Juventud y Cambio
Quiero desarrollar un tema que he mencionado, muy brevemente, pero en forma insistente, en el programa Actualidad, el cual se transmite todos los domingos en Canal Dos. Y es que es un planteamiento de actualidad y que necesita ser destacado.
La ciudadanía aspira a algo nuevo, distinto a lo que tiene en la actualidad. Pero cuando se habla de novedad, pienso que quienes consideran que esa necesidad se satisface con postular a una figura joven y nueva, se quedan en la superficie. En definitiva, el país necesita, no tanto de figuras nuevas, como de propuestas nuevas, innovadoras, transformadoras.
El debate político se concentra en lo trivial, cuando se pretende plantear que las personas votamos por quienes sean nuestros contemporáneos. Por ejemplo, hay quienes creen y plantean que la juventud panameña votará por Martín por el sencillo hecho de que es más joven que Mireya Moscoso. Me parece que eso es faltarle el respeto a todos aquellos que tenemos entre 18 y 40 años, marco dentro del cual universalmente se ubica a la juventud, pues nos cataloga genéricamente como tarados e incapaces de analizar una propuesta electoral en su contenido. Pero además, es una conclusión apresurada, que parece olvidar que la población lo que quiere es algo nuevo, entendiéndolo como algo diferente a lo que tenemos, no como alguien cronológicamente joven. Me parece que quienes lo entienden de otra manera, tienen una visión cosmética de la realidad política del país, donde lo que interesa es la imagen que se transmite, sin importar la credibilidad y consistencia del mensaje con la realidad.
Tener la condición de ser joven no es una virtud en sí misma. Es, eso sí, un reto. Sin embargo, son otros los factores los que inciden en la capacidad de una persona para gobernar y sobre todo, son otras las circunstancias que nos indican si alguien estará o no en la capacidad de hacer los cambios que promete. Ser joven no es sinónimo de cambio, ni de novedad ni de bondad. Se puede ser octogenario y tener ideas más revolucionarias que muchos jóvenes de secundaria. Como se puede tener treinta años y tener mayor capacidad y madurez que otra de sesenta. Hay ciertas cosas que no vienen con la edad, sino con la personalidad, trayectoria y educación de una persona.
La juventud, sin lugar a dudas, se asocia con el idealismo. Aunque lamentablemente, no todo joven es idealista. La juventud es un atributo, cuando viene acompañada de otras cosas: como lo es la capacidad intelectual, la disposición a aprender, la humildad, la seriedad, la credibilidad y la experiencia. Recalco lo último, porque no por joven es imposible que una persona ya tenga vivencias en el campo en que se desenvuelve, las cuales indiquen sus virtudes y capacidades. Por ejemplo, en el caso del candidato presidencial del P.R.D., se trata de una figura joven , pero no nueva, pues tiene una experiencia de cuatro años como un alto funcionario gubernamental en la administración Pérez Balladares, aunque su gestión haya sido más bien anodina. En este caso, la experiencia recabada no es positiva y más bien es un elemento en contra del candidato, pero sí demuestra que es posible ser joven y tener experiencia.
En conclusión, creo que la juventud va a ser tema central de la campaña electoral que recién se inicia. Aunque palidecerá ante la voluntad de cambio de la gran mayoría del pueblo panameño, que lo que exige es algo diferente, no alguien joven. Sin embargo, considero positivo que hayamos cada vez más jóvenes participando para cargos de elección popular de todo tipo, pero me parece que sería un error de nuestra parte, pensar que la gente debe votar por nosotros porque somos jóvenes y figuras nuevas, sin importar qué proponemos. Tenemos que actuar acordes con nuestra juventud y ser innovadores: hacer las cosas en forma diferente a la tradicional y elaborar propuestas nuevas y serias. Eso es lo que el país requiere y exige de nosotros, los jóvenes panameños.
La ciudadanía aspira a algo nuevo, distinto a lo que tiene en la actualidad. Pero cuando se habla de novedad, pienso que quienes consideran que esa necesidad se satisface con postular a una figura joven y nueva, se quedan en la superficie. En definitiva, el país necesita, no tanto de figuras nuevas, como de propuestas nuevas, innovadoras, transformadoras.
El debate político se concentra en lo trivial, cuando se pretende plantear que las personas votamos por quienes sean nuestros contemporáneos. Por ejemplo, hay quienes creen y plantean que la juventud panameña votará por Martín por el sencillo hecho de que es más joven que Mireya Moscoso. Me parece que eso es faltarle el respeto a todos aquellos que tenemos entre 18 y 40 años, marco dentro del cual universalmente se ubica a la juventud, pues nos cataloga genéricamente como tarados e incapaces de analizar una propuesta electoral en su contenido. Pero además, es una conclusión apresurada, que parece olvidar que la población lo que quiere es algo nuevo, entendiéndolo como algo diferente a lo que tenemos, no como alguien cronológicamente joven. Me parece que quienes lo entienden de otra manera, tienen una visión cosmética de la realidad política del país, donde lo que interesa es la imagen que se transmite, sin importar la credibilidad y consistencia del mensaje con la realidad.
Tener la condición de ser joven no es una virtud en sí misma. Es, eso sí, un reto. Sin embargo, son otros los factores los que inciden en la capacidad de una persona para gobernar y sobre todo, son otras las circunstancias que nos indican si alguien estará o no en la capacidad de hacer los cambios que promete. Ser joven no es sinónimo de cambio, ni de novedad ni de bondad. Se puede ser octogenario y tener ideas más revolucionarias que muchos jóvenes de secundaria. Como se puede tener treinta años y tener mayor capacidad y madurez que otra de sesenta. Hay ciertas cosas que no vienen con la edad, sino con la personalidad, trayectoria y educación de una persona.
La juventud, sin lugar a dudas, se asocia con el idealismo. Aunque lamentablemente, no todo joven es idealista. La juventud es un atributo, cuando viene acompañada de otras cosas: como lo es la capacidad intelectual, la disposición a aprender, la humildad, la seriedad, la credibilidad y la experiencia. Recalco lo último, porque no por joven es imposible que una persona ya tenga vivencias en el campo en que se desenvuelve, las cuales indiquen sus virtudes y capacidades. Por ejemplo, en el caso del candidato presidencial del P.R.D., se trata de una figura joven , pero no nueva, pues tiene una experiencia de cuatro años como un alto funcionario gubernamental en la administración Pérez Balladares, aunque su gestión haya sido más bien anodina. En este caso, la experiencia recabada no es positiva y más bien es un elemento en contra del candidato, pero sí demuestra que es posible ser joven y tener experiencia.
En conclusión, creo que la juventud va a ser tema central de la campaña electoral que recién se inicia. Aunque palidecerá ante la voluntad de cambio de la gran mayoría del pueblo panameño, que lo que exige es algo diferente, no alguien joven. Sin embargo, considero positivo que hayamos cada vez más jóvenes participando para cargos de elección popular de todo tipo, pero me parece que sería un error de nuestra parte, pensar que la gente debe votar por nosotros porque somos jóvenes y figuras nuevas, sin importar qué proponemos. Tenemos que actuar acordes con nuestra juventud y ser innovadores: hacer las cosas en forma diferente a la tradicional y elaborar propuestas nuevas y serias. Eso es lo que el país requiere y exige de nosotros, los jóvenes panameños.