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Jubilaciones especiales, el principio de un gran problema


En estos tiempos de modernización, avanzadas tecnologías y diversificación de especialidades, cada uno escoge en lo que se quiere especializar para realizar el trabajo con placer y disfrutar de él. El que es educador, es porque le gusta enseñar. Las que son enfermeras, es porque les gusta servir los enfermos. Nadie hace lo que no le gusta hacer. Mi papá quería que yo fuera médico, pero no lo soy por no tener la inclinación o vocación a la medicina. Me gusta es la administración y es como mejor me desenvuelvo profesionalmente, con los consecuentes riesgos que el estrés nos crea, debido a las responsabilidades que se asumen cuando se administra una empresa. Todos los trabajos tienen un grado de riesgo y de desgaste, es normal, uno mas que otros, puede ser, pero tienen sus compensaciones que equilibran.
El gobierno anterior, entre las cosas buenas que hizo, fue la de eliminar estos privilegios que no se justificaban y eran una carga adicional a la pobre Caja del Seguro Social. Tuvo un costo político para esa administración, pero había que hacerlo por el bien de la Caja que es de todos los que pagamos nuestras cuotas y esperamos algún día jubilarnos a una edad en la que aún podamos disfrutar de nuestros ahorros. Este era un tema cerrado y se podía quedar así.
Esta administración, en vez de ir para adelante con un problema resuelto, no estimó las consecuencias que le traería al reabrir el sentido tema de las jubilaciones especiales con los educadores, y se ha buscado un problema de tal magnitud que ya lo estamos viendo, que por los aires que estos traen, es apenas el principio de un gran problema.
Ahora están las enfermeras, luego serán los de la Contraloría General y así todos los que en un momento perdieron la conquista.
También hay otros trabajadores quienes también se merecen una jubilación especial y que se debería considerar si se abre el tema, por ejemplo citamos a :
El personal que recolecta la basura, que tienen sus riesgos de salud.
Los trabajadores de la construcción, arriesgan sus vidas en andamios peligrosos.
Los que viven en Panamá y tienen que trabajar en Colón, sus vidas están todos los días en peligro con una carretera totalmente insegura.
Los trabajadores de las Plantas de Cemento, aspirando todos los días un polvillo que les afecta sus pulmones.
Los que trabajan en los medios de comunicación logrando noticias, a cada rato son golpeados o heridos realizando su trabajo.
En fin, podemos enumerar gran cantidad de trabajadores cuyas funciones o responsabilidades tienen igual o mayor desgaste o riesgo que los que reclaman ahora una jubilación especial.
Con todo el respeto que merecen los educadores y las enfermeras, pero no pueden haber privilegios para unos y para otros no. La Constitución Nacional lo prohibe. Además, de la Caja de Seguro Social oímos decir con frecuencia que esta quebrada y sólo veo que cuando me toque mi jubilación voy a estar muerto o sin ánimos de vivir, porque al ritmo que van los cálculos actuariales, la jubilación me tocará a los setenta años o más, porque no tengo derecho a una jubilación especial. Bienaventurados los que llegan o pasan a esa edad, ya que las estadísticas nos indican cada vez que el promedio de años vida para el ser humano está bajando considerablemente y es precisamente por la modernización y todo esto nos afecta en el diario vivir.
Un legislador oficialista consciente de que no hay recursos y que sabe lo que se le viene encima, en La Crítica de 4 de abril, dice que estas jubilaciones pueden ser evaluadas por el Fondo Fiduciario. Por favor señores, dejen de repartir lo que no es de ustedes, hay que ser más responsables y menos políticos. Nada de privilegios y trabajemos por Panamá que es de todos.

101 años de Panamá América

 
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