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Joaquín Balaguer, el Richelieu dominicano


Un hombre ciego, de pequeña estatura, voz aflautada y memoria extraordinaria, fue el eje de la vida política de República Dominicana, durante la sangrienta dictadura de Rafael Leonidas Trujillo y, sobre todo, después de la muerte trágica del funambulesco Benefactor de la Patria. Como al Cardenal Richelieu, se agitaba en las sombras de las trastiendas políticas, muchas veces sin tener presencia física en el escenario, mandando con la astucia sutil de los asesores renacentistas que movían los hilos del poder de los príncipes y mecenas sin que se les oyera la voz.
Escribió el manifiesto "Movimiento Cívico" que derrocó al presidente Horacio Vásquez en 1930, abriéndole el camino a Rafael Leonidas Trujillo, a quien asesoró desde entonces. Fue, también, vicepresidente del "Negro" Trujillo, hasta que Rafael se cansó de su hermano Héctor Bienvenido y lo mandó a pasear a París.
Sin embargo, Balaguer se las arregló para que no lo salpicara la sangre de las víctimas de Trujillo, y este acto de neutralidad inaudita le permitió salir del closet y gobernar su país como demócrata, en elecciones abiertas. Desde entonces fue el candidato por antonomasia. Se presentó como candidato presidencial en 1966, 1970, 1974, 1978,1982,1986,1990, 1994 y 2000.
Ganó seis veces. Derrotó dos veces al escritor Juan Bosch, fundador del Partido Revolucionario Dominicano, quien después se convirtió en pro cubano y rompió con su partido. Igualmente derrotó a Juan Francisco Peña Gómez del PRD. Pero al cabo de los años amistó con Bosch y los viejos rivales firmaron un pacto para oponerse juntos al PRD. Perdió la visión y necesitaba lazarillos para caminar por las calles de Santo Domingo. Asombró al Rey de España Juan Carlos Borbón, pronunciando un discurso de dos horas, sin poder leerlo, como hacen los presidentes en las ceremonias oficiales.
Muchos lo detestaban u odiaban, pero reconocían que implantó la paz y la concordia en un país donde los asesinatos y torturas fueron moneda corriente. Soltero impenitente en el país de Porfirio Rubirosa, asceta en un clima sensual, dedicó el tiempo que otros dedican al ron o a las mujeres exclusivamente al servicio público. Por eso, el doctor Joaquín Balaguer hoy es recordado y llorado, porque pasará mucho tiempo allá o en cualquier parte, para que nazca otro político de su estirpe y astucia.

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