Justicia y discrecionalidad
Justicia, justicia! El reclamo lleva años. A finales de los años 80 de la centuria pasada, la demanda copó las calles, se hizo carne de la carne de millares de panameños, y hoy sigue careciendo de todos los detalles que ello implica.
En marzo de 2005 la presión social fue tal que se conformó un Pacto de Estado, en el que distintos sectores de la sociedad presentan sus posiciones, en un esfuerzo meritorio. Queda por resolver, sin embargo, una fase que, en lo que respecta a los órganos Legislativo y Ejecutivo ha sido constante hasta convertirse en inevitable: la transparencia.
¿Sucede esto con el Órgano Judicial? Varios subterfugios han convertido la discrecionalidad en un obstáculo insalvable: el debido proceso, por ejemplo, o la administración casi en secreto de cualquier expediente. Así, examinar un caso presenta en ocasiones un determinado tipo de aplicación, que en otra circunstancia es totalmente contraria, en un hecho que teje incertidumbres y sospechas.
¿Es posible que bajas cuantías en demandas generen millonarias sanciones? Un abogado diría que eso depende, otro respondería que “es posible”. En ambos casos el sector judicial hace gala de una discrecionalidad que tiende cortinas ante la ciudadanía. Acabar con la discrecionalidad en el sector judicial podría ser el camino. Abrir las puertas a la transparencia implicaría conocer abiertamente el debate y la ruta que en ocasiones lleva a sanciones que dejan impávido al más experto.