoramiento de la calidad de vida, de aumento de la criminalidad y un considerable crecimiento de los privilegios para algunos y de la corrupción política que marcha de la mano de la impunidad bajo la sombra del nepotismo, acompañado de una muy larga cadena de aumento del desempleo, de los suicidios, de la cada vez mayor población penitenciaria, de aumentos de precios de todo y por todo, no solamente de la mal llamada "canasta básica familiar", de la telefonía, de la electricidad, de los servicios municipales, de la gasolina, del transporte, de los seguros, de las medicinas y, sobre todo, de los impuestos.
Todo lo anterior, aunque se nieguen a admitirlo, se reflejó en forma masiva en las urnas y ha dejado una estela de "depresión maniaca represiva" en muchos altos funcionarios que se pavoneaban de sus cargos y no miraban lo antipopular de sus políticas gubernamentales.
El inventario post electoral a que nos llevan los resultados electorales, no puede quedarse en el simple resultado para el que ganó o la que perdió. Este incluye también tener presente, el escándalo de los "Afudólares", lo bochornoso del CEMIS y la imposición de los magistrados en la Corte Suprema de Justicia.
Nos colocan -los resultados electorales- ante el "archivado archivo" del expediente del -nunca antes visto- helicóptero HP-1430 y de los "frigodólares" de la allegada funcionaria que "no confía en los bancos".
Los resultados de las urnas, nos muestran las "partidas discrecionales" y la desarticulación de la Ley de Transparencia, al igual que la negativa gubernamental de respetar el derecho a la información y a la libertad de expresión.
También, las múltiples licitaciones amañadas o las contrataciones de a dedo, algunas de las cuales (¡muy jugosas, por cierto!), se multiplicaron a escasos meses de las elecciones; el milagroso fondo fiduciario; el "financiamiento" del Banco Nacional a los "dirigentes" transportistas; la remolinera de los PARVIS, la utilización del Seguro Social como caja menuda del gobierno central; los trastocamientos de la política agraria, las adendas a favor de Cables & Wireless y de Unión Fenosa; las posturas obedientes del ALCA y del Fondo Monetario Internacional (FMI), no dejan de estar presentes en los resultados del 2 de mayo.
Y, ¿qué decir de la diversidad de contrabandos no investigados? Drogas, cigarrillos, carros robados, fuegos artificiales y armas.
También en el inventario post-electoral, reflejado en las urnas, quedaron los votos de quienes rechazamos los pinchazos telefónicos con "fax que escanea" y "planes de desestabilización", las cédulas falsas de un Tribunal Electoral desesperado en su "sí se puede" y rociado de reformas electorales de las cúpulas partidistas, junto a las que facilitaron las torturas tributarias, que dieron el toque mágico a lo que se avecina en los meses venideros.
Pero hay para más, pues los más de cincuenta meses no bastan para los que han enajenado la cosa pública con su corrupción y la impunidad.
El cierre previo al de las urnas no podía ser menos espectacular: el cinismo y la hipocresía con los cuales se burlaron de las más de cien mil firmas colectadas por el Comité Ecuménico que peticionaban por una Constituyente.
Pasadas las elecciones, le toca nuevamente al pueblo panameño levantar las banderas de restauración moral y política de nuestra sociedad a través de una Asamblea Constituyente, sin dejar de rechazar permanentemente el abuso de las autoridades y la corrupción que practican y promueven.