Juan C. Duque McNamara: Elogio a la sencillez
¿Y cómo fue ese viaje?- era el saludo de bienvenida, que acompañado de una sonrisa sin desentono, nos daba Juan Carlos Duque McNamara, tras el regreso de alguna gira por un punto de la contrastante geografía de Panamá. A cuatro años de su desaparición física, el entorno de su personalidad, con virtudes que lo hacen trascender sobre las ligerezas de ser humano, rompe los fríos comentarios de algún(a) paniaguado(a) detractor(a).
Juan Carlos era llamado Johnny, una respuesta de la gente a su amical sencillez y don de gente. Y es que su modo de ¨chotearse¨ con los marginados de San Felipe y Santa Ana, rompía los moldes de arrogancia y las pretensiones que imponen el "estatus social". Compartí con él casi una década de experiencia en el periodismo impreso. Vivencias que iniciaron en la Catedral, en la vieja redacción de La Estrella de Panamá, de ventanales altos y piso entablado. Allí, el horizonte lo domina la entrada al Canal de Panamá y la calzada de Amador.
Desde su infancia, se familiarizó con las Underwood y Olimpia y las cuartillas. Aprendía al conversar con los tipógrafos sobre el vasto y espléndido mundo de las artes gráficas.
Ya superados los treinta años y en su rol como Jefe de Redacción de "La Decana", sus camisillas blancas con un buen quiebre de la plancha, mostraban su modo conservador de vestir. Rompía el silencio de la redaccción diciéndonos: ¨Buen día¨. Inmediatamente, pasaba revista a portada y contraportada del diario. Ponía especial atención a la calidad de la impresión y a los colores, si los había. Sus habilidades como diagramador del diario eran indiscutibles. Organizaba planas y suplementos con indescriptible rapidez.
Tras ver la presentación del periódico, eventualmente hacía algún comentario sobre el contenido de una noticia, lo que tenía eco en Don Leonidas Escobar, hombre de letras y quien era asistente del Director. Este lanzaba una expresión-a manera de respuesta-muy típica en este país: "Oiga, en Panamá todo mundo se conoce...es muy chiquito".
Revisaba los fax llegados e informaba a Don Leonidas a quien el papá de Johnny, Pepillo ,denominaba el León del Tolima (aludiendo sus raíces colombianas y a sus grandes dotes de orador y escritor), sobre las prioridades a cubrir, incluyendo los compromisos con los anunciantes. Una de las mayores preocupaciones de Juan Carlos fue modernizar el periódico para enfrentar cualquier competencia. Siempre insistió, a mediados de la década de los ´80, en la necesidad de incorporar la tecnología digital a la redacción. El tiempo de llevar las viejas máquinas de escribir a algún museo, donarlas o venderlas, había llegado al diario panameño.
Juan Carlos encontraba en los sabores que da un buen café capuccino y un batido de su fruta preferida,la papaya, los placeres sencillos que nos ofrece la vida. Al menos una vez a la semana se iba al Café Coca-Cola ,en Santa Ana, a disfrutarlos y a bromear con Ricardo A. Pardo, el polémico columnista deportivo de la Estrella de Panamá, que "no se dejaba", como el mismo Johnny decía. Al final de aquella sabrosa tertulia, quienes lo escuchaban daban un veredicto unánime: empate. Juan Carlos estaba claro en cuanto a que el conocimiento de otras culturas enriquecía el bagaje del reportero, por lo que procuraba dar todas las facilidades a su alcance para que los periodistas no tuvieran como límite Paso Canoas y Puerto Obaldía.
Jhonny tenía esta visión de la objetividad: "Mi misión consiste en permitir que la gente opine, sólo que en forma respetuosa". De esta manera, permitía sin arrepentimiento, que los apologistas del Che y Fidel compartieran la página de opinión con panameños que alentaban las ideas geopolíticas de Ronald Reagan o George Bush. Unos y otros se peleaban los lugares y días en que sus artículos aparecerían. Era tanto el interés por ver sus producciones que buscaban el apoyo de Don Leonidas, quien le decía a Johnny: "oiga, le llamó... (fulano) para recordarle que le publique su artículo en la página que el convino con usted", a lo que Juan Carlos respondía generalmente: "Yo no he convenido ni página ni día. Sólo le dije que esta semana le publicaría su material". Aquellas vivencias con las rotativas, los tipómetros, los recuadros y filetes del mundo de la tipografía, sumadas a su concepto de objetividad en el Periodismo, lo llevaron a una iniciativa crucial: Fundar un periódico. La coyuntura llegó, al acentuarse las diferencias por el control familiar del diario al cual llegó desde niño.
Juan Carlos logra asociarse con inversionistas locales que acogen su iniciativa. Desde ese momento, su trabajo por el proyecto se convierte en casi una obsesión que satisfizo cuando saca el primer ejemplar de un nuevo diario standard. Así hace realidad sus sueños de la niñez. Para quienes lo tratamos y lo tenemos como un amigo, creemos que su paso terrenal no quedó en el destierro de la frugalidad y el olvido. Su espíritu trasciende, con fuerza,en el ámbito de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo.
Juan Carlos era llamado Johnny, una respuesta de la gente a su amical sencillez y don de gente. Y es que su modo de ¨chotearse¨ con los marginados de San Felipe y Santa Ana, rompía los moldes de arrogancia y las pretensiones que imponen el "estatus social". Compartí con él casi una década de experiencia en el periodismo impreso. Vivencias que iniciaron en la Catedral, en la vieja redacción de La Estrella de Panamá, de ventanales altos y piso entablado. Allí, el horizonte lo domina la entrada al Canal de Panamá y la calzada de Amador.
Desde su infancia, se familiarizó con las Underwood y Olimpia y las cuartillas. Aprendía al conversar con los tipógrafos sobre el vasto y espléndido mundo de las artes gráficas.
Ya superados los treinta años y en su rol como Jefe de Redacción de "La Decana", sus camisillas blancas con un buen quiebre de la plancha, mostraban su modo conservador de vestir. Rompía el silencio de la redaccción diciéndonos: ¨Buen día¨. Inmediatamente, pasaba revista a portada y contraportada del diario. Ponía especial atención a la calidad de la impresión y a los colores, si los había. Sus habilidades como diagramador del diario eran indiscutibles. Organizaba planas y suplementos con indescriptible rapidez.
Tras ver la presentación del periódico, eventualmente hacía algún comentario sobre el contenido de una noticia, lo que tenía eco en Don Leonidas Escobar, hombre de letras y quien era asistente del Director. Este lanzaba una expresión-a manera de respuesta-muy típica en este país: "Oiga, en Panamá todo mundo se conoce...es muy chiquito".
Revisaba los fax llegados e informaba a Don Leonidas a quien el papá de Johnny, Pepillo ,denominaba el León del Tolima (aludiendo sus raíces colombianas y a sus grandes dotes de orador y escritor), sobre las prioridades a cubrir, incluyendo los compromisos con los anunciantes. Una de las mayores preocupaciones de Juan Carlos fue modernizar el periódico para enfrentar cualquier competencia. Siempre insistió, a mediados de la década de los ´80, en la necesidad de incorporar la tecnología digital a la redacción. El tiempo de llevar las viejas máquinas de escribir a algún museo, donarlas o venderlas, había llegado al diario panameño.
Juan Carlos encontraba en los sabores que da un buen café capuccino y un batido de su fruta preferida,la papaya, los placeres sencillos que nos ofrece la vida. Al menos una vez a la semana se iba al Café Coca-Cola ,en Santa Ana, a disfrutarlos y a bromear con Ricardo A. Pardo, el polémico columnista deportivo de la Estrella de Panamá, que "no se dejaba", como el mismo Johnny decía. Al final de aquella sabrosa tertulia, quienes lo escuchaban daban un veredicto unánime: empate. Juan Carlos estaba claro en cuanto a que el conocimiento de otras culturas enriquecía el bagaje del reportero, por lo que procuraba dar todas las facilidades a su alcance para que los periodistas no tuvieran como límite Paso Canoas y Puerto Obaldía.
Jhonny tenía esta visión de la objetividad: "Mi misión consiste en permitir que la gente opine, sólo que en forma respetuosa". De esta manera, permitía sin arrepentimiento, que los apologistas del Che y Fidel compartieran la página de opinión con panameños que alentaban las ideas geopolíticas de Ronald Reagan o George Bush. Unos y otros se peleaban los lugares y días en que sus artículos aparecerían. Era tanto el interés por ver sus producciones que buscaban el apoyo de Don Leonidas, quien le decía a Johnny: "oiga, le llamó... (fulano) para recordarle que le publique su artículo en la página que el convino con usted", a lo que Juan Carlos respondía generalmente: "Yo no he convenido ni página ni día. Sólo le dije que esta semana le publicaría su material". Aquellas vivencias con las rotativas, los tipómetros, los recuadros y filetes del mundo de la tipografía, sumadas a su concepto de objetividad en el Periodismo, lo llevaron a una iniciativa crucial: Fundar un periódico. La coyuntura llegó, al acentuarse las diferencias por el control familiar del diario al cual llegó desde niño.
Juan Carlos logra asociarse con inversionistas locales que acogen su iniciativa. Desde ese momento, su trabajo por el proyecto se convierte en casi una obsesión que satisfizo cuando saca el primer ejemplar de un nuevo diario standard. Así hace realidad sus sueños de la niñez. Para quienes lo tratamos y lo tenemos como un amigo, creemos que su paso terrenal no quedó en el destierro de la frugalidad y el olvido. Su espíritu trasciende, con fuerza,en el ámbito de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo.