default

Juventud: ¿Divino tesoro?


La vorágine de delincuencia que envuelve a una parte de la juventud panameña hoy, no debe pasar desapercibida ante los ojos de la sociedad que ve con cierta indiferencia lo que ocurre diariamente, sobre todo en los barrios pobres de nuestras principales ciudades.
La rapidez con que se multiplican los casos de jóvenes que ingresan al escenario delincuencial, sugiere la idea de que en algún lugar funciona una especie de "escuela del delito", para enrolar en sus filas a los adolescentes que, más temprano que tarde, acabarán siendo carne de cañón o visitantes consuetudinarios de los recintos carcelarios.
Una vez tras los barrotes, rodeado de delincuentes curtidos en las praxis dolosa y criminal, el joven termina convertido en un experto, y sale con nuevos conocimientos para delinquir, alejándose irremediablemente de las posibilidades de hacer una vida honrada y decente.
Recuerdo que días atrás la "magia" audiovisual nos ofreció un lamentable y dramático incidente, donde un guardia de seguridad ultimó a balazos, en plena vía pública, a un jovencito de apenas 17 años que trató de desarmarlo.
El rostro pálido, lánguido y ya sin vida de este niño-hombre me conmovió y trajo a mi mente una serie de interrogantes. Por ejemplo, ¿dónde estarían a esa hora los padres del joven? ¿Qué educación hogareña y qué principios le habrían inculcado durante los cortos años que lograron tenerlo a su lado? ¿De qué clase de individuos estaría rodeado? ¿Aunque actuó en defensa propia, tendría el agente de seguridad la convicción de que estaba acabando con la vida de un ser humano de su misma condición social?
¿Se imaginaría el agente el dolor que puede causar a un padre la pérdida de su hijo?, ¿Qué sensación sentirían los padres que a la hora del noticiero veían el infausto suceso, reunidos en la intimidad del hogar, junto a su familia?
Este humilde hijo del pueblo, que ahora encontraba la muerte en los umbrales de la vida, ¿no podría haber sido en el futuro un hombre de bien, un profesional de la ingeniería, la arquitectura, un abogado o un padre de familia honrado que en su madurez aportaría a la sociedad el fruto de su vida decente?
Como él, muchos caminan engañados por la vida, víctimas de una sociedad que los rechaza, y que en vez de orientarlos los deja ir tropezando sin rumbo, hasta que caen víctima de sus propios errores.
Pero resulta que no habíamos despertado de la pesadilla, cuando a los pocos días aparecían en la pantalla tres mozalbetes, llenos de vida, con cara de "yo no fui", acusados de dar muerte, en la oscuridad de la noche, a un humilde conductor de taxis, que honradamente buscaba el sustento de su familia.
Tan desgarradora visión se tornaba aún más triste con la presencia de la viuda de la víctima llorando, abrazada a sus pequeños huérfanos que quedarán sumidos en el abandono y la incertidumbre al perder al hombre que llevaba a la casa no sólo el pan de cada día, sino también, el cariño, y la responsabilidad de ser padre.
¿QUE ESTA PASANDO EN LA SOCIEDAD PANAMEÑA?
Basta adentrarnos un poco en las calles para observar la conducta impropia, característica de los grupos con mentalidad de pandilleros, que para sus actuaciones aviesas requieren de un código de silencio cómplice para lograr sus insanos propósitos.
En fin, lamentablemente también debemos concluir que la formación de este tipo de conducta necesita de ciertos canales masivos para poder deificar, reproducir a gran escala y promover una serie de antivalores que son los que desde temprano hacen su labor destructiva en la mente de los niños, y erosionan los cimientos del bien más preciado que tiene nuestra sociedad: la juventud.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América