Irregularidades en hemodiálisis
Ha sido necesario que los pacientes de hemodiálisis de la Caja de Seguro Social salgan a cerrar calles y piquetear ante locales públicos para que las autoridades reconozcan y asuman responsabilidades por las deficiencias que, pocos años atrás, provocaron muertes en cadena y motivaron investigaciones que, tal como se aprecia, no han rendido resultados beneficiosos a los enfermos.
Durante la administración anterior de la CSS se presentó un problema similar que se desvió en un torneo de acusaciones y contracusaciones de carácter más político que médico. Desde entonces se aseguró que la CSS mejoraría el servicio de hemodiálisis a los pacientes de afecciones renales que, por tanto, no volverían a presentarse situaciones de orden administrativo como el uso de sustancias de tiempo vencido o inapropiadas y la adquisición y constante renovación de máquinas, así como la intervención oportuna y permanente de médicos especializados. He aquí que, de pronto, en la confrontación entre pacientes quejosos del servicio de la CSS y la directora de la misma, Marianela Morales, se descubre no sólo la subsistencia de los males de antaño sino la aparición de nuevos desajustes entre pacientes y médicos.
Este y otros episodios recurrentes de la salud pública nos propone el imperativo de personal administrativo de acreditada sensibilidad humana y visión moderna de gerencia de servicios públicos. Las mentalidades burocráticas tradicionales se extravían en los laberintos burocráticos, muchas veces tejidos por ellas mismas para reduplicar procedimientos que van en línea zizagueante y complican y demoran el trámite sencillo. La importación de insumos médicos, sobre todo en casos de atención delicada como la purificación de la sangre a través de máquinas, no puede enredarse en la sinuosidad barroca de trámites que alargan la recepción de los medicamentos, poniendo en grave riesgo la vida y la salud de los pacientes.
Los "cuellos de botella" burocráticos debieron ser examinados y simplificados cuando surgió la crisis anterior, y se formularon promesas de solución. Estamos acostumbrados a que, por motivos discutibles de celeridad, se acepten compras estatales por urgencia notoria. Cómo, entonces, no proceder a importaciones bajo el régimen de urgencia notoria, cuando está por medio la vida de asegurados que cotizan por servicios médicos que no tienen el complemento de medicamentos adecuados o que, si llegan, ya es demasiado tarde, como lo acreditan los desamparados pacientes de hemodiálisis que han conquistado el apoyo de la comunidad.
Durante la administración anterior de la CSS se presentó un problema similar que se desvió en un torneo de acusaciones y contracusaciones de carácter más político que médico. Desde entonces se aseguró que la CSS mejoraría el servicio de hemodiálisis a los pacientes de afecciones renales que, por tanto, no volverían a presentarse situaciones de orden administrativo como el uso de sustancias de tiempo vencido o inapropiadas y la adquisición y constante renovación de máquinas, así como la intervención oportuna y permanente de médicos especializados. He aquí que, de pronto, en la confrontación entre pacientes quejosos del servicio de la CSS y la directora de la misma, Marianela Morales, se descubre no sólo la subsistencia de los males de antaño sino la aparición de nuevos desajustes entre pacientes y médicos.
Este y otros episodios recurrentes de la salud pública nos propone el imperativo de personal administrativo de acreditada sensibilidad humana y visión moderna de gerencia de servicios públicos. Las mentalidades burocráticas tradicionales se extravían en los laberintos burocráticos, muchas veces tejidos por ellas mismas para reduplicar procedimientos que van en línea zizagueante y complican y demoran el trámite sencillo. La importación de insumos médicos, sobre todo en casos de atención delicada como la purificación de la sangre a través de máquinas, no puede enredarse en la sinuosidad barroca de trámites que alargan la recepción de los medicamentos, poniendo en grave riesgo la vida y la salud de los pacientes.
Los "cuellos de botella" burocráticos debieron ser examinados y simplificados cuando surgió la crisis anterior, y se formularon promesas de solución. Estamos acostumbrados a que, por motivos discutibles de celeridad, se acepten compras estatales por urgencia notoria. Cómo, entonces, no proceder a importaciones bajo el régimen de urgencia notoria, cuando está por medio la vida de asegurados que cotizan por servicios médicos que no tienen el complemento de medicamentos adecuados o que, si llegan, ya es demasiado tarde, como lo acreditan los desamparados pacientes de hemodiálisis que han conquistado el apoyo de la comunidad.