Juan B. Velarde (En mi memoria)
Este sábado, en el salón del Consejo Municipal de Las Tablas, le rendirán homenaje a Juan B. Velarde. La tarjeta de invitación para este importante acto, enuncia claramente su objeto: "Homenaje en memoria del maestro"
El recuerdo de Juan Velarde me inspira dos tipos de comentarios. Uno es del orden sentimental, porque él fue mi compadre y mi amigo. El otro es de orden intelectual, porque Juan Velarde fue un coterráneo que por sus realizaciones mereció la fama y el prestigio de gran santeño. Fue un gran maestro que sembró en la mente de varias generaciones de hombres y mujeres de la provincia de Los Santos los baluartes del saber y del civismo. Nació y vivió en Las Tablas, y la suya fue una vida comprometida con las tareas del magisterio que él concebía como trabajo y como proyecto. Promovió, organizó y dirigió la enseñanza secundaria en Las Tablas y su acción educadora y civilizadora irradió en todas las comunidades santeñas. Con su labor desvelada para optimizar el nivel de la enseñanza en la provincia, Juan Velarde contribuyó enormemente a que miles de jóvenes tuvieran el horizonte más claro, porque se les ofrecía un futuro.
Juan B. Velarde fue, durante largos e intensos años, el director de la Escuela Secundaria de Las Tablas. Participó en la vida de la comunidad santeña con altruismo, con apertura y con exigencia moral. Su personalidad le confirió un gran protagonismo social. Nunca cedió, nunca se rindió frente a las diversas formas que puede adoptar el desorden, la negligencia, la incompetencia o la mediocridad. Se esforzó grandemente para poner el plantel que dirigió al abrigo de todo lo que podía menoscabar los contenidos valiosos de la vida escolar. Fue el director de un conjunto de profesores y alumnos que reconocieron en él, permanentemente, la rectitud de la conducta personal, la idoneidad y la ecuanimidad del dirigente.
Tengo 90 años y puedo decir que pocos, muy pocos seres entre los que me ha tocado conocer, asumieron con la entereza que lo hizo Juan Velarde, el paradigma de la autoridad educativa.
Tuvo 9 hijos con su matrimonio con la difunta Guadalupe Batista de Velarde, una dama de singular encanto y excepcionales calidades de esposa y madre. Enoch, Abdiel, Arminda, Rosa, Guadalupe, Oscar, Jaime, Rodrigo y Roberto son testimonio expresivo de que Juan Velarde cumplió en su hogar lo que promovía en su vida pública. Los seres que ya han partido no son permeables al elogio, pero creo que a través del recuerdo agradecido podemos empezar a acompañarlos en la eternidad.
Adhiero con emoción profunda al homenaje que se le rinde y hago votos para que sea perenne el reconocimiento y el agradecimiento de la comunidad y de nación panameña a ese tableño ejemplar.
El recuerdo de Juan Velarde me inspira dos tipos de comentarios. Uno es del orden sentimental, porque él fue mi compadre y mi amigo. El otro es de orden intelectual, porque Juan Velarde fue un coterráneo que por sus realizaciones mereció la fama y el prestigio de gran santeño. Fue un gran maestro que sembró en la mente de varias generaciones de hombres y mujeres de la provincia de Los Santos los baluartes del saber y del civismo. Nació y vivió en Las Tablas, y la suya fue una vida comprometida con las tareas del magisterio que él concebía como trabajo y como proyecto. Promovió, organizó y dirigió la enseñanza secundaria en Las Tablas y su acción educadora y civilizadora irradió en todas las comunidades santeñas. Con su labor desvelada para optimizar el nivel de la enseñanza en la provincia, Juan Velarde contribuyó enormemente a que miles de jóvenes tuvieran el horizonte más claro, porque se les ofrecía un futuro.
Juan B. Velarde fue, durante largos e intensos años, el director de la Escuela Secundaria de Las Tablas. Participó en la vida de la comunidad santeña con altruismo, con apertura y con exigencia moral. Su personalidad le confirió un gran protagonismo social. Nunca cedió, nunca se rindió frente a las diversas formas que puede adoptar el desorden, la negligencia, la incompetencia o la mediocridad. Se esforzó grandemente para poner el plantel que dirigió al abrigo de todo lo que podía menoscabar los contenidos valiosos de la vida escolar. Fue el director de un conjunto de profesores y alumnos que reconocieron en él, permanentemente, la rectitud de la conducta personal, la idoneidad y la ecuanimidad del dirigente.
Tengo 90 años y puedo decir que pocos, muy pocos seres entre los que me ha tocado conocer, asumieron con la entereza que lo hizo Juan Velarde, el paradigma de la autoridad educativa.
Tuvo 9 hijos con su matrimonio con la difunta Guadalupe Batista de Velarde, una dama de singular encanto y excepcionales calidades de esposa y madre. Enoch, Abdiel, Arminda, Rosa, Guadalupe, Oscar, Jaime, Rodrigo y Roberto son testimonio expresivo de que Juan Velarde cumplió en su hogar lo que promovía en su vida pública. Los seres que ya han partido no son permeables al elogio, pero creo que a través del recuerdo agradecido podemos empezar a acompañarlos en la eternidad.
Adhiero con emoción profunda al homenaje que se le rinde y hago votos para que sea perenne el reconocimiento y el agradecimiento de la comunidad y de nación panameña a ese tableño ejemplar.