Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ)
Hace algunos años cuando estudiábamos en el colegio de la Salle nos enseñaban a poner en la parte alta de las tareas las iniciales JMJ, (Jesús, José y María), como parte de una pedagogía de lo religioso y piadoso. Hoy estas iniciales tienen otro sentido JMJ por Jornadas Mundiales de la Juventud. Es la número 17. Y esta vez tuvo lugar en la ciudad norteña del Canadá, Toronto, que para muchos de los panameños deportistas y amantes del deporte de la manilla y el bate lo conocen como los Blue Jays o los Azulejos. Es una ciudad de 2 millones y medio de habitantes, en donde hay 200 grupos humanos, se hablan 100 idiomas y dialectos.
Nuestro achacoso Pontífice Juan Pablo II, en un desconcertante gesto de tenacidad a sus 82 años, después de 9 horas de vuelo desde Roma donde fue ascendido al avión por un elevador especial, ha descendido del avión por sus propios pies dejando con la boca abierta a todo el mundo.
Prudentemente, reposa en una isla de Strawberry, de un lago, a distancia de helicóptero, paseado en carro de golf, mientras reza, lee y descansa junto a su médico particular Renato Buzzonetti y la hermana polaca Sor Tobiana y su secretario particular desde que fue Arzobispo de Cracovia, su Excelencia Stanislaw Dziwisz quien es quien dirige todos los movimientos de tan Alto Prelado. Después de tres días de reposo se manifestará a las multitudes. Existía el plan de invitar a almorzar a diez jóvenes, dos por continente. A ver si nos toca como en el certamen de Miss Universo.
A su arribo a Canadá, dentro de las sinuosidades protocolares, respondió, según algunos medios a veces en forma ininteligible, al saludo del alcalde Jean Chretien, aludiendo a los "jóvenes de todos los puntos del mundo que se reúnen aquí para participar en esta Jornada. Con sus dones de inteligencia y de corazón, son el futuro del mundo. Pero llevan también la marca de una humanidad que, con demasiada frecuencia, no experimenta ni la paz ni la justicia. Demasiadas vidas comienzan y concluyen sin alegría ni esperanza... Una de las razones de ser de estas jornadas es: los jóvenes se están reuniendo para comprometerse con la fuerza de su fe en Jesucristo a servir a la gran causa de la paz y de la solidaridad humana. Gracias a ti, Toronto; Gracias a ti, Canadá por la acogida ofrecida de brazos abiertos a todos estos jóvenes".
De Panamá viajó un buen contingente. El Camino Neo catecumenal como ya es proverbial, mandó una embajada numerosa, y los grupos juveniles de Santa Marta con el P. Rómulo Aguilar, del Perpetuo Socorro con el P. Rafael Siu, de Santa María de Cerro Viento, un grupo con el P. Reinaldo Karamañites y otros sacerdotes del interior de la República nos estuvieron representando allá. Asimismo con el Ballet de Teresa Mann. El distintivo de la juventud: "mochila a la espalda y visera". Estas jornadas vienen sucediéndose desde 1984 en Roma hasta Roma 2000, pasando por Buenos Aires, Santiago de Compostela, Czewstochowa, Denver, Manila y París. El idioma oficial: francés e inglés. A los de otras lenguas se les facilita las traducciones.
James Stafford, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, Encargado de la Organización por parte de la Santa Sede en su intervención inaugural pone en boca de los jóvenes asistentes del 173 países en número de 200,000, como consigna de este encuentro la pregunta del joven del evangelio "¿Maestro, qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?".
"Jesús es lo mejor que le ha sucedido al hombre" afirma el Cardenal Arzobispo de Toronto, Ambrozic.
La cuestión numérica no preocupa. Lo importante, según uno de los organizadores, es que los jóvenes tengan la experiencia del encuentro con Jesucristo de manera que estas jornadas puedan convertirse verdaderamente en laboratorios de fe.
"Sí, Jesús es un ser humano pero mucho más que eso, es el Dios, Dios con nosotros, Dios hecho tangible y visible" continuaba el prelado canadiense, en la liturgia de bienvenida. Se hicieron plegarias en varios idiomas, incluso en swahili, y se concluyó con una súplica en árabe pidiendo por todos los que trabajan por la paz, por la justicia y la reconciliación en el mundo, para que sus esfuerzos den fruto en una era de armonía y fraternidad.
A la hora del Ofertorio, se portaron velas encendidas con la llama del jardín de la paz del Nathan Phillips Square del Ayuntamiento de Toronto, donde el Papa en 1984, el 14 de setiembre, había iluminado con un tizón proveniente del Memorial de la Paz de Hiroshima.
Unos 25,000 jóvenes latinoamericanos participan entre esos 200 cubanos y 7,000 españoles. A muchos de Sierra Leona, Perú y Ecuador les negaron la visa por su situación económica precaria. Los crucifijos que llevan en la Jornada fueron hechos en una barriada colombiana. En el Exhibition Place el día de la inauguración se entonó un himno por participantes, 400 voces, de 16 y 35 años, entonando el "Medley", pupurri de los himnos de las precedentes jornadas mundiales. Una inyección de optimismo mundial.
Nuestro achacoso Pontífice Juan Pablo II, en un desconcertante gesto de tenacidad a sus 82 años, después de 9 horas de vuelo desde Roma donde fue ascendido al avión por un elevador especial, ha descendido del avión por sus propios pies dejando con la boca abierta a todo el mundo.
Prudentemente, reposa en una isla de Strawberry, de un lago, a distancia de helicóptero, paseado en carro de golf, mientras reza, lee y descansa junto a su médico particular Renato Buzzonetti y la hermana polaca Sor Tobiana y su secretario particular desde que fue Arzobispo de Cracovia, su Excelencia Stanislaw Dziwisz quien es quien dirige todos los movimientos de tan Alto Prelado. Después de tres días de reposo se manifestará a las multitudes. Existía el plan de invitar a almorzar a diez jóvenes, dos por continente. A ver si nos toca como en el certamen de Miss Universo.
A su arribo a Canadá, dentro de las sinuosidades protocolares, respondió, según algunos medios a veces en forma ininteligible, al saludo del alcalde Jean Chretien, aludiendo a los "jóvenes de todos los puntos del mundo que se reúnen aquí para participar en esta Jornada. Con sus dones de inteligencia y de corazón, son el futuro del mundo. Pero llevan también la marca de una humanidad que, con demasiada frecuencia, no experimenta ni la paz ni la justicia. Demasiadas vidas comienzan y concluyen sin alegría ni esperanza... Una de las razones de ser de estas jornadas es: los jóvenes se están reuniendo para comprometerse con la fuerza de su fe en Jesucristo a servir a la gran causa de la paz y de la solidaridad humana. Gracias a ti, Toronto; Gracias a ti, Canadá por la acogida ofrecida de brazos abiertos a todos estos jóvenes".
De Panamá viajó un buen contingente. El Camino Neo catecumenal como ya es proverbial, mandó una embajada numerosa, y los grupos juveniles de Santa Marta con el P. Rómulo Aguilar, del Perpetuo Socorro con el P. Rafael Siu, de Santa María de Cerro Viento, un grupo con el P. Reinaldo Karamañites y otros sacerdotes del interior de la República nos estuvieron representando allá. Asimismo con el Ballet de Teresa Mann. El distintivo de la juventud: "mochila a la espalda y visera". Estas jornadas vienen sucediéndose desde 1984 en Roma hasta Roma 2000, pasando por Buenos Aires, Santiago de Compostela, Czewstochowa, Denver, Manila y París. El idioma oficial: francés e inglés. A los de otras lenguas se les facilita las traducciones.
James Stafford, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, Encargado de la Organización por parte de la Santa Sede en su intervención inaugural pone en boca de los jóvenes asistentes del 173 países en número de 200,000, como consigna de este encuentro la pregunta del joven del evangelio "¿Maestro, qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?".
"Jesús es lo mejor que le ha sucedido al hombre" afirma el Cardenal Arzobispo de Toronto, Ambrozic.
La cuestión numérica no preocupa. Lo importante, según uno de los organizadores, es que los jóvenes tengan la experiencia del encuentro con Jesucristo de manera que estas jornadas puedan convertirse verdaderamente en laboratorios de fe.
"Sí, Jesús es un ser humano pero mucho más que eso, es el Dios, Dios con nosotros, Dios hecho tangible y visible" continuaba el prelado canadiense, en la liturgia de bienvenida. Se hicieron plegarias en varios idiomas, incluso en swahili, y se concluyó con una súplica en árabe pidiendo por todos los que trabajan por la paz, por la justicia y la reconciliación en el mundo, para que sus esfuerzos den fruto en una era de armonía y fraternidad.
A la hora del Ofertorio, se portaron velas encendidas con la llama del jardín de la paz del Nathan Phillips Square del Ayuntamiento de Toronto, donde el Papa en 1984, el 14 de setiembre, había iluminado con un tizón proveniente del Memorial de la Paz de Hiroshima.
Unos 25,000 jóvenes latinoamericanos participan entre esos 200 cubanos y 7,000 españoles. A muchos de Sierra Leona, Perú y Ecuador les negaron la visa por su situación económica precaria. Los crucifijos que llevan en la Jornada fueron hechos en una barriada colombiana. En el Exhibition Place el día de la inauguración se entonó un himno por participantes, 400 voces, de 16 y 35 años, entonando el "Medley", pupurri de los himnos de las precedentes jornadas mundiales. Una inyección de optimismo mundial.