Jornadas mundiales de la juventud
En Colonia, Alemania, del 15 al 21 de agosto, se tendrán estas jornadas organizadas por el Consejo Pontificio de Laicos. Su Santidad Benedicto XVI se refirió a ellas en una de sus intervenciones en Castel Gandolfo de esta manera: "Se aproxima la vigésima Jornada Mundial de la Juventud y estamos ya en camino. Esta Jornada, como sabemos, se desarrollará en Colonia, y en ella, si Dios quiere, participaré también yo -aunque ya no soy joven, pero el corazón es joven- del jueves 18 al domingo 21 de agosto próximos.
Desde todas las partes de Europa y del mundo, en los próximos días, se pondrán en camino hacia Alemania grupos de muchachos y muchachas siguiendo el ejemplo de los santos Magos, como lo sugiere el tema: "Hemos venido para adorarlo". (Mt 2,2). Quisiera invitar a los jóvenes creyentes del mundo entero, incluso a quienes no podrán participar en tan extraordinario evento eclesial, a unirse en una peregrinación espiritual común hacia las fuentes de nuestra fe. Según la feliz intuición del amado Papa Juan Pablo II, la Jornada Mundial de la Juventud constituye un privilegiado encuentro con Cristo, con la firme conciencia de que sólo Él ofrece a los seres humanos plenitud de vida, de alegría y de amor. Todo cristiano está llamado a entrar en comunión profunda con el Señor crucificado y resucitado, a adorarlo en la oración, en la meditación y sobre todo en la devota participación en la Eucaristía, al menos el Domingo, pequeña "Pascua semanal". De este modo, nos convertimos en verdaderos discípulos suyos, dispuestos a anunciar y testimoniar en todo momento la belleza y la fuerza renovadora del Evangelio.
Que la Virgen Madre del Redentor, de quien en el mes de agosto recordaremos la Asunción al Cielo, vele por quienes se preparan a participar en la Jornada Mundial de la Juventud. Que Ella, que siempre nos precede en la peregrinación de la fe, guíe de manera especial a los jóvenes en la búsqueda del bien verdadero y de la alegría auténtica". Efectivamente, de Panamá, según informaciones recabadas, ya marcharon cerca de 300 jóvenes en distintas expediciones acompañados por distintos presbíteros locales y podemos suponer que de los países del Norte, del Centro y del Sur de nuestro continente latino habrán enviado sus abigarradas delegaciones de juventud. ¿Qué se consigue con estas reuniones cosmopolitas a las cuales asisten distintas clases de jóvenes que lo único que los unifica es el margen de su edad cronológica entre los 18 y los 30 y los diversifican factores económicos, políticos, raciales, e intelectuales?
Alimentamos la esperanza de que parte de los frutos meta que se proponen sus organizadores se obtengan con creces y en el ambiente de fe, hacemos votos porque toda esa juventud experimente una reavivación de su fe católica que es el fundamento de nuestra esperanza del futuro de la Iglesia.
Muchos son los comentarios de los adultos respecto al rumbo que lleva la juventud hoy día, mucho nos lamentamos de sus gustos, modas, y hábitos de conducta que reclaman, o poca simpatía de parte de muchos de sus progenitores.
Oportunamente, el psicoanalista francés Tony Atratella, especialista en siquiatría social, ofreció sus reflexiones sobre "El mundo de los jóvenes de hoy. ¿Quiénes son? ¿Qué buscan? Cito de su escrito este párrafo: Los jóvenes manifiestan una variada fragilidad aunque permanezcan abiertos, disponibles y generosos. Ya no pesan sobre ellos ideologías como en las generaciones precedentes. Aspiran a relaciones auténticas y están en búsqueda de la verdad, pero al no encontrarlas en la realidad, esperan encontrarlas en su propio interior. Tal actitud los predispone a replegarse dentro de su propias sensaciones y del individualismo, poniendo a su disposición el vínculo social y el sentido del interés general. Aunque el contexto social no les ayude a desarrollar una verdadera y propia dimensión espiritual, están dispuestos a comprometerse con algunas causas más grandes que las suyas". Abundaremos más sobre el tema.
Desde todas las partes de Europa y del mundo, en los próximos días, se pondrán en camino hacia Alemania grupos de muchachos y muchachas siguiendo el ejemplo de los santos Magos, como lo sugiere el tema: "Hemos venido para adorarlo". (Mt 2,2). Quisiera invitar a los jóvenes creyentes del mundo entero, incluso a quienes no podrán participar en tan extraordinario evento eclesial, a unirse en una peregrinación espiritual común hacia las fuentes de nuestra fe. Según la feliz intuición del amado Papa Juan Pablo II, la Jornada Mundial de la Juventud constituye un privilegiado encuentro con Cristo, con la firme conciencia de que sólo Él ofrece a los seres humanos plenitud de vida, de alegría y de amor. Todo cristiano está llamado a entrar en comunión profunda con el Señor crucificado y resucitado, a adorarlo en la oración, en la meditación y sobre todo en la devota participación en la Eucaristía, al menos el Domingo, pequeña "Pascua semanal". De este modo, nos convertimos en verdaderos discípulos suyos, dispuestos a anunciar y testimoniar en todo momento la belleza y la fuerza renovadora del Evangelio.
Que la Virgen Madre del Redentor, de quien en el mes de agosto recordaremos la Asunción al Cielo, vele por quienes se preparan a participar en la Jornada Mundial de la Juventud. Que Ella, que siempre nos precede en la peregrinación de la fe, guíe de manera especial a los jóvenes en la búsqueda del bien verdadero y de la alegría auténtica". Efectivamente, de Panamá, según informaciones recabadas, ya marcharon cerca de 300 jóvenes en distintas expediciones acompañados por distintos presbíteros locales y podemos suponer que de los países del Norte, del Centro y del Sur de nuestro continente latino habrán enviado sus abigarradas delegaciones de juventud. ¿Qué se consigue con estas reuniones cosmopolitas a las cuales asisten distintas clases de jóvenes que lo único que los unifica es el margen de su edad cronológica entre los 18 y los 30 y los diversifican factores económicos, políticos, raciales, e intelectuales?
Alimentamos la esperanza de que parte de los frutos meta que se proponen sus organizadores se obtengan con creces y en el ambiente de fe, hacemos votos porque toda esa juventud experimente una reavivación de su fe católica que es el fundamento de nuestra esperanza del futuro de la Iglesia.
Muchos son los comentarios de los adultos respecto al rumbo que lleva la juventud hoy día, mucho nos lamentamos de sus gustos, modas, y hábitos de conducta que reclaman, o poca simpatía de parte de muchos de sus progenitores.
Oportunamente, el psicoanalista francés Tony Atratella, especialista en siquiatría social, ofreció sus reflexiones sobre "El mundo de los jóvenes de hoy. ¿Quiénes son? ¿Qué buscan? Cito de su escrito este párrafo: Los jóvenes manifiestan una variada fragilidad aunque permanezcan abiertos, disponibles y generosos. Ya no pesan sobre ellos ideologías como en las generaciones precedentes. Aspiran a relaciones auténticas y están en búsqueda de la verdad, pero al no encontrarlas en la realidad, esperan encontrarlas en su propio interior. Tal actitud los predispone a replegarse dentro de su propias sensaciones y del individualismo, poniendo a su disposición el vínculo social y el sentido del interés general. Aunque el contexto social no les ayude a desarrollar una verdadera y propia dimensión espiritual, están dispuestos a comprometerse con algunas causas más grandes que las suyas". Abundaremos más sobre el tema.