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Justicia sin amparos


¿De dónde la razón de que viradas estén las cosas? De la cabeza de una justicia oportunamente ciega. Porque siendo justos con la justicia, todos sus defectos no se justifican más que en su inmutable mediocridad, misma heredada del entorno humano que la viene detentando. ¿Puede ser que un país de viciosos, que se jacta democrático, maravilloso y en pleno crecimiento no haya más que cosechado desgracias a la luz de un gobierno sin rumbo entendible y perverso con su gente, que se la pasa denigrando y asesinando ciudadanos en defensa de objetivos incomprensibles?
¿Dónde ha estado la justicia y sus representantes ante lo que ocurre? ¿Será cierto que la justicia es rogada o hay entonces que rogar a Dios por ella? ¿Y los Juicios Administrativos sin publicidad; principio inalienable, qué dicen perezosos jueces civiles de inmensa violación ejecutiva en cuarteles policivos: !Apadrinad! mi respetado Mitchel?, pues aquí interpongo mi amparo para que decidáis su prescripción.

Dirán éste o su cuestionada antecesora, quien indispensable como nadie, ya encontró  trabajo en otra institución, ¿de qué hablo? Pues no seáis ciegos e ingenuos camaradas de las leyes, observad que en Derecho se habla sobre todo de principios, mismos que sencillamente han desaparecido estrangulados por el procedimiento. Absurdos los fallos, ¡sí señor!, de jueces que ustedes, autoridades, patrocinan.

Las autoridades judiciales están constituidas para defender la democracia y la creencia en el derecho que todos llaman “estado de derecho”, que tanto repiten los políticos como argumento y temor a un pueblo embravecido por tanta injusticia.

Por qué tanta negación de las Garantías, por qué tanta in admisión en los Amparos por razones más injustas quizá que lo demandado. 

Hasta cuándo tanta injusticia en la cabeza y pereza de estos jueces a quienes más fácil les es negar una institución de garantía civil que sentarse con celeridad, atención, preocupación y justicia a resolver el fondo de un asunto que evidentemente perjudica al ciudadano frente al poder de un funcionario que encuentra impunidad eterna en la mediocridad reinante y la mente de jueces que deberían representar el balance entre los excesos, lo humano y el derecho.

101 años de Panamá América

 
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