Justicia ejemplar
Orgullosos pueden sentirse los pueblos cuando allí se imparte justicia debidamente. Y asqueados cuando ella no es más que un sistema de abierto encubrimiento de delincuentes de cuello y corbata. Peor aún, cuando a un organismo se le otorga la facultad de investigar a miembros de otro y a éstos la de investigar a los de aquél cuando surjan acusaciones contra ellos. Eso refleja corrupción en pacto no escrito.
Así, cuando haya acusaciones contra un magistrado de nuestra Corte Suprema de Justicia (CSJ), corresponderá atenderlas a una llamada Comisión de Credenciales de la Asamblea Nacional. Esta no es más que un cementerio con diestros y ágiles sepultureros que ni cortos ni perezosos le darán diabólica sepultura. Y cuando se requiere atender una denuncia contra un diputado, tendrá que tramitarse en la CSJ, donde llegará a manos de algún lirón que se acostará a dormir con ella en su invernadero.
En Israel se le han hecho cargos por corrupción al jefe del gobierno, Ehud Olmer. Habrá que investigar sobre su culpabilidad o inocencia. Para ello, la policía Israelí hizo allanamientos en búsqueda de pruebas sin solicitarle permiso a nadie, y eso que el acusado es su jefe. Aquí, contrariamente, se le atan las manos al Ministerio Público. Envidiablemente, allá resplandecen el respeto a la ley y a la justicia.