IV Feria del Libro, diferente
Han transcurrido cuatro años de la primera Feria del Libro que se realizó en Panamá. Desde entonces, hemos observado el creciente interés de los panameños por esta importante actividad cultural. No obstante, el tema de los libros en este campo no debe estar circunscrito sólo a la accesibilidad mercantil de este producto. Es decir, no se trata de estimular comercialmente el "gasto" en libros (cualquier libro), que luego nadie lee o a nadie le sirve. De lo que aquí se trata es de estimular la apreciación artística mediante la lectura de las buenas obras nacionales e internacionales. Pero esta vez la oferta de buenas obras en la Feria fue algo pobre y no logró satisfacer las expectativas que sí se llenaron en años anteriores. Aunque hay claras excepciones como la realizada por Alfaguara, el Círculo de Lectores y otras; en general, la oferta se concentró en los libros de autoayuda o los que indican cómo hacerse rico en diez pasos, los de consulta académica y los textos escolares que siempre abundan, pero que ya sabemos en qué resultan en nuestro país.
Llama la atención que en el pabellón de España, país al que este año se le dedicó la feria, no se podía comprar los libros allí expuestos. También fue notoria la disminución de las conferencias de las grandes figuras literarias internacionales que suelen atraer al público. Las visitas en masa de los estudiantes representaron el grupo más numeroso de asistentes a la Feria del Libro, en la que se combinó literatura con música de todo género.
Confiamos que los problemas podrán corregirse para la próxima edición, pues el fomento de la lectura, la calidad de la creación literaria que se ofrece y la difusión cultural de la producción de los libros, además de un activo mercado requiere, sobre todo, de un proyecto nacional de cultura. Quizá muchas cosas externas y ajenas confabularon para que, en esta ocasión, la Feria del Libro luciera desorientada en sus objetivos y con poca mística literaria.
Llama la atención que en el pabellón de España, país al que este año se le dedicó la feria, no se podía comprar los libros allí expuestos. También fue notoria la disminución de las conferencias de las grandes figuras literarias internacionales que suelen atraer al público. Las visitas en masa de los estudiantes representaron el grupo más numeroso de asistentes a la Feria del Libro, en la que se combinó literatura con música de todo género.
Confiamos que los problemas podrán corregirse para la próxima edición, pues el fomento de la lectura, la calidad de la creación literaria que se ofrece y la difusión cultural de la producción de los libros, además de un activo mercado requiere, sobre todo, de un proyecto nacional de cultura. Quizá muchas cosas externas y ajenas confabularon para que, en esta ocasión, la Feria del Libro luciera desorientada en sus objetivos y con poca mística literaria.