Junto al Portal de Belén
Sacerdote jesuita
Y llegamos a la fecha que nos congrega a muchos en torno a la celebración del nacimiento de Nuestro Salvador. A mi mente viene un chiste que me narraron hace décadas un borracho que asistió a la Misa del Gallo, se sentó en las primeras bancas y cuando comenzó el predicador narrando los hechos del nacimiento, el borracho comentaba: "lo mismo del año pasado", continuaba el señor del púlpito "y luego María y José se dirigieron a Belén...". Y el beodo añadía: "...Lo mismo del año pasado". Irritado ante este persistente eco del preste exclamó: "Por favor, retiren a este ebrio del templo", a lo que contestó el dipsómano "eso no lo dijo el año pasado".
En realidad vamos a repetir lo mismo del año pasado con algunas reflexiones que quizás no hayamos dicho el año pasado. Este año quiero aludir al hecho fuera de lo común del amigo Juan Varela Clement de la Calle Samuel Lewis, que lleva ya 17 años presentando su "Belén". Ciertamente, que dentro de la filosofía materialsita en que estamos inmersos y del frenesí inevitable consumista en el que nos vemos arrastrados todos durante las navidades, el volver a tomarse el trabajo de exhibir un nacimiento como se hacía antes, es sumamente saludable. Sé que hay otras personas en la capital que están en lo mismo, se les aplaude y se les anima y creo que pronto volveremos a reafirmar y revivir el verdadero motivo de las celebraciones navideñas: el nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo. Es interesante escuchar los comentarios que hacen los niños y niñas ante el Nacimiento. Los muchos por qué esto, por qué aquello. Pero más interesante es ver la atención con que observan las diferentes figuras que tratan de representar los pasajes de la infancia de Jesús que aparecen en los evangelios y verlos ubicados visualmente dentro de la panorámica histórica geográfica cultural de la época que tratan de significar.
Valga la pena recordar, ya que de nacimientos hablamos, aquel gran nacimiento de la Iglesia de San Francisco de Asís del Casco Viejo, cuando los padres jesuitas estuvieron a cargo de ella. A mi juicio, por cierto parcializado, pero compartido por muchos y muchas, era insuperable y estaba hecho con mucho cariño y dedicación. Allí fue donde mi amigo, hoy difunto, Juan Rafael Cueto padre, desde muchacho se dedicó junto con el Hermano Coadjutor Manuel Guindano, quien vive sus últimos días en Javier, Navarra, España, aprendió y después se volvió en experto en nacimientos. Sus hijos han seguido la tradición. El nacimiento de las señoritas Aguilar, de calle Segunda, y el siempre recordado nacimiento de Genarina De Ycaza. Era casi obligatorio en aquellas décadas del Panamá que se está yendo, ir a pasar revista de esos esfuerzos artísticos navideños.
Hace algunos años, la Sra. Mary de Galindo emprendió la campaña de poner anuncios en algunas vallas publicitarias felicitando al Niño Dios, en otras la simple leyenda de "Jesús" y en otras "No hay Navidad sin Jesús", "No hay Navidad sin Niño Dios". Y me contaba la misma ilustre dama que en los famosos tiempos de la dictadura (dicta blanda, según ellos), mandó un artículo al periódico con el título del "Niño Dios secuestrado" dado que se quiere imponer al obeso Klaus como sustituto del Niño Dios de todas maneras y que lamentablemente no lo publicaron por las presuntas implicaciones. Sin embargo toda la actividad estaba únicamente inspirada por el esfuerzo de hacer algo por devolverle a la Navidad su verdadero sentido. Avalamos y animamos todo lo que se haga en ese sentido en nuestra comunidad.
En otro orden de cosas, cuando como cada uno, nos reunimos o nos encontramos en estas fechas cercanas a la Navidad, nuestro saludo es siempre el mismo: "Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo". Y a fuerza de ser una frase ya hecha, solemos decirla con todo el corazón. En ella nuestro mejor deseo va dirigido a una inmejorable salud, a una paz duradera, la falta de todo tipo de mal.
Indudablemente no se nos puede tachar de falta de caridad, ya que deseamos todo eso a los demás, olvidándonos por una vez de nosotros mismos. Pero siempre existe un fallo en nuestra imperfecta naturaleza humana: el recuerdo de lo que representa la Navidad queda un poco alejado en ese deseo. Hay un marcado predominio de buenos deseos materiales en esa frase, pero los espirituales quedan un poco velados.
Lo que Jesús con su Nacimiento quiere decirnos es que Dios sigue queriéndonos por encima de todas las cosas, por encima de nuestros enfrentamientos raciales, étnicos, económicos y de poder y que ese amor es un amor de siempre y para siempre. La Navidad prepara la Redención y ésta supone la seguridad de que hemos vuelto al redil del que habíamos salido. Dios ha venido a salvarnos y esto era, es y será una realidad.
Aprovecho desde esta columna dominical para compartir con mis lectores todos los buenos deseos que en estas fechas nos intercambiamos con toda la sinceridad que lo que conmemoramos amerita. Y si mal no recuerdo el anuncio que año tras año del amigo ponía en su nacimiento: "Navidad es cualquier día del año en que el hermano encuentra al hermano, lo llama y lo tiene como hermano". Felicidades y mucha paz a tanta gente de buena voluntad.