Israel se aísla de la ONU
La trayectoria de Israel de rechazo a las resoluciones de la ONU, llegó al colmo con la última votación del Consejo de Seguridad. Catorce miembros del Consejo votaron a favor de la resolución que exigía el retiro de las tropas israelitas que tienen cercado a Yasser Arafat en su cuartel de Ramala. Sólo se abstuvo Estados Unidos, en una posición que remarca su distanciamiento de la política militarista del gobierno conservador que preside Ariel Sharon.
El cerco a Arafat fue parte de una ofensiva feroz para supuestamente liquidar reductos extremistas del grupo Hamas. Pero los observadores piensan que Sharon está cayendo en el error de los militares argentinos que, buscando detener a un "montonero" que vivía en un apartamento de un edificio de diez pisos, apresaban a todos los inquilinos del edificio. Combatir el terrorismo sectario con terrorismo de estado es, como dijo Borges, combatir el canibalismo convirtiéndose en antropófago.
El reiterado incumplimiento de las resoluciones de la ONU pasa por alto que el estado de Israel fue avalado en sus inicios por el organismo internacional. El desaire a una treintena de decisiones de la ONU está aislando a Israel y perjudicando a millones de personas que profesan la religión hebraica pero no tienen ciudadanía israelita y residen en diversas partes del mundo, por la zozobra de ser víctimas de agresiones por su credo religioso. Personas de paz y trabajo, practicantes de una convivencia armoniosa con otras religiones, como sucede en Panamá, expuestas a represalias generadas en conflictos remotos por dirigentes políticos que no conocen ni eligieron.
El gobierno de Sharon no puede ponerse en la situación de Sadam Hussein, aislado de la comunidad internacional, repudiado por el radicalismo de sus acciones que no distinguen objetivos civiles de los militares. Si la implacable respuesta militar a los actos terroristas palestinos hubiese alcanzado resultados positivos, no se presentaría el doloroso reciclaje casi cotidiano de violencia de dos pueblos oriundos de la misma matriz étnica, que algún día se reconciliarán, pero no con tanques o niños suicidas.
Habrá quienes no compartan algunas de las posiciones adoptadas durante su andar político de casi cuarenta años. Discrepar sobre una postura en particular -especialmente si priva el raciocinio equilibrado sobre el capricho subjetivo- es vital para abonar ese campo democrático donde afloren proyectos que beneficien a las mayorías de un país dado.
Hoy, cuando la Republica de Panamá se ha vuelto cuna de chocantes actitudes y que -cada vez con más frecuencia- la nave del Estado evidencia una peligrosa incapacidad para capear las tormentas de corrupción que la embisten por doquier, se hace necesario echar mano a esa tabla de valores que se refugia en la raíz de nuestro pueblo.
Es por eso que el significativo acto celebrado el pasado domingo, más que resaltar transitoriamente la labor de Ricardo Arias Calderón, tendrá que ser considerado como marco de referencia para que presentes y futuras generaciones emulen algo del buen andar que ha distinguido siempre a este panameño ilustre.
(rbermudez@cableonda.net)
El cerco a Arafat fue parte de una ofensiva feroz para supuestamente liquidar reductos extremistas del grupo Hamas. Pero los observadores piensan que Sharon está cayendo en el error de los militares argentinos que, buscando detener a un "montonero" que vivía en un apartamento de un edificio de diez pisos, apresaban a todos los inquilinos del edificio. Combatir el terrorismo sectario con terrorismo de estado es, como dijo Borges, combatir el canibalismo convirtiéndose en antropófago.
El reiterado incumplimiento de las resoluciones de la ONU pasa por alto que el estado de Israel fue avalado en sus inicios por el organismo internacional. El desaire a una treintena de decisiones de la ONU está aislando a Israel y perjudicando a millones de personas que profesan la religión hebraica pero no tienen ciudadanía israelita y residen en diversas partes del mundo, por la zozobra de ser víctimas de agresiones por su credo religioso. Personas de paz y trabajo, practicantes de una convivencia armoniosa con otras religiones, como sucede en Panamá, expuestas a represalias generadas en conflictos remotos por dirigentes políticos que no conocen ni eligieron.
El gobierno de Sharon no puede ponerse en la situación de Sadam Hussein, aislado de la comunidad internacional, repudiado por el radicalismo de sus acciones que no distinguen objetivos civiles de los militares. Si la implacable respuesta militar a los actos terroristas palestinos hubiese alcanzado resultados positivos, no se presentaría el doloroso reciclaje casi cotidiano de violencia de dos pueblos oriundos de la misma matriz étnica, que algún día se reconciliarán, pero no con tanques o niños suicidas.
Habrá quienes no compartan algunas de las posiciones adoptadas durante su andar político de casi cuarenta años. Discrepar sobre una postura en particular -especialmente si priva el raciocinio equilibrado sobre el capricho subjetivo- es vital para abonar ese campo democrático donde afloren proyectos que beneficien a las mayorías de un país dado.
Hoy, cuando la Republica de Panamá se ha vuelto cuna de chocantes actitudes y que -cada vez con más frecuencia- la nave del Estado evidencia una peligrosa incapacidad para capear las tormentas de corrupción que la embisten por doquier, se hace necesario echar mano a esa tabla de valores que se refugia en la raíz de nuestro pueblo.
Es por eso que el significativo acto celebrado el pasado domingo, más que resaltar transitoriamente la labor de Ricardo Arias Calderón, tendrá que ser considerado como marco de referencia para que presentes y futuras generaciones emulen algo del buen andar que ha distinguido siempre a este panameño ilustre.
(rbermudez@cableonda.net)