default

Justicia social


El crecimiento económico de Panamá es envidiable e impresionante, pero también es frágil porque nuestros sistemas e infraestructuras están diseñados para lidiar con una demanda previsible, y los requerimientos de tanta inversión son muy superiores a lo que hubiera podido pensarse en el tiempo en que se diseñaron. Es frágil, porque no estamos preparando suficientes personas con las nuevas destrezas que se requieren. Pero, sobre todo, es frágil porque la riqueza no está llegando a las capas medias y pobres, no digamos que a mayor velocidad, ni siquiera a la misma con que aumenta el costo de vida. Este desequilibrio produce un efecto perverso en donde  quienes más tienen reciben  más, los que menos tienen reciben subsidios o ayudas; pero los que sólo viven de un sueldo, deben pagar más por bienes y servicios sin que sus ingresos  aumenten. 

No basta con planes de reparto de subsidios a los más pobres entre los pobres, ni con mayores inversiones -aun si no se las roban como en el caso del FECE- porque los asalariados no califican para beneficiarse. Una de las salidas a corto plazo para aquellos asfixiados por el desarrollo descontrolado sería un aumento general de salarios. Otra es la revisión de la tasa impositiva, de manera que los porcentajes de impuesto sobre la renta que se cobra a asalariados y profesionales pueda, por lo menos, compensar el impacto de la inflación de precios que amenaza con pauperizarlos.

La opulencia para los ricos y los programas de ayuda para los pobres requieren de un componente de justicia social para las capas medias o podríamos entrar, más temprano que tarde, en una época de inestabilidad innecesaria e injusta.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América