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"Juega-vivo" en el turismo


Por mucho que quiera participar para ayudar a formar nuestra nación de la manera más correcta posible, no me es fácil referirme a otros temas que no sean los políticos, principalmente porque no sé nada de nada. No obstante, continuaré escribiendo dentro de mis superficiales conocimientos e imperfecciones porque es lo único que me queda por ofrecer a la tierra que tanto quiero.
Trataré de olvidarme, en esta ocasión, de la corrupción, la extensión de la inmunidad "CEMIS", el saneamiento de nuestras tierras contaminadas por Estados Unidos, y así sucesivamente. Uno de nuestros principales problemas es el desempleo y la aparente ausencia de programas económicos pertinentes.
Todos estamos cifrando grandes esperanzas en el aumento del turismo. En lo personal me he sentido agradecido y complacido porque no he leído de muchos asaltos a los turistas que nos visitan, particularmente los que vienen en cruceros que atracan en Colón.
Recientemente me impactó un asalto a un ciudadano extranjero que nos visitaba y que se perpetró en la ciudad de Panamá. Lo anterior me ha inducido a relatar una experiencia personal que tuve cuando fui a almorzar junto con mi esposa y uno de mis nietos a uno de esos nuevos restaurantes que se han instalado principalmente para atender a los visitantes de cruceros. No voy a mencionar el nombre del lugar, porque no me motiva afectar adversamente a nadie. Resulta que al pedir la cuenta le dije a la camarera que mi señora y yo teníamos descuento de jubilados.
Cuando regresó con la factura de caja no se incluía el descuento del caso. La verdad fue que me molesté y, sin grosería, pero de manera firme, le pregunté a la joven camarera, quien no había tratado de manera muy fina, el porqué de la omisión. La joven primero dijo que era culpa de ella porque se le había olvidado advertirle a la cajera lo del descuento.
Entre otras cosas, también afirmó que no tenían la máquina que servía para cancelar la factura ya confeccionada. Se podrán imaginar, aunque la joven se culpaba por lo sucedido de manera reiterada, tuve que llegar a la conclusión que lo que ella había hecho era un procedimiento exigido por sus patrones, quienes no estaban en el restaurante.
El incidente me afectó porque me fui con la sensación que la joven camarera había desaparecido para que no la viéramos llorar. Yo dejé la cuenta paga con mi tarjeta de crédito pero, siento admitirlo, no le agregué nada para la propina.
El incidente para nosotros no tiene mayor consecuencia. Lo que nos preocupa es que algo similar ocurra en la presencia de visitantes extranjeros que, a su vez, se den cuenta que se les niega un derecho establecido por ley de manera engañosa e indebida. No tengo más que elogios para la camarera que fue muy cortés, atenta y cariñosa.
Igual experiencia he tenido con los panameños que nos han atendido en similares situaciones. Estoy orgulloso de ello. Pero temo que el procedimiento "juega-vivo" aparentemente establecido en el restaurante de marras afecte negativamente lo que muchos panameños están haciendo por colaborar en el auge del turismo.
Además, estos locales todo lo que gastan en propaganda lo pierden en un incidente como el que acabo de relatar. No me gusta aludir a experiencias personales, porque pienso que yo estoy más de allá que de acá y no soy importante.
Lo que sí espero es que los dueños de restaurantes que por casualidad lean este relato se den cuenta que más pronto que tarde sus propios negocios se verán afectados por incumplimientos tontos de las reglas establecidas. He querido volver al lugar para darle su propina a la joven camarera, pero dudo mucho que vuelva al establecimiento. Comida con rabia no es una buena combinación. Pero estoy seguro que mi reacción habrá sido idéntica en otros casos similares que sin duda han ocurrido, quizás a "tutiplén".

101 años de Panamá América

 
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