Irresponsabilidad presupuestaria
EL GOBIERNO DE turno se ha distinguido por su manejo irresponsable de las finanzas públicas y, principalmente, por haber tergiversado el sentido y esencia del Presupuesto General del Estado, en abierta violación de la Constitución. Para el año 2008 volverá a repetirse, agravada, la farsa financiera de inflar el Presupuesto con fines electorales.
El proyecto de Presupuesto, que por mandato del Artículo 267 de la Constitución, corresponde elaborar al Organo Ejecutivo, incrementa en más de 800 millones de balboas (dólares), un aumento superior al 10%, el cálculo de los ingresos, en comparación con el Presupuesto del presente año.
El Presupuesto General del Estado es, en realidad, la suma de dos presupuestos: De un lado, la estimación de todos los ingresos que se espera recibir durante el año; del otro, de los gastos que se realizarán en ese mismo lapso. Los ingresos provienen de la recaudación de los impuestos; de las tasas que se cobran por la prestación de servicios públicos, como el suministro de agua o por recolección de la basura; de la venta de bienes públicos; de los aportes del Canal; y de los préstamos que se contratan con instituciones como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo o por la emisión y colocación de títulos de la Deuda Pública, en la forma de bonos o de Letras del Tesoro.
El Presupuesto de los Gastos incluye los que deben hacerse para solventar el funcionamiento de todas las ramas del Gobierno y, además, pagar el servicio de la Deuda Pública, que en Panamá, por su monto escandaloso, es, comparativamente, una de las más altas del mundo.
Con flagrante irresponsabilidad, el gobierno de turno, se ha caracterizado por presentarle al país un Presupuesto de Gastos que aumenta sin parar, como si de una hazaña se tratara. Pero no explica, y ni siquiera hace el intento, cómo se financiarán esos incrementos. Y como sólo hay dos fuentes básicas para hacerlo: Mediante más o más altos impuestos, aumentando las tasas o mediante el aumento del endeudamiento público, festejar los incrementos desenfrenados del gasto público, es, como mínimo, una suprema irresponsabilidad.
Cuando "la patria nueva" llegó al poder, con bombos y platillos, anunció que "ordenaría" las finanzas públicas para sanearlas y así salvarnos de las irresponsabilidades del gobierno precedente. Así nació el mamotreto que dieron en llamar "su Programa de Equidad Fiscal", el eufemismo con que disfrazaron los aumentos de impuestos, de las contribuciones a la Seguridad Social y de las tasas por los servicios públicos. También prometieron que reducirían la planilla estatal, reducirían la Deuda Pública, todo bajo el marco de la prometida transparencia utilizada como bandera electoral para atraer incautos.
Después de 37 meses de gobierno, ¿cuándo, cómo y dónde, sin mentir claro está, puede el señor Torrijos defender que ha cumplido alguna de esas promesas? La planilla estatal no ha parado de aumentar. Las primeras reducciones, hechas al inicio del gobierno de turno, sólo fueron un pretexto para sacar "opositores" y colocar más de los suyos. La deuda pública, desde que el gobierno de turno asumió el poder se ha incrementado en más de 3, 000 millones. Los dineros públicos se gastan como si fueran cuentas personales en viajes inútiles y tan frecuentes que, su total, es mayor que todos los que hicieron los tres gobiernos precedentes. Las planillas especiales de asesores y de contratos temporales, sólo en la Asamblea, alcanzan sumas que, mejor empleadas, contribuirían, en mucho, a aliviar el hambre y las enfermedades que padecen muchos miles de panameños. El presupuesto asignado a la Presidencia es mayor que el del Organo Judicial. Y esos son tan sólo algunos ejemplos. Y, ahora, hasta se pretende restablecer las infames "partidas circuitales", con el descarado propósito de financiar las campañas electorales de los diputados.
Que el Presupuesto de Gastos aumente no es el problema. En condiciones normales es natural que todos los años tenga un crecimiento vegetativo, producto del crecimiento de la población y de la actividad económica; pero ese crecimiento debe ser razonable y estar fundamentado en sanas y responsables prácticas fiscales, que el presente gobierno ignora olímpicamente.
El Presupuesto de Gastos, que por mandato constitucional debe estar balanceado con el Presupuesto de Ingresos, no puede aumentarse sin, a su vez, contar, con las fuentes, fiscalmente sanas y responsables, para financiarlo. Y si el país ya no soporta más impuestos y la Deuda Pública está a punto de ahogarnos; y, además, la ampliación del Canal causará mayores endeudamientos, es absurdo y suicida que se siga incrementando el gasto de la manera irresponsable y demagógica como lo hace "la patria nueva", con propósitos esencialmente electorales.
Cada vez que analizo acciones irresponsables del gobierno de turno, como es el caso de su "irresponsabilidad presupuestaria", termino por preguntar: ¿Y qué hace al respecto "la llamada oposición"?
Espero que en esta ocasión se dejen escuchar. Pero no con declaraciones superficiales, sino con un pronunciamiento que se compadezca con la gravedad e importancia del problema. ¡Eso es lo menos que pueden hacer!
El proyecto de Presupuesto, que por mandato del Artículo 267 de la Constitución, corresponde elaborar al Organo Ejecutivo, incrementa en más de 800 millones de balboas (dólares), un aumento superior al 10%, el cálculo de los ingresos, en comparación con el Presupuesto del presente año.
El Presupuesto General del Estado es, en realidad, la suma de dos presupuestos: De un lado, la estimación de todos los ingresos que se espera recibir durante el año; del otro, de los gastos que se realizarán en ese mismo lapso. Los ingresos provienen de la recaudación de los impuestos; de las tasas que se cobran por la prestación de servicios públicos, como el suministro de agua o por recolección de la basura; de la venta de bienes públicos; de los aportes del Canal; y de los préstamos que se contratan con instituciones como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo o por la emisión y colocación de títulos de la Deuda Pública, en la forma de bonos o de Letras del Tesoro.
El Presupuesto de los Gastos incluye los que deben hacerse para solventar el funcionamiento de todas las ramas del Gobierno y, además, pagar el servicio de la Deuda Pública, que en Panamá, por su monto escandaloso, es, comparativamente, una de las más altas del mundo.
Con flagrante irresponsabilidad, el gobierno de turno, se ha caracterizado por presentarle al país un Presupuesto de Gastos que aumenta sin parar, como si de una hazaña se tratara. Pero no explica, y ni siquiera hace el intento, cómo se financiarán esos incrementos. Y como sólo hay dos fuentes básicas para hacerlo: Mediante más o más altos impuestos, aumentando las tasas o mediante el aumento del endeudamiento público, festejar los incrementos desenfrenados del gasto público, es, como mínimo, una suprema irresponsabilidad.
Cuando "la patria nueva" llegó al poder, con bombos y platillos, anunció que "ordenaría" las finanzas públicas para sanearlas y así salvarnos de las irresponsabilidades del gobierno precedente. Así nació el mamotreto que dieron en llamar "su Programa de Equidad Fiscal", el eufemismo con que disfrazaron los aumentos de impuestos, de las contribuciones a la Seguridad Social y de las tasas por los servicios públicos. También prometieron que reducirían la planilla estatal, reducirían la Deuda Pública, todo bajo el marco de la prometida transparencia utilizada como bandera electoral para atraer incautos.
Después de 37 meses de gobierno, ¿cuándo, cómo y dónde, sin mentir claro está, puede el señor Torrijos defender que ha cumplido alguna de esas promesas? La planilla estatal no ha parado de aumentar. Las primeras reducciones, hechas al inicio del gobierno de turno, sólo fueron un pretexto para sacar "opositores" y colocar más de los suyos. La deuda pública, desde que el gobierno de turno asumió el poder se ha incrementado en más de 3, 000 millones. Los dineros públicos se gastan como si fueran cuentas personales en viajes inútiles y tan frecuentes que, su total, es mayor que todos los que hicieron los tres gobiernos precedentes. Las planillas especiales de asesores y de contratos temporales, sólo en la Asamblea, alcanzan sumas que, mejor empleadas, contribuirían, en mucho, a aliviar el hambre y las enfermedades que padecen muchos miles de panameños. El presupuesto asignado a la Presidencia es mayor que el del Organo Judicial. Y esos son tan sólo algunos ejemplos. Y, ahora, hasta se pretende restablecer las infames "partidas circuitales", con el descarado propósito de financiar las campañas electorales de los diputados.
Que el Presupuesto de Gastos aumente no es el problema. En condiciones normales es natural que todos los años tenga un crecimiento vegetativo, producto del crecimiento de la población y de la actividad económica; pero ese crecimiento debe ser razonable y estar fundamentado en sanas y responsables prácticas fiscales, que el presente gobierno ignora olímpicamente.
El Presupuesto de Gastos, que por mandato constitucional debe estar balanceado con el Presupuesto de Ingresos, no puede aumentarse sin, a su vez, contar, con las fuentes, fiscalmente sanas y responsables, para financiarlo. Y si el país ya no soporta más impuestos y la Deuda Pública está a punto de ahogarnos; y, además, la ampliación del Canal causará mayores endeudamientos, es absurdo y suicida que se siga incrementando el gasto de la manera irresponsable y demagógica como lo hace "la patria nueva", con propósitos esencialmente electorales.
Cada vez que analizo acciones irresponsables del gobierno de turno, como es el caso de su "irresponsabilidad presupuestaria", termino por preguntar: ¿Y qué hace al respecto "la llamada oposición"?
Espero que en esta ocasión se dejen escuchar. Pero no con declaraciones superficiales, sino con un pronunciamiento que se compadezca con la gravedad e importancia del problema. ¡Eso es lo menos que pueden hacer!