Junta Nacional del Centenario
Es triste que, a juicio de muchas personas, un acontecimiento de trascendental importancia para la nación panameña como lo fue la plena reversión del Canal y áreas adyacentes, haya pasado sin la merecida gloria. Dentro de muy poco Panamá estará cumpliendo sus primeros cien años de vida independiente y republicana. Sería infame que la miopía y mediocridad política que puedan imperar en el momento arrebate a la patria su derecho a celebrar tan magna ocasión "con ardientes fulgores de gloria", rindiéndole todos / as - al unísono- tributo y honor. Es imperativo que la Junta Nacional del Centenario se establezca e inicie sus trabajos cuanto antes. La clase política - y aquí se puede generalizar- parece estar fracasando.
Debiera ser motivo de profunda preocupación la falta de identidad o conciencia nacional que, debido a más que un factor, existe en nuestro país; pareciera que no nos hemos conformado aún, verdaderamente, como nación, sino que más bien nuestros valores se han desvirtuado, y nuestra historia se ha pretendido trastocar. El período en que le ha correspondido gobernar a la presidenta Moscoso, sobre todo luego de la reversión, y en vísperas del centenario de la República, ha sido propicio (aunque no del todo bien aprovechado), no solamente para humanizar y adecentar el manejo de la cosa pública, y afianzar el sistema democrático, sino también para consolidarnos como nación libre y soberana, y fomentar que en el corazón de panameños (as) broten profundos y bien entendidos sentimientos de identidad nacional.
El centenario amerita no sólo una celebración especial el 3 de noviembre del año 2003. Más bien se debería extender la celebración a lo largo de todo un año. Pero lo anterior debe ser complementado con la ejecución de ideas como las siguientes, entre otras: (1) Actualizar nuestros libros de historia y divulgar ampliamente documentos históricos de gran relevancia, por muchos desconocidos. (2) Publicar un libro conmemorativo, así como lo fue Panamá: cincuenta años de República, que se publicó en 1953, con ensayos por destacados autores sobre las diversas áreas del desarrollo nacional. (3) Asegurar la correcta y efectiva enseñanza de nuestros valores en las escuelas y universidades. (4) Fomentar el establecimiento de museos y edificación de monumentos, y promover el valor de los ya existentes. (5) Promover y llevar a cabo actividades intelectuales, tales como conferencias, discursos, simposios, concursos nacionales, etc., así como la celebración de festivales artísticos (música, canto, poesía; exhibiciones pictóricas, arquitectónicas y de escultura, baile, etc.) y juegos deportivos. (6) Emitir filatelia y numismática conmemorativa. (7) Crear un Web Site de la nacionalidad en la Internet, de manera que cualquier ciudadano o ciudadana, alumno universitario o escolar, pueda fácilmente tener acceso directo a nuestras fuentes de la nacionalidad. A través de dicha página en la Internet se podría acceder a toda la gama de información posible sobre el tema, leer documentos históricos desde la computadora, e incluso visitar un museo "virtual" de la nacionalidad.
La Junta Nacional del Centenario debería estar conformada, además de un mosaico representativo de toda la sociedad civil, por historiadores y por representantes de todas las culturas étnicas que han convivido en nuestro país, de los movimientos o gestas que han moldeado nuestra identidad y nacionalidad, de la intelectualidad, de las poblaciones indígenas, y de nuestros próceres. Su establecimiento podría perfectamente darse por medio de un Decreto Ejecutivo, así como fue el caso de la Junta Nacional del Cincuentenario y, recientemente, aquél por el cual se creó la "Comisión Nacional para la Conmemoración de los Quinientos (500) Años del Descubrimiento del Istmo de Panamá".
Como decía José Ingenieros, una patria es "sincronismo de espíritus y de corazones, temple uniforme para el esfuerzo y homogénea disposición para el sacrificio, simultaneidad en la aspiración de la grandeza, en el pudor de la humillación y en el deseo de la gloria."... Es en realidad mucho más, y es inmortal. En muy raras ocasiones la clase política ha dejado de serle ingrata. Nosotros seguiremos, a pesar de todo, arando en el mar, pero con fe de carbonero, en la seguridad de que algún día llegaremos al fondo sin ahogarnos.
Debiera ser motivo de profunda preocupación la falta de identidad o conciencia nacional que, debido a más que un factor, existe en nuestro país; pareciera que no nos hemos conformado aún, verdaderamente, como nación, sino que más bien nuestros valores se han desvirtuado, y nuestra historia se ha pretendido trastocar. El período en que le ha correspondido gobernar a la presidenta Moscoso, sobre todo luego de la reversión, y en vísperas del centenario de la República, ha sido propicio (aunque no del todo bien aprovechado), no solamente para humanizar y adecentar el manejo de la cosa pública, y afianzar el sistema democrático, sino también para consolidarnos como nación libre y soberana, y fomentar que en el corazón de panameños (as) broten profundos y bien entendidos sentimientos de identidad nacional.
El centenario amerita no sólo una celebración especial el 3 de noviembre del año 2003. Más bien se debería extender la celebración a lo largo de todo un año. Pero lo anterior debe ser complementado con la ejecución de ideas como las siguientes, entre otras: (1) Actualizar nuestros libros de historia y divulgar ampliamente documentos históricos de gran relevancia, por muchos desconocidos. (2) Publicar un libro conmemorativo, así como lo fue Panamá: cincuenta años de República, que se publicó en 1953, con ensayos por destacados autores sobre las diversas áreas del desarrollo nacional. (3) Asegurar la correcta y efectiva enseñanza de nuestros valores en las escuelas y universidades. (4) Fomentar el establecimiento de museos y edificación de monumentos, y promover el valor de los ya existentes. (5) Promover y llevar a cabo actividades intelectuales, tales como conferencias, discursos, simposios, concursos nacionales, etc., así como la celebración de festivales artísticos (música, canto, poesía; exhibiciones pictóricas, arquitectónicas y de escultura, baile, etc.) y juegos deportivos. (6) Emitir filatelia y numismática conmemorativa. (7) Crear un Web Site de la nacionalidad en la Internet, de manera que cualquier ciudadano o ciudadana, alumno universitario o escolar, pueda fácilmente tener acceso directo a nuestras fuentes de la nacionalidad. A través de dicha página en la Internet se podría acceder a toda la gama de información posible sobre el tema, leer documentos históricos desde la computadora, e incluso visitar un museo "virtual" de la nacionalidad.
La Junta Nacional del Centenario debería estar conformada, además de un mosaico representativo de toda la sociedad civil, por historiadores y por representantes de todas las culturas étnicas que han convivido en nuestro país, de los movimientos o gestas que han moldeado nuestra identidad y nacionalidad, de la intelectualidad, de las poblaciones indígenas, y de nuestros próceres. Su establecimiento podría perfectamente darse por medio de un Decreto Ejecutivo, así como fue el caso de la Junta Nacional del Cincuentenario y, recientemente, aquél por el cual se creó la "Comisión Nacional para la Conmemoración de los Quinientos (500) Años del Descubrimiento del Istmo de Panamá".
Como decía José Ingenieros, una patria es "sincronismo de espíritus y de corazones, temple uniforme para el esfuerzo y homogénea disposición para el sacrificio, simultaneidad en la aspiración de la grandeza, en el pudor de la humillación y en el deseo de la gloria."... Es en realidad mucho más, y es inmortal. En muy raras ocasiones la clase política ha dejado de serle ingrata. Nosotros seguiremos, a pesar de todo, arando en el mar, pero con fe de carbonero, en la seguridad de que algún día llegaremos al fondo sin ahogarnos.