Juventud tras las rejas
Muchos se preguntarán la importancia que tienen las materias generales como el cristianismo en la vida de los jóvenes. Yo pensaba que era una pérdida de tiempo dar la misma, hasta que tuve la oportunidad de visitar el Centro de Custodia del Ministerio de la Juventud, la Mujer, La Niñez y la Familia, localizado en Tocumen. Un grupo de compañeros y yo fuimos a este lugar a realizar una investigación para un trabajo sobre el tema.
Todos teníamos aprensión al principio, porque nunca habíamos visitado una cárcel antes. Nos recibió la Licda. Ada Romero, que fue muy amable en darnos un recorrido por las instalaciones. Ella nos explicó que a este centro llegan adolescentes menores de edad, a quienes se les acusa de haber cometido alguno de los delitos señalados por la Ley 40 del 26 de agosto de 1999. Estos delitos pueden ser: robo, homicidio, violación, tráfico de drogas, entre otros. Estos jóvenes permanecen encerrados durante dos meses, que es el tiempo estipulado para que se haga la investigación del caso.
Durante todo el tiempo que dura la investigación se les presume inocentes, siempre y cuando se demuestre lo contrario. Cuando finalizan estos dos meses, el acusado es juzgado y se decide si es culpable o inocente del cargo. Si son hallados inocentes se les libera, pero las investigaciones prosiguen; si es hallado culpable, el menor de edad recibe una pena de 3 a 5 años.
No es cierto como muchos dicen por ahí, que se libera a los menores de edad que cometen delitos, sólo por no tener la mayoría de edad. Estos jóvenes sí reciben una pena si se les encuentra culpables de alguno de los delitos ya mencionados y pasan al centro de custodia. Actualmente, el tiempo de dos meses que se usa para la investigación es muy corto, se está negociando para que se reforme la Ley 40 y aumente el tiempo de investigación a un año y medio. Esto tiene sus altas y bajas por supuesto. En el momento del juicio estos menores no reciben la ayuda que verdaderamente necesitan, ya que son defendidos por un abogado de oficio. Muchas personas inocentes son encerradas debido a faltas como éstas que imperan en nuestro sistema judicial y que necesitan ser reformadas.
Mi grupo y yo tuvimos la oportunidad de conocer a los custodios que trabajan en este centro, a los técnicos y hasta conversamos con algunos de los muchachos que se encontraban tras las rejas. Sólo pudimos conocer a los que estaban allí por primera vez; es decir, que se encontraban en el proceso de la investigación por dos meses. La mayoría de ellos estaban acusados de robo. Nosotros al hablarles, tratamos de darles aliento y esperanzas de superación. Con esto queríamos hacerles ver que ellos todavía tienen mucho por delante y que pueden cambiar el rumbo de sus vidas. La licenciada Romero nos informó que varios de los que están encerrados son ya padres de familia y que provienen de hogares que carecen de valores o donde la educación de estos es muy pobre. En ese centro de custodia, encontramos muchachos que tomaron el camino equivocado en sus vidas, pero que son personas iguales a nosotros que siguen los principios del cristianismo y muchos están dispuestos a corregirse y a seguir adelante. Lo que necesitan estos jóvenes es alguien con quien hablar. Me gustaría mucho que más estudiantes se interesaran por este tipo de centros. No sólo los de Derecho, sino también de otras facultades y escuelas.
En Panamá existen muchas personas que desconocen este tipo de lugares y la labor que se lleva a cabo en ellos, es por eso que decidí escribir este pequeño artículo para hacerle conocer a la población panameña lo abandonados que tenemos a la juventud de nuestro país y lo poco que nos preocupamos por ella.
Como estudiantes de Derecho, lo que esta visita hizo para mí y para mis compañeros fue humanizarnos más dentro del concepto de la ley, ya que muchos abogados se encierran dentro del concepto rígido de la ley y la justicia, y no salen de ahí. Pierden la sensibilidad humana. Se olvidan de los sentimientos de su cliente y sólo les importan las acciones, los hechos y el billete que van a recibir cuando finalice el caso. Nosotros le llevamos una pequeña donación, pero no fueron las cosas materiales las que más los beneficiaron, sino nuestras propias palabras. Dejamos una pequeña huella en ellos, pero ellos también dejaron una huella permanente en nosotros que permanecerá en nuestras vidas.
Creo que ya saben por qué materias como cristianismo son importantes en nuestra formación como estudiantes y como personas. Quisiera agradecer a la profesora Manuela Castillero por asignarnos este tipo de trabajo, a la Licda. Ada Romero por habernos recibido en un momento tan difícil y al Licdo. Diomedes Kaa por habernos permitido realizar la visita.
Todos teníamos aprensión al principio, porque nunca habíamos visitado una cárcel antes. Nos recibió la Licda. Ada Romero, que fue muy amable en darnos un recorrido por las instalaciones. Ella nos explicó que a este centro llegan adolescentes menores de edad, a quienes se les acusa de haber cometido alguno de los delitos señalados por la Ley 40 del 26 de agosto de 1999. Estos delitos pueden ser: robo, homicidio, violación, tráfico de drogas, entre otros. Estos jóvenes permanecen encerrados durante dos meses, que es el tiempo estipulado para que se haga la investigación del caso.
Durante todo el tiempo que dura la investigación se les presume inocentes, siempre y cuando se demuestre lo contrario. Cuando finalizan estos dos meses, el acusado es juzgado y se decide si es culpable o inocente del cargo. Si son hallados inocentes se les libera, pero las investigaciones prosiguen; si es hallado culpable, el menor de edad recibe una pena de 3 a 5 años.
No es cierto como muchos dicen por ahí, que se libera a los menores de edad que cometen delitos, sólo por no tener la mayoría de edad. Estos jóvenes sí reciben una pena si se les encuentra culpables de alguno de los delitos ya mencionados y pasan al centro de custodia. Actualmente, el tiempo de dos meses que se usa para la investigación es muy corto, se está negociando para que se reforme la Ley 40 y aumente el tiempo de investigación a un año y medio. Esto tiene sus altas y bajas por supuesto. En el momento del juicio estos menores no reciben la ayuda que verdaderamente necesitan, ya que son defendidos por un abogado de oficio. Muchas personas inocentes son encerradas debido a faltas como éstas que imperan en nuestro sistema judicial y que necesitan ser reformadas.
Mi grupo y yo tuvimos la oportunidad de conocer a los custodios que trabajan en este centro, a los técnicos y hasta conversamos con algunos de los muchachos que se encontraban tras las rejas. Sólo pudimos conocer a los que estaban allí por primera vez; es decir, que se encontraban en el proceso de la investigación por dos meses. La mayoría de ellos estaban acusados de robo. Nosotros al hablarles, tratamos de darles aliento y esperanzas de superación. Con esto queríamos hacerles ver que ellos todavía tienen mucho por delante y que pueden cambiar el rumbo de sus vidas. La licenciada Romero nos informó que varios de los que están encerrados son ya padres de familia y que provienen de hogares que carecen de valores o donde la educación de estos es muy pobre. En ese centro de custodia, encontramos muchachos que tomaron el camino equivocado en sus vidas, pero que son personas iguales a nosotros que siguen los principios del cristianismo y muchos están dispuestos a corregirse y a seguir adelante. Lo que necesitan estos jóvenes es alguien con quien hablar. Me gustaría mucho que más estudiantes se interesaran por este tipo de centros. No sólo los de Derecho, sino también de otras facultades y escuelas.
En Panamá existen muchas personas que desconocen este tipo de lugares y la labor que se lleva a cabo en ellos, es por eso que decidí escribir este pequeño artículo para hacerle conocer a la población panameña lo abandonados que tenemos a la juventud de nuestro país y lo poco que nos preocupamos por ella.
Como estudiantes de Derecho, lo que esta visita hizo para mí y para mis compañeros fue humanizarnos más dentro del concepto de la ley, ya que muchos abogados se encierran dentro del concepto rígido de la ley y la justicia, y no salen de ahí. Pierden la sensibilidad humana. Se olvidan de los sentimientos de su cliente y sólo les importan las acciones, los hechos y el billete que van a recibir cuando finalice el caso. Nosotros le llevamos una pequeña donación, pero no fueron las cosas materiales las que más los beneficiaron, sino nuestras propias palabras. Dejamos una pequeña huella en ellos, pero ellos también dejaron una huella permanente en nosotros que permanecerá en nuestras vidas.
Creo que ya saben por qué materias como cristianismo son importantes en nuestra formación como estudiantes y como personas. Quisiera agradecer a la profesora Manuela Castillero por asignarnos este tipo de trabajo, a la Licda. Ada Romero por habernos recibido en un momento tan difícil y al Licdo. Diomedes Kaa por habernos permitido realizar la visita.