Jerarquía diplomática
Durante la semana que pasó ocurrieron dos hechos de alta significación diplomática que generan algunos cuestionamientos válidos de índole política. El primero corresponde con el viaje realizado por el primer vicepresidente y ministro de Relaciones Exteriores, Samuel Lewis Navarro, al Imperio del Sol Naciente. En esta visita al Japón, nuestro canciller se entrevistó con el primer ministro Koizumi y también fue recibido en el Palacio Imperial. La tercera economía del mundo es también uno de los más importantes usuarios del Canal y desde la década del 70 ha sido una de las potencias interesadas en la expansión del Canal. En los albores de la discusión sobre la conveniencia o la inconveniencia de este megaproyecto, una visita a tan alto nivel merece la mayor consideración de parte de Panamá.
El segundo hecho diplomático relevante fue el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Panamá y Cuba. Aprovechando la graduación de médicos indígenas panameños en la perla del Caribe, con el Presidente de Venezuela de testigo y probablemente de mediador, el presidente Torrijos y el presidente Castro observaron cómo el canciller Pérez Roque y el vicecanciller Durán firmaron los documentos pertinentes. Cuba tiene grandes intereses económicos en Panamá, tales como en el campo pesquero y de proveeduría general.
Todo muy positivo; sin embargo hay algo que no encaja en estas postales diplomáticas, y es que hay un trasrosque de protagonistas. En lógica diplomática el presidente Torrijos debió haber estado en Japón reunido con el primer ministro Koizumi y visitando el Palacio Imperial de uno de los grandes usuarios del Canal, así como importante suplidor de bienes y enorme mercado de exportaciones y el primer vicepresidente y canciller Lewis debió haber realizado la ceremonia de reanudación de relaciones diplomáticas con Cuba.
Si para el presidente Torrijos la reanudación de relaciones con la isla era tan importante, entonces debió haber pospuesto la ceremonia en Cuba hasta que regresara del Japón. Estamos seguros que el gobierno cubano podría organizar otra graduación si la que tenía programada no se pudiera posponer también.