Israel y Palestina: la paz empieza nunca
Arnold Toynbee escribió en un capítulo del "Estudio de la Historia" que tenía serias dudas sobre la fundación del Estado de Israel. La duda del eminente historiador inglés consistía en discernir si lo apropiado era que las personas de religión judía mejor hubieran continuado en los países en que vivían, cientos de años, "asociados" a la cultura local, o si debían estacionarse, en un enclave territorial medioriental, siguiendo las ideas sionistas del pionero Theodore Herlz, como un Estado independiente, amparado en la Declaración Balfour de 1917 y en la tradición histórica milenarista.
El dilema entre el "asocianismo", que profesan millones de hebreos del mundo entero, Panamá incluido, que no residen en Israel aunque pueden simpatizar con la causa, y el "sionismo" del Estado de Israel, reaparece en estos días en que la convivencia árabe-israelita luce como una utopía que amenazan en diluir los retrocesos en el Acuerdo de Oslo y lanzarnos a la vorágine de una nueva conflagración en el Medio Oriente, bajo circunstancias políticas que no favorecen a Israel.
Henry Kissinger solía decir que Israel no tiene política exterior sino política interior. Después de conocer el precipitado ultimátum de Barak a los palestinos, nos sentimos tentados a darle la razón al talentoso Kissinger. Después del acuerdo de la ONU contra la violencia israelita, el ultimátum no sólo ratifica la certeza del voto negativo de la comunidad internacional sino que profundiza la crisis a niveles difíciles de ponderar.
Como admiramos la trayectoria de eminentes judíos en la historia de la cultura universal y apreciamos enormemente los esfuerzos desplegados para fundar el Estado de Israel, creemos que es un deber de amigos leales decirle a los dirigentes israelitas que el uso inequitativo de la respuesta militar les merma apoyo y que, como escribió el canciller Shlomo Ben- Ami, cuando criticaba a Netanyahu, en 1997, deben " cambiar de estilo, mejorar la retórica y,más importante, articular generosas propuestas de paz".
Si se compara el actual proceso político, restrospectivamente, llegaremos a la conclusión de que los roles históricos tienden a invertirse. Me aterra pensar que alguien pueda decir que están aplicando procedimientos en algo parecidos a los de Alemania. De hecho, los palestinos están recluidos en un "ghetto" territorial, irónicamente, por decisión de Israel, es decir sólo pueden moverse dentro de un área determinada y se les exige permisos especiales para poder trabajar en zonas israelitas. Se han levantado construcciones macizas de vivienda en territorios palestinos ocupados por colonos judíos a tambor batiente, después de los conflictos bélicos. No han devuelto a Siria las alturas del Golán por temor a imprevistos ataques militares, confirmando que, en cincuenta años de residencia en el Medio Oriente, Israel todavía desconfía de sus vecinos y teme operaciones fulgurantes. La frontera con el Líbano se está descongestionando de ocupantes militares israelitas, pero la situación de los palestinos puede atizar la hoguera revanchista de las agrupaciones terroristas árabes.
El escenario geopolítico no es el mismo de la Guerra de los Seis Días. La paz del Medio Oriente tiene tutores políticos inclinados a la neutralidad, como la nueva Rusia de Putin, Europa que no quiere enemistarse con sus proveedores y clientes árabes y Estados Unidos que hila muy fino en el Medio Oriente para seguir como mediador amistoso y que no resistiría la posibilidad de un nuevo bloqueo del Golfo Pérsico que dispararía los precios del crudo a la estratósfera.
En el frente diplomático, la comunidad islámica, bajo la batuta de Egipto, reacciona solidariamente con Yasser Arafat. Ante esta situación, el gobierno laborista de Barak debe rescatar el mensaje de Rabin y Peres y alejarse de la retórica de confrontación de Netanyahu en la que ha recaído Barak. En la cancillería israelita está Shlomo Ben- Ami, ex- embajador en España y director del Centro Morris E. Curiel de Estudios Internacionales de la Universidad de Tel Aviv. Este es el momento de la diplomacia, no de la respuesta militar. Los amigos de la paz elevamos plegarias para que el revoloteo de los halcones no oscurezca el templo de Jerusalén.
El dilema entre el "asocianismo", que profesan millones de hebreos del mundo entero, Panamá incluido, que no residen en Israel aunque pueden simpatizar con la causa, y el "sionismo" del Estado de Israel, reaparece en estos días en que la convivencia árabe-israelita luce como una utopía que amenazan en diluir los retrocesos en el Acuerdo de Oslo y lanzarnos a la vorágine de una nueva conflagración en el Medio Oriente, bajo circunstancias políticas que no favorecen a Israel.
Henry Kissinger solía decir que Israel no tiene política exterior sino política interior. Después de conocer el precipitado ultimátum de Barak a los palestinos, nos sentimos tentados a darle la razón al talentoso Kissinger. Después del acuerdo de la ONU contra la violencia israelita, el ultimátum no sólo ratifica la certeza del voto negativo de la comunidad internacional sino que profundiza la crisis a niveles difíciles de ponderar.
Como admiramos la trayectoria de eminentes judíos en la historia de la cultura universal y apreciamos enormemente los esfuerzos desplegados para fundar el Estado de Israel, creemos que es un deber de amigos leales decirle a los dirigentes israelitas que el uso inequitativo de la respuesta militar les merma apoyo y que, como escribió el canciller Shlomo Ben- Ami, cuando criticaba a Netanyahu, en 1997, deben " cambiar de estilo, mejorar la retórica y,más importante, articular generosas propuestas de paz".
Si se compara el actual proceso político, restrospectivamente, llegaremos a la conclusión de que los roles históricos tienden a invertirse. Me aterra pensar que alguien pueda decir que están aplicando procedimientos en algo parecidos a los de Alemania. De hecho, los palestinos están recluidos en un "ghetto" territorial, irónicamente, por decisión de Israel, es decir sólo pueden moverse dentro de un área determinada y se les exige permisos especiales para poder trabajar en zonas israelitas. Se han levantado construcciones macizas de vivienda en territorios palestinos ocupados por colonos judíos a tambor batiente, después de los conflictos bélicos. No han devuelto a Siria las alturas del Golán por temor a imprevistos ataques militares, confirmando que, en cincuenta años de residencia en el Medio Oriente, Israel todavía desconfía de sus vecinos y teme operaciones fulgurantes. La frontera con el Líbano se está descongestionando de ocupantes militares israelitas, pero la situación de los palestinos puede atizar la hoguera revanchista de las agrupaciones terroristas árabes.
El escenario geopolítico no es el mismo de la Guerra de los Seis Días. La paz del Medio Oriente tiene tutores políticos inclinados a la neutralidad, como la nueva Rusia de Putin, Europa que no quiere enemistarse con sus proveedores y clientes árabes y Estados Unidos que hila muy fino en el Medio Oriente para seguir como mediador amistoso y que no resistiría la posibilidad de un nuevo bloqueo del Golfo Pérsico que dispararía los precios del crudo a la estratósfera.
En el frente diplomático, la comunidad islámica, bajo la batuta de Egipto, reacciona solidariamente con Yasser Arafat. Ante esta situación, el gobierno laborista de Barak debe rescatar el mensaje de Rabin y Peres y alejarse de la retórica de confrontación de Netanyahu en la que ha recaído Barak. En la cancillería israelita está Shlomo Ben- Ami, ex- embajador en España y director del Centro Morris E. Curiel de Estudios Internacionales de la Universidad de Tel Aviv. Este es el momento de la diplomacia, no de la respuesta militar. Los amigos de la paz elevamos plegarias para que el revoloteo de los halcones no oscurezca el templo de Jerusalén.