Irak desastroso
La percepción internacional siempre fue que algo extraño ocurría en Irak, después de la costosa invasión que embarcó a Estados Unidos en una especie de callejón sin salida. Que nunca aparecieran las famosas armas químicas de destrucción masiva, alarma mediática que justificó la invasión, o que en lugar de pacificar ese país se incrementaran los índices de violencia, fueron elementos que sugerían la duda y la preocupación. Pero que ahora un informe no sólo los corrobore, sino que, firmado por un congresista republicano, confirme el desastre descomunal, es algo que deja muy mal sabor y un inevitable aliento de frustración.
¿Hasta dónde ha llegado la mentira? Collin Powel, prestigioso militar que actuó como figura importante de la primera administración Bush y que luego renunció, subraya las invenciones con las que se justificaban las acciones estadounidenses: "... en los meses inmediatamente posteriores a la invasión de Irak, el Departamento de Defensa seguía inventándose la cantidad de fuerzas de seguridad iraquíes en el país, inflando la cifra en 20,000 hombres por semana". Burla injustificable dada la forma como los contribuyentes norteamericanos y el mundo pagaron su ejecución.
Cuando Bush ordenó la invasión, el barril de petróleo costaba 27 dólares, y en su momento más álgido cifró en 147, con las consecuencias que todos conocen. Pero hay algo que ni la reflexión más pragmática puede admitir: ¿Cuántas vidas, iraquíes y norteamericanas ha costado lo que ese informe oficial califica ahora como desastre? Gran responsabilidad espera a Barack Obama.