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Jugando a la política


Dedico esta columna a Juan... para que la entienda Pedro.

Hacia finales del año pasado, recibo una cordial invitación de un apreciado amigo para asistir a una cena en su casa con un grupo de amigos personales y familiares de Venezuela. Ciertamente la cena, además de buena, fue discreta. Intuí desde la invitación que escucharíamos de viva voz historias relativas al drama que vive la hermana República de Venezuela y los venezolanos en general.

En efecto, así fue. Llegamos y luego de unos buenos vinos, nos sentamos a escuchar lo que los amigos de Venezuela traían como mensaje. Debo decir que los mismos no tenían para nada pinta de miembros de los Círculos Bolivarianos (batalloneros en el lenguaje nuestro), muy por el contrario. Dos profesionales jóvenes acompañados de alguien que sin lugar a dudas, y luego lo comprobé, era todo un señorón venezolano.

Explicaron en detalle el desastre de la llamada revolución y lo contradictorio que ha resultado en el tiempo con los principios democráticos practicados en la mayoría de los países de la región y que Venezuela, tiempos atrás, exportaba con gran orgullo.

El señorón venezolano resultó ser un ex ministro del primer gobierno de Chávez que aguantó seis meses en el gabinete, luego de comprobar y sufrir el rumbo que le estaba dando éste a su país. Las extravagancias desde el poder eran-ahora ya lo sabemos todos-algo de espanto. Le pregunté al señorón que qué hacía una persona como él de ministro de un gobierno como el de Chávez? Este es el meollo de mi artículo.

Me dijo, reflejando tristeza en el rostro, que gente como él, es decir, empresarios, industriales, banqueros y gente de bien en Venezuela, hartos del gobierno de Caldera y de la descomposición política en Venezuela, decidieron, cuando Caldera indultó a Chávez -para facturarle a Carlos Andrés Pérez viejas cuentas políticas, agrego yo- comenzar a jugar con Chávez y a la política. No escatimaron apoyos económicos ni de ningún tipo. Pensaban que Chávez sería su títere y que ellos serían los reales detentadores del poder por razón del apoyo dado. En privado le pregunté si lo que tienen es mejor que el desastre que fue Caldera. Me dice, "…mira vale, si fuera mejor, no estaría aquí con uds. hoy". No más preguntas. Siguió la cena.

Cuento lo anterior porque en Panamá, en grandes sectores no se está haciendo política, sino jugando con la política, como si el país fuera una mesa de apuestas o un gran pastel a repartirse en el próximo quinquenio.

Espero no tener que ser invitado del señorón venezolano fuera de Panamá para juntos lamernos las heridas producto de errores políticos cometidos por muchos de aquellos que, por tener recursos de sobra, juegan con la política y de paso con la democracia y sus instituciones. Nada lo justifica, independientemente que mucho haya que hacer para mejorarlas y hacerlas responder a las grandes necesidades nacionales.

101 años de Panamá América

 
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