¡Justicia para el Padre “Lolo”!
La escuela que regenta Fe y Alegría (FyA), institución internacional de los jesuitas, al final de la calle principal de Parque Alicante (corregimiento de Mañanitas), lleva el nombre del jesuita salvadoreño, Joaquín López y López (“Lolo”), asesinado por militares salvadoreños en su residencia junto a cinco sacerdotes más, la empleada doméstica y su hija, el 16 de noviembre de 1989 al final de la guerra que desangró a El Salvador en los años ’60, ’70 y ’80.
Con el ascenso al poder del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional), se espera que sean juzgados 14 militares del Batallón Atlacatl, y el entonces presidente de El Salvador, Alfredo Cristiani, por encubridor de tan horrendo y calculado crimen.
El padre “Lolo”, hijo de gente pudiente, nació en Santa Ana en 1918 y se ordenó como sacerdote en 1952. Fue “Padre Espiritual” en el Colegio Externado “San José”, desde donde organizó estudios bíblicos para los barrios pobres de San Salvador. Su relación con los pobres y la aplicación de los mensajes de la Biblia aplicados a la época que le tocó vivir, le abrieron los ojos a la cruda realidad de pobreza en que vivían la mayoría de sus paisanos salvadoreños.
En 1978, el P. “Lolo” era el director general de FyA en El Salvador, y se encargó desde allá de FyA de Panamá, poniéndole énfasis a los proyectos productivos del área de educación no formal en Panamá. Además de los trabajos que se impulsaban en Bocas del Toro, Chiriquí y Darién, FyA fue también a Colón, Kuna Yala y Coclé, impulsando cooperativas y capacitando a las personas en organización y comercialización. También FyA se hizo presente en San Joaquín de Pedregal, barrio marginal de la ciudad de Panamá, donde adquirió cuatro hectáreas de terreno. Allí, con la colaboración del P. Martín Plaza, se implementó una granja agrícola. Además, se instaló una fábrica de bloques y un taller de soldadura, pero estos proyectos fracasaron debido a los constantes robos.
En El Salvador se dedicaba, no sólo a llevar la palabra de Dios a los pobres de la ciudad y del campo, sino también a organizar cooperativas de producción, para que los pobres mejoraran sus condiciones de vida. En estos menesteres se desplazaba, incluso, a las áreas consideradas como “zonas de guerra”. Por este motivo era mal visto por el Gobierno de Cristiani y los militares. El P. “Lolo” asesoró y acompañó a cooperativas como la de Costa Azul, en Sonsonate; la del Plan del Pino, en San Salvador, y las de Colón y Las Mesas, en La Libertad. ¡Justicia para el P. "Lolo"!