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¿Juego a Evo?


La derecha boliviana odia a Evo Morales y quisiera sacarle del poder. Para lograr ello, tiene dos alternativas: trabajar a largo plazo buscando minar su popularidad o intentar salidas aisladas radicales que, a la postre, pueden ayudar a que su enemigo se consolide.

La situación boliviana de hoy difiere de la de Chile hace 35 años. Morales acaba de sobrepasar el 67% de los votos, la mayor cifra de aprobación que tenga un gobernante occidental. Estados Unidos no promueve pinochetazos y, es más, está perdiendo peso en Suramérica, la cual, como pasó en su cumbre de Santiago, respalda a Morales.  

El hecho que en Pando hayan muerto entre 15 y 30 personas y que su prefecto sea sindicado de responsable de ello, le da a La Paz un argumento para arrestarlo. De esa maneta quiere dividir a la oposición y aislarla a nivel interno y externo.

Con sus acciones, la derecha ansía evitar que se apruebe una carta magna pro-reforma agraria, pero lo que puede estar consiguiendo es que Morales cobre más fuerza y aparezca como el líder de una democracia y una nación supuestamente amenazadas.

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