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Juventud, participación, ciudadanía y desarrollo


La presentación del Primer Informe Nacional de Desarrollo Humano en el año 2002 constituyó un hito importante en la tarea de diagnosticar de forma objetiva y científica la realidad social del país. Llamó la atención sobre las profundas desigualdades que se mantienen entre áreas demográficas y la importancia de canalizar efectivamente el gasto social para atender las múltiples necesidades del desarrollo.
Este año, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentará el II Informe Nacional de Desarrollo Humano cuyo tema central es la juventud. En esta ocasión, el Informe es una invitación a conocer sus necesidades, anhelos, diversidad y potencial. Constituye un paso en el proceso de colocarlos al centro del debate nacional sobre el desarrollo ya que, de potenciar su capacidad humana y ampliar sus oportunidades, depende el desarrollo humano del país.
La experiencia enriquecedora que como miembro del Comité Consultivo para la elaboración del Segundo Informe Nacional de Desarrollo Humano 2004 he podido obtener me sirve para sustentar con argumentos jurídicos, legales y científicos la importancia de haber seleccionado para este estudio el tema de juventud como grupo humano clave en el desarrollo de los pueblos.
Esa experiencia me permite también reafirmar que es a través de un debate serio, no sólo académico sino también político, que se reconocerá la trascendencia que tienen en la vida del país las relaciones de convivencia democráticas basadas en la solidaridad, la tolerancia y la igualdad entre todos los ciudadanos, incluyendo a nuestros jóvenes, como una garantía para la consolidación de un Estado de Derecho.
El trabajo de investigación y análisis para este Segundo Informe Nacional de Desarrollo Humano ha sido intenso. Por más de un año los distintos actores que han intervenido en el proceso de identificación de todos los aspectos a evaluar en el grupo objetivo o de estudio mediante los apoyos técnicos y metodológicos, nos presentan como resultados, las dimensiones de la problemática, así como las propuestas para abordar los retos y desafíos que se identifican en los diagnósticos.
Debo destacar como valioso, el aporte de los propios jóvenes incorporando la visión de su realidad en la vida nacional.
El principal hallazgo es la necesidad de brindar a este grupo etario de la población panameña comprendida entre los 15 a los 24 años de edad, su espacio y efectiva participación en la vida productiva y el desarrollo del país, de forma tal, que asuma un papel protagónico con la promoción y utilización de sus capacidades y potencialidades.
Esta información obliga a un cambio de paradigma sobre la Juventud, la gran desconocida de la sociedad adulta, el cambio de enfoque y percepción, vista siempre como problemática, rebelde y de negativismo e improductiva, por que realmente es, en el concepto de oportunidad, optimismo, vitalidad y fuerza.
Nuestra juventud vive sus etapas desde la adolescencia, como un proceso de transición a la vida adulta para formarse, adquirir valores, construyendo su condición ciudadana e integrándose socialmente, esto requiere de un efectivo protagonismo como actores visibilizados para insertarse o incluirse, de lo contrario estará excluido de las oportunidades de Desarrollo Humano, y la sociedad, desperdiciando su más valioso recurso.
Si entendemos Desarrollo Humano como fórmula para ampliar las capacidades de hacer y ser, opciones y oportunidades de formación, la sociedad panameña y todas las instancias de gobierno, estamos comprometidos en alcanzar las metas del milenio que Panamá como país aceptó como reto, este Informe constituye una herramienta útil para abordar integralmente el tema, focalizar, priorizar y concretar las respuestas que hoy se requieren, para atender el presente de esta juventud.
(*) Presidenta del Tribunal Superior de la Niñez y la Adolescencia y miembro del Comité Consultivo de INDH 2004.

101 años de Panamá América

 
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