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Jesús quiere que seamos humildes


Jesús, al ver a una gran muchedumbre reunida, subió a un cerro. Allí se sentó y sus discípulos se le acercaron. Comenzó a hablar y a enseñarles. En ese monte, Jesucristo pronunció las palabras que son conocidas como el sermón de la montaña y que representan un gran plan de acción, porque es el camino que Él presenta para que seas feliz.

En la primera enseñanza de las bienaventuranzas, dice Jesús: “Felices los que tienen espíritu de pobre, porque de ellos es el reino de los cielos”. ¿Quiénes son los que tienen espíritu de rico? Los orgullosos, altaneros, soberbios, autosuficientes, los que piensan que no necesitan de Dios, que pueden hacer todo por sí mismos. A esos necios que creen que lo pueden todo por sí mismos les preguntamos: ¿Quién te dio la vida? ¿Quién creó todo esto que existe?

“No seas necio”, dice la palabra. La sabiduría de Dios nos dice que sin Él nada somos; que no sabemos ni el día ni la hora en que vamos a morir, porque solo Él lo sabe y nos sostiene con su mano. Dice Jesús: felices los que tienen espíritu de pobre. La frase “espíritu de pobre” identifica a los que piensan que sin Dios no pueden ni respirar y que gracias a Él están aquí. Los que tienen espíritu de pobre dan gracias a Dios por estar vivos y por haber visto hoy la luz del sol, levantarse, caminar, descansar, convivir con la gente y amar. Espíritu de pobre implica saber que todo depende de Dios y esto se conoce como humildad, virtud que me ubica en mi realidad de ser creado, totalmente dependiente del creador. Jesús quiere que seamos humildes para despertar a la verdad.

(Primera de dos entregas)

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