Justicia antes que reconciliación
El advenimiento del año nuevo para Panamá, trae consigo el lastre que nos dejó el 2000 con su secuela de -por un lado- desesperanzadoras noticias relacionadas con el progresivo encarecimiento de nuestra economía doméstica que desde ya, arroja un velo de angustias y desasosiegos entre la familia panameña como resultado de las ingratas y artificiosas transacciones efectuadas en la pasada administración. Por otro lado, y como colofón a una serie de hechos sangrientos sucedidos a lo largo del año, el de mayor magnitud y que estremeció los cimientos de nuestra conciencia nacional, cual fue, el descubrimiento de restos humanos sepultados en áreas adyacentes al antiguo cuartel militar de Los Pumas en Tocumen, como un homenaje al sadismo y a la barbarie, perpetrados por cavernícolas genocidas que una vez respondieron a un oprobioso e infame régimen de gobierno cívico-militar.
Hoy entristece e indigna a la vez, escuchar a aquellos civiles de memoria corta que respaldaron a los militares como su brazo armado, hablar de reconciliación como si aquí no hubiese pasado nada. Y es que el concepto de reconciliación es esgrimido por el PRD, cada vez que se las señalan sus desmanes cometidos en veintiún años de desgobierno, tal cual utilizan el de la democracia cuando intentan legitimar la dictadura "con cariño" que irrumpió en 1968.
Enfurece a estos señores referirse -para efectos de abrir una investigación- a los caídos y sepultados en fosas comunes del 20 de diciembre, como resultado de una guerra declarada por Noriega el 16 de diciembre de 1989 (me parece recordar ver por la televisión a Balbina Herrera, junto al sátrapa militar arengando al pueblo) y convalidada por los propios civiles del PRD. No se podría comparar estos luctuosos hechos con los crímenes perpetrados por los jenízaros de veintiún años de dictadura. Son dos circunstancias muy diferentes señores.
Lo arriba señalado puede ser comparable con el suceso ocurrido en la Presidencia de la República en 1951, siendo mandatario entonces, el Dr. Arnulfo Arias y del que hace alusión en un escrito un alto militar hoy en retiro, respecto a que cuando en aquella ocasión y siguiendo ordenes del entonces Jefe de la Policía Nacional, José Antonio Remón C., los oficiales Lezcano Gómez y Juan Flores suben las escalinatas de la Presidencia para conminar a Arias a abandonar el poder y someterse a juicio político, incidente en el cual según lo refirieron a aquel ex militar, es muerto Lezcano Gómez por el propio Arnulfo Arias. Se entiende que éste con ello, quería significar que también puede ser atribuible a un político de la estatura del hoy fallecido ex presidente Arias, un acto de asesinato.
A ello le responderíamos (de allí la comparación), que de ser cierto el trágico hecho tal cual lo aseveraron, ¿qué resulta censurable, defenderse de quien atenta contra la vida y la de un ser querido (le acompañaba en esa acción su esposa doña Matilde Linares), o torturar, luego encapuchar y maniatar y finalmente matar a mansalvas a un adversario?. Son dos circunstancias muy diferentes.
Por otra parte, con un discreto "mea culpa", esos sectores, hoy en oposición, que una vez en contubernio con los militares desestabilizaron la paz social, intentan desviar la atención ciudadana y confundir sobre lo que acontece en Tocumen, aprovechando la ocasión en que por propia iniciativa la Presidenta de la República convoca a los diferentes sectores productivos del país con la finalidad de coordinar estrategias nacionales frente a la actual crisis económica; para amenazar "con tomar acciones" a nivel de partido (político), si no se dan prontas respuestas a las necesidades sociales.
Concluimos señalando como iniciamos que, el advenimiento del año nuevo representa un final y un comienzo de hechos novedosos que han roto la inercia y la monotonía de la cotidianidad. Permitamos la dilucidación de verdades ocultas y sofismas en nuestro acontecer político historicista y que se haga lo que debe hacerse de acuerdo con la ley, el derecho y la razón para el sosiego de nuestra sociedad panameña enlutecida por tan macabras revelaciones.
Hoy entristece e indigna a la vez, escuchar a aquellos civiles de memoria corta que respaldaron a los militares como su brazo armado, hablar de reconciliación como si aquí no hubiese pasado nada. Y es que el concepto de reconciliación es esgrimido por el PRD, cada vez que se las señalan sus desmanes cometidos en veintiún años de desgobierno, tal cual utilizan el de la democracia cuando intentan legitimar la dictadura "con cariño" que irrumpió en 1968.
Enfurece a estos señores referirse -para efectos de abrir una investigación- a los caídos y sepultados en fosas comunes del 20 de diciembre, como resultado de una guerra declarada por Noriega el 16 de diciembre de 1989 (me parece recordar ver por la televisión a Balbina Herrera, junto al sátrapa militar arengando al pueblo) y convalidada por los propios civiles del PRD. No se podría comparar estos luctuosos hechos con los crímenes perpetrados por los jenízaros de veintiún años de dictadura. Son dos circunstancias muy diferentes señores.
Lo arriba señalado puede ser comparable con el suceso ocurrido en la Presidencia de la República en 1951, siendo mandatario entonces, el Dr. Arnulfo Arias y del que hace alusión en un escrito un alto militar hoy en retiro, respecto a que cuando en aquella ocasión y siguiendo ordenes del entonces Jefe de la Policía Nacional, José Antonio Remón C., los oficiales Lezcano Gómez y Juan Flores suben las escalinatas de la Presidencia para conminar a Arias a abandonar el poder y someterse a juicio político, incidente en el cual según lo refirieron a aquel ex militar, es muerto Lezcano Gómez por el propio Arnulfo Arias. Se entiende que éste con ello, quería significar que también puede ser atribuible a un político de la estatura del hoy fallecido ex presidente Arias, un acto de asesinato.
A ello le responderíamos (de allí la comparación), que de ser cierto el trágico hecho tal cual lo aseveraron, ¿qué resulta censurable, defenderse de quien atenta contra la vida y la de un ser querido (le acompañaba en esa acción su esposa doña Matilde Linares), o torturar, luego encapuchar y maniatar y finalmente matar a mansalvas a un adversario?. Son dos circunstancias muy diferentes.
Por otra parte, con un discreto "mea culpa", esos sectores, hoy en oposición, que una vez en contubernio con los militares desestabilizaron la paz social, intentan desviar la atención ciudadana y confundir sobre lo que acontece en Tocumen, aprovechando la ocasión en que por propia iniciativa la Presidenta de la República convoca a los diferentes sectores productivos del país con la finalidad de coordinar estrategias nacionales frente a la actual crisis económica; para amenazar "con tomar acciones" a nivel de partido (político), si no se dan prontas respuestas a las necesidades sociales.
Concluimos señalando como iniciamos que, el advenimiento del año nuevo representa un final y un comienzo de hechos novedosos que han roto la inercia y la monotonía de la cotidianidad. Permitamos la dilucidación de verdades ocultas y sofismas en nuestro acontecer político historicista y que se haga lo que debe hacerse de acuerdo con la ley, el derecho y la razón para el sosiego de nuestra sociedad panameña enlutecida por tan macabras revelaciones.