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Juegos que matan


Pocos días atrás caminaba a lo largo de la calle Petchburi, una de las principales arterias de Bangkok, cuando el titular de uno de los periódicos de habla inglesa acaparó en seco mi atención. Un estudiante universitario tailandés de 18 años de edad había apuñalado y asesinado a un taxista en un intento por emular el videojuego con el que, según él mismo, estaba obsesionado.

El videojuego en cuestión se llama Grand Theft Auto (GTA) y está colmado de misiones criminales que el jugador debe de completar para ganar dinero; entre más delitos cometa, más dinero gana. El joven dijo a las autoridades que imitó el homicidio que en el videojuego parecía ser muy sencillo: "un criminal puede comer lo que quiera, cuando quiera, únicamente necesita matar al encargado de un restaurante para hacerlo".

El crimen, como era de esperar, suscitó un sinnúmero de reacciones en el Reino de Siam que condujeron a la Comisión Cultural Nacional a revocar de forma inmediata la licencia para la distribución del videojuego y de las otras tres versiones del mismo: Grand Theft Auto 3, Vice City y San Andreas; imponiéndose a la vez una multa que va desde los $625 a los $6300 para quién sea sorprendido jugando, prestando, vendiendo o distribuyendolo dentro del país.

Si seguimos la involución de estos videojuegos desde el Pac-Man hasta el Grand Theft Auto el único fin que busca el jugador es asesinar a su contrincante antes que morir asesinado por él ya sea en una riña callejera, una pelea ninja o una carrera de autos, y tal parece que esa es la incultura que muchachos o peor aún niños adquieren día con día cuando prefieran jugar al fútbol apretando dos botones por más de cuatro horas antes que siquiera salir a un campo y correr detrás de la pelota durante treinta minutos.

Los padres de familia tienen la obligación de velar por los pasatiempos de sus hijos, ya que son ellos los que terminan aportando el dinero para que éstos vayan a un café para cibernautas o para que se compren alguno de estos artefactos que no son otra cosa que escuelas especializadas en la formación de cretinos, en las que la cultura del sedentarismo y de la violencia hacen de las suyas.

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