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Invertir en la infancia o perpetuar la pobreza


La humanidad inicia un nuevo año y un siglo lleno de promesas y esperanzas en su porvenir. Panamá, además, celebra con entusiasmo la transferencia del Canal y la desaparición del enclave colonial, y se prepara para aprovechar las oportunidades que ofrecen los nuevos tiempos, pero, sobre todo, enfrentar la pobreza que afecta la dignidad y el futuro de una buena parte de su población. En América Latina, dentro del conjunto de pobres, la niñez representa el grupo más afectado por este problema. En tanto que la pobreza general representa un 33% en la región, en la niñez ésta es del 44%. Unos 43 millones de niños y niñas son pobres en este continente y su incidencia ha aumentado en comparación con 1980, cuando esta población alcanzaba nos 26 millones.
En Panamá, la pobreza representa el problema más agudo y complejo de la sociedad. El 37% de la población padece una situación de pobreza y el 21.6% está afectada por la pobreza extrema. Sin embargo, el 94.5% de los miembros de las comunidades indígenas panameñas, sufre diversos grados de pobreza. La pobreza es de esos problemas que son más fáciles de explicar que de resolver, sobre todo, cuando se carece de buena información, de una estrategia coherente y viable, y una voluntad política para hacerlo. Pero, muchos se preguntarán ¿con qué dinero se erradica la pobreza ?.
Parecen existir recursos suficientes para que un sector tan amplio de población no tenga que vivir en la pobreza y menos en pobreza extrema. Sin embargo, persisten elevados niveles de desigualdad en la distribución de estos recursos, ocasionando que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más miserables. Existen países como Panamá en donde el 20 % de la población con mayores ingresos, concentra recursos 30 veces superiores a los que posee el 20 % de los que menos ingresos reciben. En países con mayores niveles de desarrollo humano estas asimetrías son mucho menores. Por ejemplo, en Japón esta relación es de 4 a 1 ; en Inglaterra de 7 a 1 ; y en Estados Unidos es de 11 a 1. Esto significa, en este caso, que el 20% de población con mayores ingresos, posee 11 veces más de lo que percibe el 20 % de los que menos recursos poseen.
Al pensar en la población prioritaria, diversos estudios y experiencias muestran las ventajas que tiene una inversión efectiva y oportuna en la niñez como medio de evitar la perpetuación de la pobreza en la sociedad. Según informes del BID, la pobreza se perpetúa cuando "las personas humildes, con poca educación y escasa capacidad para generar ingresos, llegan a ser padres jóvenes y no pueden asegurarles un buen desarrollo a sus hijos. Las secuelas más evidentes en la nueva generación son las dificultades para aprender, el fracaso escolar y una menguada capacidad para generar ingresos. A la miseria suelen sumarse otras desventuras como las enfermedades, las adicciones y la criminalidad".
En el largo plazo las inversiones que se realicen en los primeros años de vida de la población en materia de nutrición, salud y educación serán determinantes en la ruptura del ciclo de la pobreza y en la creación de sociedades más justas, equitativas y solidarias. Ello es así, pues se ha comprobado que el peso al nacer, la alimentación y la estimulación cognoscitiva temprana son factores que influyen directamente en el desarrollo de la inteligencia y las destrezas psicomotoras de la niñez, y, posteriormente, en la empleabilidad, adaptabilidad social y bienestar personal de la persona joven y adulta.
Una investigación en Chile publicada por UNICEF mostró marcados retrasos en el desarrollo psicomotor de la niñez a partir de los 18 meses de edad. A los cinco años, la mitad de los niños y niñas reflejaban retardos en el desarrollo del lenguaje, el 40 % presentaba retrasos en su desarrollo general y el 30 % en su progreso visual y motor. Las causas son diversas y están relacionadas con trastornos orgánicos, desnutrición materna, atención especializada durante el embarazo y el parto, falta de estimulación y deficientes condiciones de salud.
La Directora General de la Organización Mundial de la Salud, Gro Harlem Brundtland, reafirmó recientemente la relación estrecha que existe entre salud, nutrición y pobreza. Un niño mal nutrido no es solamente más vulnerable a la enfermedad. Su desarrollo cognitivo estará en peligro, especialmente en los tres primeros años de vida. El crecimiento físico retardado está vinculado estrechamente con el desarrollo reducido. Esta es una de las causas decisivas del ciclo de la pobreza, por lo tanto, una forma de influir eficazmente en este problema es concentrarse en la niñez.
La situación de la niñez en Panamá es significativamente heterogénea. Existe una marcada brecha entre los grupos humanos en este país, dependiendo de su condición social y origen geográfico. En educación por ejemplo, el 20 % que más educación tiene, (que corresponde también al de mayor ingreso) cuenta con 11.3 años promedio de estudio (casi una secundaria completa), tan tanto que el 20% con menos educación, (los pobres) alcanza en promedio 4.2 años de educación (menos de una educación primaria).
La educación preescolar, considerada un factor de estimulación intelectual fundamental, que marca el éxito escolar y el desarrollo de la persona, también está desigualmente distribuida en el país. Los niños que asisten a un pre-kinder (3-4 años) alcanzan apenas un 3% en las áreas rurales y un 1% en las indígenas, contrario las áreas urbanas en donde asiste el 11.1%. A la Educación pre-primaria (5 años), sólo accede el 32% de la niñez rural y el 16 % de la indígena, en tanto que el área urbana tiene una matrícula cercana al 67%.
Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, reconoce que las oportunidades educativas y la calidad de vida de la niñez tienen importancia no sólo como un derecho que le asiste, sino también para la vida futura de la sociedad. Las razones fundamentales que explican este conexión son: psicológicas y éticas, al preparar a la persona para las responsabilidades sociales futuras; económicas, pues contribuyen a la formación de seres útiles y económicamente productivos; sociales al aportar a la preparación para la convivencia armoniosa con otras personas; y políticas, porque contribuye a forjar la participación ciudadana democrática "no visceral", respetuosa, activa y deliberativa.
Actuar a favor de la infancia, supone una visión global de la naturaleza de la niñez y de sus necesidades, así como de las condiciones sociales reales en las que ésta se encuentra. Por esta razón, los programas dirigidos a la niñez deben tener en cuenta diversos criterios, tales como: la atención a los factores físicos, mentales, sociales y emocionales; la consideración de la niñez como un proceso continuo que se inicia desde antes del nacimiento. En tercer lugar, la valoración del desarrollo de la niñez como la relación entre el patrimonio genético específico y las condiciones ambientales en las que ésta vive.
Las experiencias internacionales sobre programas orientados al desarrollo integral de la niñez son múltiples y en alto grado exitosas, lo cual nos permite como país, contar con modelos de estrategias que sirvan de referencia para tomar decisiones apropiadas en esta materia. Por un lado, están los centros de atención integral, que ofrecen condiciones de aprendizaje y un entorno estimulante para el desarrollo infantil. Dentro de ellos están los centros de preescolar que tanta aceptación han tenido en Europa (Francia, Suecia...) y en América Latina (Perú, Bolivia, Argentina, Brasil...). Estas experiencias son similares a esfuerzos nacionales, como los COIF (Centros de Orientación Infantil y Familiar) de los años setenta, y los CEFACEI (Centros Familiares y Comunitarios de Educación Inicial), que se crearon a fines de los ochenta y se expandieron en los últimos años en Panamá. Otras estrategias, también complementarias, guardan relación con la educación y orientación a los padres y madres de familias, al desarrollo comunitario en las niñas y los niños, el fortalecimiento del papel de la mujer, el mejoramiento de la capacidad institucional, así como la potencialización del liderazgo y la participación comunitaria. Pensar en el mañana es cuidar lo más preciado de la sociedad, que es su gente. Una estrategia de desarrollo humano debería considerar como prioridad la atención a la niñez, por ser la base en que se sustenta la sociedad del futuro. Debemos ser conscientes de una niñez enferma, mal alimentada y deficientemente educada, es imposible que pueda generar hombres y mujeres sanos, inteligentes, productivos y socialmente integrados.
Muchos de nuestras menores pobres padecen trastornos físicos y cerebrales que pueden ser irreversibles sino les prestamos una atención urgente y eficaz. Actuar hoy a favor de la infancia, con políticas de Estado y sociedad, centrando la prioridad en familias de alto riesgo, basado en la consulta y la participación, puede ser la tarea más fecunda que inspire el espíritu patriótico en el nuevo siglo.

101 años de Panamá América

 
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