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Irak: ¿quién le pone el cascabel al gato?


Después de la derrota de Saddam Hussein, no cesan los dolores de cabeza de los victoriosos militares norteamericanos. La constitución del nuevo régimen es la encrucijada política más difícil en esta etapa de postguerra. Las rivalidades de los múltiples partidos y clanes iraquíes, la insurgencia multitudinaria de los fanáticos chiítas, la inexperiencia en el manejo de las instituciones básicas de un gobierno moderno y, sobre todo, la fermentación de antiguos odios religiosos y políticos represados por la dictadura, han aflorado con la potencia de un chorro de petróleo.
El general ( r) Jay Garner, nombrado administrador provisional de Irak por la Casa Blanca, tiene una agenda recargada de reuniones políticas desde su arribo a Bagdad. Una de sus primeras entrevistas ha sido con Mohammed Mohsen Zoubaidi, uno de los altos responsables del Congreso Nacional Iraquí(CNI). Antiguo combatiente en la batalla civil contra Hussein, exilado en Londres 24 años, Zoubaidi fue escogido por un consejo de 22 miembros -empresarios, líderes religiosos, intelectuales- para encargarse de la administración de Bagdad. Una de las primeras decisiones de Zoubaidi fue nombrar a su adjunto, general Al-Obeidi, para dirigir la delegación que representará a Irak en la reunión de la OPEP en Viena.
La nueva posición de Irak en la reunión de la OPEP es estimada como herramienta fundamental para definir los parámetros de la producción de hidrocarburos. A solicitud de Estados Unidos, la ONU derogará las interdicciones del programa Petróleo por Alimentos, que restringió la producción a 1.5 millones diarios de barriles. Irak podría lanzar el mercado el doble de lo que producía antes de la guerra, pero los otros países miembros de la OPEP podrían oponerse, arguyendo la caída de los precios.
A partir de las negociaciones petrolíferas irá definiéndose el panorama político de Irak.
Estados Unidos asegura que no proyecta un protectorado a largo plazo sino una administración provisoria que restablezca el orden y ponga a caminar la infraestructura destruida por la guerra.
Estados Unidos ha advertido a Irán que no se inmiscuya en los asuntos internos iraquíes, y no presten apoyo a sus hermanos religiosos chiítas, tan intolerantes como también antinorteamericanos. Pero queda mucha agua por correr bajo el puente.

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