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Isócrates 436 a 338 a. de J. C.


Este orador griego fue invitado una vez a la mesa del Rey Nicocrente de Chipre. Para lo único que abrió la boca fue para comer. Sorprendido, el rey, en un momento dado, le preguntó: - ¿Te sientes mal ? - No, todo lo contrario, Majestad. Me siento muy bien. - Te he invitado para oirte lucir tu oratoria. ¿Por qué has permanecido en silencio ? – Y le respondió: - Por una sola razón, Su Alteza: Porque de todo lo que yo sé, nada os puede interesar, y de todo lo que os interese, yo no sé nada.

En otra ocasión, un ciudadano le solicitó que lo admitiera como discípulo, pero la solicitud le fue hecha con una larga y tediosa palabrería. Al terminar, Isócrates le respondió que sí lo admitiría y le fijó el precio. El hombre, que previamente se había informado lo que Isócrates cobraba a quienes querían ser sus alumnos, le dijo: - Me pides el doble que a los demás discípulos. ¿Piensas acaso, que soy torpe y se me hace difícil entender? - Y le respondió: -No precisamente. Lo que ocurre es que, para que te aproveche, mi enseñanza para ti ha de ser doble. Primero te enseñaré a callar y después a hablar.

101 años de Panamá América

 
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