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José María Gómez De La Torre


Conocí a mi buen amigo el doctor Gómez De La Torre en la década de los años ochenta cuando él realizaba por primera vez una misión diplomática en Panamá.
Desde entonces conozco de su preparación profesional de la que ha demostrado ser un experimentado diplomático a través de casi diez años que ha ejercido funciones en nuestro país, en dos ocasiones. El doctor Gómez ha sido un amigo sincero y permanente de Panamá y lo ha demostrado en las diversas situaciones que le ha tocado vivir esa relación entre los dos países hermanos, a las que él ha contribuido a robustecer con su tino y decisión. No solamente ha sido el ministro de la Embajada del Ecuador en Panamá, el Cónsul General y en muchas ocasiones el Encargado de Negocios de su país, sino el activo participante en actos cívicos, comerciales y culturales, tratando en todo momento de reforzar esa hermandad ecuatoriano panameña. Sin temor a equivocarme podría afirmar que el doctor Gómez de la Torre ha sido un Embajador sin título del educador en este Istmo tan grato para su afecto.
El amigo Gómez De La Torre es también un ferviente bolivariano y un cultor de la memoria de esos grandes próceres americanos que nos sirven de guía en los momentos actuales. Su participación en la Sociedad Bolivariana y en el Instituto Mirandino ha sido siempre permanente.
Hombre de letras ha escrito varios libros, dos de los cuales ha presentado en Panamá. Muchos artículos de él han sido publicados en la prensa panameña y ha dado conferencias en distintas entidades de este país como la Universidad, la Municipalidad, etc.
Se ha vinculado también con entidades cívicas y culturales panameñas como son el Instituto Panameño de Cultura Hispánica, el Club Rotario, las universidades y las Cámaras de Comercio.
El doctor Gómez De La Torre es también abogado y doctor en Ciencias Internacionales, al par que catedrático universitario, pero sobre todo, es una persona sencilla y de gran sentido humano que rinde culto a la amistad y que, de manera especial se siente muy ligado a este país en donde le ha tocado vivir buena parte de su brillante carrera diplomática y del cual tiene recuerdos imborrables.
Ahora que retorna a su tierra natal para encargarse de nuevas funciones que le destina su Gobierno, quiero darle un cordial saludo desde esta columna, desearle prosperidad y que siga cultivando esa hermosa cualidad que es la amistad y el afecto hacia las nobles causas de la hermandad latinoamericana.
Yo podría repetir y ampliar aquí la perdurable consigna del Apóstol José Martí, el cubano glorioso, quien por ser hombre libre y de buenas costumbres, afirmó que tanto el Precursor como el Libertador tienen mucho que hacer en América, todavía. Y ese quehacer necesita la cooperación de quienes compartimos, a través del relevo de las generaciones, los mismos ideales y propósitos de esos próceres, quienes se empinan, como los picos nevados de los Andes, para descollar perennemente en el friso de la historia.

101 años de Panamá América

 
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