Juega vivo en Amador
En días pasados Jean Figali, el representante de uno de los arrendatarios de la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) en el desarrollo turístico de Amador, dijo que era "absurdo" que la ARI les cobrara el costo de la infraestructura, incluyendo vías y estacionamientos. A primera vista parece razonable ese planteamiento, ya que usualmente el gobierno corre con el costo de esta inversión; sin embargo, una revisión del contrato suscrito por el arrendatario quejoso, así como los demás firmados por el resto de sus vecinos en Amador, revela que todos y cada uno de ellos pactaron con la entidad reembolsarle su inversión. ¿Por qué ahora pretende cambiarlo?
El contrato firmado por Grupo F Internacional, S.A., propiedad del señor Figali, en marzo de 2001, recordado por muchos por la premura con que se firmó habida cuenta del concurso de Miss Universo que estaba próximo a celebrarse en Panamá, establece claramente en su cláusula 30 que la ARI realizó una inversión de 32 millones de balboas y que el arrendatario, es decir Figali, pagaría a ésta el 12.5% del costo de esa infraestructura en doce pagos anuales iguales. Además, Figali hasta pactó pagar intereses sobre el saldo adeudado. Anticipándose inclusive más inversiones en infraestructura, como lo será el ensanche de la vía existente y el riesgo que este pago no tuviera límites para el arrendatario, la cláusula estipula un techo de inversiones en infraestructura y, por lo tanto, un techo en la obligación de reembolso del arrendatario, sobre la base de una inversión total de 72 millones de balboas.
Los demás contratos suscritos por la ARI con los otros arrendatarios del desarrollo turístico de Amador cuentan con cláusulas idénticas. Así fueron los términos pactados.
Sobre la base de ese reembolso, la ARI acordó los demás términos económicos de estos contratos. Y sobre la base de esas obligaciones económicas, los arrendatarios debieron haber hecho sus propios análisis de negocios para determinar si su inversión era conveniente. Pretender ahora cambiar esos términos económicos, con base en argumentos como el planteado por Figali, luce más como la típica estrategia de "juega vivo" de suscribir un contrato que inicialmente luce atractivo para el Estado con miras a que en un futuro logrará aliviar la carga económica en base a modificaciones. De hecho, así pasó con Panama Ports. Los funcionarios tienen que denegar estas solicitudes y, si resulta que los arrendatarios incumplen, para esas eventualidades están constituidas las fianzas de cumplimiento. Mejor es buscar un nuevo arrendatario que tener uno que no paga.
La política se reduciría a relaciones clientelistas, sin ningún referente institucional permanente que permita a la población orientarse políticamente.
Un buen contrapeso para los efectos poco deseables de las primarias es mantener la revocatoria de mandato, así las dirigencias no perderían todo el control de los partidos, se evitaría el caos y no terminarían desapareciendo. Aún así, insisto en que el precio a pagar es justo si se piensa en los beneficios de percepción que implica instaurar primarias obligatorias.
El gran reto está, además de en una rigurosa reglamentación y tener contrapesos, en lograr que los miembros inscritos del partido participen, ya que los niveles de abstención interna suelen ser desalentadoramente altos.
Mientras tanto, forzamos a los países empobrecidos a eliminar sus barreras arancelarias para permitir la penetración de nuestros productos.
Como decía un economista norteamericano, "el libre mercado es una cosa extraordinaria, sobre todo si la libertad es de nosotros y el mercado es de ellos".
(*Director de Proyectos de Médicos del Mundo. ccs@solidarios.org.es)
El contrato firmado por Grupo F Internacional, S.A., propiedad del señor Figali, en marzo de 2001, recordado por muchos por la premura con que se firmó habida cuenta del concurso de Miss Universo que estaba próximo a celebrarse en Panamá, establece claramente en su cláusula 30 que la ARI realizó una inversión de 32 millones de balboas y que el arrendatario, es decir Figali, pagaría a ésta el 12.5% del costo de esa infraestructura en doce pagos anuales iguales. Además, Figali hasta pactó pagar intereses sobre el saldo adeudado. Anticipándose inclusive más inversiones en infraestructura, como lo será el ensanche de la vía existente y el riesgo que este pago no tuviera límites para el arrendatario, la cláusula estipula un techo de inversiones en infraestructura y, por lo tanto, un techo en la obligación de reembolso del arrendatario, sobre la base de una inversión total de 72 millones de balboas.
Los demás contratos suscritos por la ARI con los otros arrendatarios del desarrollo turístico de Amador cuentan con cláusulas idénticas. Así fueron los términos pactados.
Sobre la base de ese reembolso, la ARI acordó los demás términos económicos de estos contratos. Y sobre la base de esas obligaciones económicas, los arrendatarios debieron haber hecho sus propios análisis de negocios para determinar si su inversión era conveniente. Pretender ahora cambiar esos términos económicos, con base en argumentos como el planteado por Figali, luce más como la típica estrategia de "juega vivo" de suscribir un contrato que inicialmente luce atractivo para el Estado con miras a que en un futuro logrará aliviar la carga económica en base a modificaciones. De hecho, así pasó con Panama Ports. Los funcionarios tienen que denegar estas solicitudes y, si resulta que los arrendatarios incumplen, para esas eventualidades están constituidas las fianzas de cumplimiento. Mejor es buscar un nuevo arrendatario que tener uno que no paga.
La política se reduciría a relaciones clientelistas, sin ningún referente institucional permanente que permita a la población orientarse políticamente.
Un buen contrapeso para los efectos poco deseables de las primarias es mantener la revocatoria de mandato, así las dirigencias no perderían todo el control de los partidos, se evitaría el caos y no terminarían desapareciendo. Aún así, insisto en que el precio a pagar es justo si se piensa en los beneficios de percepción que implica instaurar primarias obligatorias.
El gran reto está, además de en una rigurosa reglamentación y tener contrapesos, en lograr que los miembros inscritos del partido participen, ya que los niveles de abstención interna suelen ser desalentadoramente altos.
Mientras tanto, forzamos a los países empobrecidos a eliminar sus barreras arancelarias para permitir la penetración de nuestros productos.
Como decía un economista norteamericano, "el libre mercado es una cosa extraordinaria, sobre todo si la libertad es de nosotros y el mercado es de ellos".
(*Director de Proyectos de Médicos del Mundo. ccs@solidarios.org.es)