Juventud en problemas
Es obvio el aumento de la delincuencia juvenil en nuestro país. Pero es igualmente obvia la "mentalidad penitenciaria" que hay en muchos jóvenes quienes piensan, al exaltar su encarcelamiento, que soportar las penitencias de las cárceles y sobrevivir, es testimonio de su reciedad y que hace hombres de ellos; cuando en realidad sólo da fe de su entumecimiento mental.
El temor a las cárceles en muchos jóvenes no existe, en parte porque en las cárceles hay tanta gente conocida, hay tantos amigos. Es como una reunión de compinches. Estar encarcelado se ha convertido en un hábito para un gran segmento de nuestra juventud.
Las bandas son un recurso para nuestros jóvenes porque son algo a lo que pueden pertenecer. Es algo con lo que pueden identificarse. Las bandas son creativas, tienen su elemento de peligro, pero pueden infundir temor en otras personas, especialmente en "enemigos".
Tenemos que reconocer que poder es un elemento importante para jóvenes que han sido prácticamente rechazados por la sociedad; y el problema de delincuencia juvenil seguirá existiendo hasta que decidamos ir al centro del problema, y el centro del problema es la pobreza, el desempleo, la falta de estima personal y el abandono.
De entre 14 a 25 años de edad, los jóvenes están todavía en estado de inquietud e insubordinación. Pero están también en un estado de inmadurez por falta de experiencia y sabiduría. Lo que quiero decir es que los jóvenes entre 14 y 25 años no tienen la edad suficiente para tomar decisiones de calidad basados en su experiencia, tampoco hay nadie dirigiéndolos ni ejemplos a seguir para que puedan tomar decisiones de calidad basados en la sabiduría de otros. Para ellos es difícil localizar terreno fértil para pensamientos y acción creativa, en consecuencia estamos creando una generación de perdedores.
Muchos jóvenes se sienten adultos por el hecho de ser responsables para muchas de sus necesidades básicas. Puedo entender sus necesidades por el dinero. En nuestra sociedad se necesita dinero para todas nuestras necesidades. Nadie regala dinero. Luego, para elevar nuestro estilo de vida, el dinero es necesario.
La droga es una forma de hacer dinero, no nos llamemos a engaño; y la razón principal por la cual hay tanta gente atraída hacia la droga es por el dinero, y al parecer, esas personas nunca piensan que serán atrapadas. Y es allí donde empieza la espiral de delincuencia, droga y crimen.
Nuestra sociedad tiene la responsabilidad de recuperar a su juventud. De ayudar a los jóvenes adictos a las drogas a reconstruir su imagen y ego fragmentados. Hacerlos entender que están consumiendo drogas como un escape de algo. Están drogándose contra las dificultades, los retos y las presiones de su existencia, y vale la pena que estemos a su lado, particularmente si consideramos lo que cuestan nacionalmente los crímenes cometidos por los adictos a las drogas.
Los jóvenes adictos en su mayoría no trabajan para suplir sus hábitos y aunque se les ofreciera un trabajo serían inadecuados. Se dedican al robo, a la mendicidad, la prostitución, etc., para tal fin. Pero la adicción a las drogas convierte a nuestros hijos y hermanos en delincuentes y en criminales, y convierte a nuestras hijas y hermanas en prostitutas y en alcohólicas, que al final suman crímenes cada vez más costosos a la sociedad.
Es aquí donde nuestra sociedad y nuestros gobernantes han de demostrar su sensibilidad social, su compasión y sus sentimientos humanas hacia aquellos compatriotas desventurados.
La historia ha probado a través de las eras, que el verdadero criterio de liderazgo es espiritual. Los hombres son atraídos por el espíritu; por el poder y la fuerza estamos forzados. El amor se engendra por el espíritu, por el poder y la fuerza se crean ansiedades.
Por otro lado, la televisión es otro posible criadero para la delincuencia juvenil. La violencia que invade nuestros hogares cada día no es la mejor sugerencia para mentes impresionantes, y es responsabilidad del gobierno determinar de una vez por todas si la televisión en realidad contribuye enormemente al clima de crimen y delincuencia en el país, y si es así, tomar las medidas para sanear la programación televisiva.
Es una negligencia criminal de parte del gobierno y los ciudadanos de este país, permitir que influencias destructivas sean atractivamente empaquetadas para el consumo de nuestra juventud.
El temor a las cárceles en muchos jóvenes no existe, en parte porque en las cárceles hay tanta gente conocida, hay tantos amigos. Es como una reunión de compinches. Estar encarcelado se ha convertido en un hábito para un gran segmento de nuestra juventud.
Las bandas son un recurso para nuestros jóvenes porque son algo a lo que pueden pertenecer. Es algo con lo que pueden identificarse. Las bandas son creativas, tienen su elemento de peligro, pero pueden infundir temor en otras personas, especialmente en "enemigos".
Tenemos que reconocer que poder es un elemento importante para jóvenes que han sido prácticamente rechazados por la sociedad; y el problema de delincuencia juvenil seguirá existiendo hasta que decidamos ir al centro del problema, y el centro del problema es la pobreza, el desempleo, la falta de estima personal y el abandono.
De entre 14 a 25 años de edad, los jóvenes están todavía en estado de inquietud e insubordinación. Pero están también en un estado de inmadurez por falta de experiencia y sabiduría. Lo que quiero decir es que los jóvenes entre 14 y 25 años no tienen la edad suficiente para tomar decisiones de calidad basados en su experiencia, tampoco hay nadie dirigiéndolos ni ejemplos a seguir para que puedan tomar decisiones de calidad basados en la sabiduría de otros. Para ellos es difícil localizar terreno fértil para pensamientos y acción creativa, en consecuencia estamos creando una generación de perdedores.
Muchos jóvenes se sienten adultos por el hecho de ser responsables para muchas de sus necesidades básicas. Puedo entender sus necesidades por el dinero. En nuestra sociedad se necesita dinero para todas nuestras necesidades. Nadie regala dinero. Luego, para elevar nuestro estilo de vida, el dinero es necesario.
La droga es una forma de hacer dinero, no nos llamemos a engaño; y la razón principal por la cual hay tanta gente atraída hacia la droga es por el dinero, y al parecer, esas personas nunca piensan que serán atrapadas. Y es allí donde empieza la espiral de delincuencia, droga y crimen.
Nuestra sociedad tiene la responsabilidad de recuperar a su juventud. De ayudar a los jóvenes adictos a las drogas a reconstruir su imagen y ego fragmentados. Hacerlos entender que están consumiendo drogas como un escape de algo. Están drogándose contra las dificultades, los retos y las presiones de su existencia, y vale la pena que estemos a su lado, particularmente si consideramos lo que cuestan nacionalmente los crímenes cometidos por los adictos a las drogas.
Los jóvenes adictos en su mayoría no trabajan para suplir sus hábitos y aunque se les ofreciera un trabajo serían inadecuados. Se dedican al robo, a la mendicidad, la prostitución, etc., para tal fin. Pero la adicción a las drogas convierte a nuestros hijos y hermanos en delincuentes y en criminales, y convierte a nuestras hijas y hermanas en prostitutas y en alcohólicas, que al final suman crímenes cada vez más costosos a la sociedad.
Es aquí donde nuestra sociedad y nuestros gobernantes han de demostrar su sensibilidad social, su compasión y sus sentimientos humanas hacia aquellos compatriotas desventurados.
La historia ha probado a través de las eras, que el verdadero criterio de liderazgo es espiritual. Los hombres son atraídos por el espíritu; por el poder y la fuerza estamos forzados. El amor se engendra por el espíritu, por el poder y la fuerza se crean ansiedades.
Por otro lado, la televisión es otro posible criadero para la delincuencia juvenil. La violencia que invade nuestros hogares cada día no es la mejor sugerencia para mentes impresionantes, y es responsabilidad del gobierno determinar de una vez por todas si la televisión en realidad contribuye enormemente al clima de crimen y delincuencia en el país, y si es así, tomar las medidas para sanear la programación televisiva.
Es una negligencia criminal de parte del gobierno y los ciudadanos de este país, permitir que influencias destructivas sean atractivamente empaquetadas para el consumo de nuestra juventud.